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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
AL PATRIARCA ECUMÉNICO BARTOLOMÉ I
PARA LA FIESTA DE SAN ANDRÉS

 

A Su Santidad Bartolomé I,
Arzobispo de Constantinopla
Patriarca ecuménico

«Que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe» (Rm 15, 13).

En la comunión de la fe que hemos recibido de los Apóstoles y en la caridad fraterna que nos vincula, me uno de todo corazón a la solemne celebración que Su Santidad preside en la fiesta del apóstol y mártir san Andrés, hermano de Pedro y santo protector del Patriarcado ecuménico, para desear a Su Santidad, a los miembros del Santo Sínodo, al clero y a todos los fieles, una abundancia de dones celestiales y de bendiciones divinas. Mis oraciones, como las de todos los hermanos y hermanas católicos, acompañan a las vuestras para invocar de Dios, nuestro Padre, que ama a su Iglesia y la ha edificado sobre el fundamento de los Apóstoles, la paz en el mundo entero, la prosperidad de la Iglesia y la unidad de todos los que creen en Cristo. La delegación que le he enviado, guiada por mi venerado hermano el cardenal Kurt Koch, a quien he encomendado este mensaje de felicitación, constituye el signo tangible de mi participación y le lleva el saludo fraterno de la Iglesia de Roma.

Conservo aún muy vivo en mi corazón el recuerdo de nuestro último encuentro, cuando fuimos juntos, como peregrinos de la paz, a la ciudad de Asís, para reflexionar sobre la profunda relación que une la búsqueda sincera de Dios y de la verdad a la búsqueda de la paz y de la justicia en el mundo. Doy gracias al Señor que me ha permitido reforzar con Su Santidad los vínculos de amistad sincera y de fraternidad auténtica que nos unen, y dar testimonio al mundo entero de la amplia visión que compartimos en lo que respecta a las responsabilidades a las que estamos llamados como cristianos y pastores del rebaño que Dios nos ha encomendado.

Las circunstancias actuales, sean de orden cultural, social, económico, político o ecológico, proponen a los católicos y a los ortodoxos exactamente el mismo desafío. El anuncio del misterio de la salvación, a través de la muerte y la resurrección de Jesucristo, hoy necesita ser renovado con fuerza en numerosas regiones, que fueron las primeras en acoger la luz y que ahora sufren los efectos de una secularización capaz de empobrecer al hombre en su dimensión más profunda. Ante la urgencia de una tarea semejante, tenemos el deber de ofrecer a toda la humanidad la imagen de personas que han adquirido una madurez en la fe, capaces de reunirse a pesar de las tensiones humanas, gracias a la búsqueda común de la verdad, conscientes de que el futuro de la evangelización depende del testimonio de unidad que la Iglesia da y de la calidad de la caridad, como nos enseña el Señor en la oración que nos dejó: «Que todos sean uno... para que el mundo crea» (Jn 17, 21). Para mí es un motivo de gran consuelo constatar que también Su Santidad, desde que fue llamado al ministerio de arzobispo de Constantinopla y de Patriarca ecuménico, hace veinte años, siempre se ha interesado por la cuestión del testimonio de la Iglesia y de su santidad en el mundo contemporáneo.

Santidad, en el día en que celebramos la fiesta del apóstol Andrés, elevamos una vez más nuestra ferviente súplica al Señor para que nos conceda progresar a lo largo del camino de la paz y de la reconciliación. Que podamos, por la intercesión de san Andrés y de los santos Pedro y Pablo, respectivamente santos patronos de la Iglesia de Constantinopla y de la Iglesia de Roma, recibir el don de la unidad que proviene de lo alto.

Con estos sentimientos de fe, de caridad y de esperanza, le formulo nuevamente, Santidad, mis votos más fervientes e intercambio con usted un abrazo fraterno en Cristo nuestro Señor.

Vaticano, 24 de noviembre de 2011

BENEDICTO XVI

  



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