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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
AL CARD. WALTER KASPER,
PRESIDENTE DEL CONSEJO PONTIFICIO PARA LA PROMOCIÓN
DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS,
CON OCASIÓN DE UN SIMPOSIO INTERCRISTIANO

 

Al venerado hermano
cardenal Walter Kasper
presidente del Consejo pontificio
para la promoción
de la unidad de los cristianos

A través de usted, venerado hermano, en calidad de presidente del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, tengo el placer y la alegría de enviar un saludo afectuoso, con mis mejores deseos, a los organizadores y a los participantes en el XI simposio intercristiano, promovido por el Instituto franciscano de espiritualidad de la Pontificia Universidad Antonianum y por la Facultad teológica ortodoxa de la Universidad Aristóteles de Tesalónica, que tendrá lugar en Roma del 3 al 5 de septiembre.

Me alegro ante todo por esta iniciativa de encuentro fraterno y confrontación sobre los aspectos comunes de la espiritualidad, que es linfa benéfica para una relación más amplia entre católicos y ortodoxos. Efectivamente, estos simposios, iniciados en 1992, afrontan temas importantes y constructivos para la comprensión recíproca y la unidad de propósitos. El hecho de que los encuentros se celebren alternativamente en un territorio de mayoría católica u ortodoxa permite además un contacto real con la vida concreta, histórica, cultural y religiosa de nuestras Iglesias.

Este año, en particular, habéis querido organizar el simposio en Roma, ciudad que ofrece a todos los cristianos testimonios indelebles de historia, arqueología, iconografía, hagiografía y espiritualidad. Fuerte estímulo a avanzar hacia la plena comunión es sobre todo la memoria de los Apóstoles Pedro y Pablo, Protòthroni, y de tantos mártires, testigos antiquísimos de la fe. San Clemente Romano escribe de ellos que "sufriendo (...) muchos ultrajes y tormentos, fueron un ejemplo bellísimo para nosotros" (cf.  Carta a los Corintios, VI, 1).

El tema elegido para el próximo encuentro:  "San Agustín en la tradición occidental y oriental" —tema que se pretende desarrollar en colaboración con el Instituto patrístico Augustinianum— resulta muy interesante para profundizar la teología y la espiritualidad cristiana en Occidente y en Oriente, y su desarrollo. El santo de Hipona, un gran Padre de la Iglesia latina, reviste en efecto una importancia fundamental para la teología y para la misma cultura de Occidente, mientras que la recepción de su pensamiento en la teología ortodoxa se ha revelado más bien problemática. Por eso, conocer con objetividad histórica y cordialidad fraterna las riquezas doctrinales y espirituales que constituyen el patrimonio del Oriente y del Occidente cristiano, resulta indispensable no sólo para valorarlas, sino también para promover un aprecio recíproco mayor entre todos los cristianos.
Así pues, manifiesto el cordial deseo de que vuestro simposio sea fructuoso y muy provechoso para descubrir convergencias doctrinales y espirituales útiles para construir juntos la ciudad de Dios, en la que sus hijos puedan vivir en paz y en caridad fraterna, fundadas en la verdad de la fe común. Para tal fin aseguro mi oración, pidiendo al Señor que bendiga a los organizadores y a las instituciones que representan, a los relatores católicos y ortodoxos, y a todos los participantes.

Que la gracia y la paz del Señor estén en vuestro corazón y en vuestra mente.

Castelgandolfo, 28 de agosto de 2009

 

BENEDETTO PP. XVI 

 



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