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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA CAMPAÑA DE FRATERNIDAD EN BRASIL

 

Al venerado hermano
cardenal Raymundo Damasceno Assis
Arzobispo de Aparecida (SP)
y presidente de la Conferencia episcopal de Brasil

Un cordial saludo en Cristo Señor.

De buen grado me uno a la Conferencia episcopal de Brasil que lanza una nueva Campaña de fraternidad con el lema «que la salud se difunda en la tierra» (cf. Eclo 38, 8), con el fin de suscitar, partiendo de una reflexión sobre la realidad de la salud en Brasil, mayor espíritu fraterno y comunitario en la atención a los enfermos y de llevar a la sociedad a garantizar a más personas el derecho a tener acceso a los medios necesarios para una vida sana.

A los cristianos, de modo especial, el lema bíblico recuerda que la salud va mucho más allá de un simple bienestar físico. En el episodio de la curación de un paralítico (cf. Mt 9, 2-8), Jesús, antes de hacer que volviera a caminar, le perdona los pecados, enseñando que la curación perfecta es el perdón de los pecados y que la salud por excelencia es la del alma, pues «¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?» (Mt 16, 26). De hecho, las palabras salud y salvación tienen su origen en el mismo término latino salus y por eso en los Evangelios vemos la acción del Salvador de la humanidad asociada a varias curaciones: «Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo» (Mt 4, 23).

Que esta Campaña, con su ejemplo ante los ojos, según el verdadero espíritu cuaresmal, inspire en el corazón de los fieles y de las personas de buena voluntad una solidaridad cada vez más profunda con los enfermos, que muchas veces sufren más por la soledad y el abandono que por la enfermedad, recordando que Jesús mismo quiso identificarse con ellos: estaba «enfermo y me visitasteis» (Mt 25, 36). Que al mismo tiempo les ayude a descubrir que, si por una parte la enfermedad es una prueba dolorosa, por otra puede ser, en unión con Cristo crucificado y resucitado, una participación en el misterio de su sufrimiento por la salvación del mundo. Dado que, «ofreciendo nuestro dolor a Dios por medio de Cristo, podemos colaborar en la victoria del bien sobre el mal, porque Dios hace fecundo nuestro ofrecimiento, nuestro acto de amor» (Discurso del Santo Padre durante el encuentro con los enfermos, Turín, 2 de mayo de 2010: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 9 de mayo de 2010, p. 10).

Así pues, uniéndome a esta iniciativa de la Conferencia episcopal de Brasil y haciendo mías las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de cada uno, saludo fraternamente a cuantos participan, física o espiritualmente, en la Campaña de «Fraternidad y salud pública», invocando, con la intercesión de Nuestra Señora Aparecida, para todos, y de modo especial para los enfermos, el consuelo y la fuerza de Dios en el cumplimiento del deber del propio estado, individual, familiar y social, fuente de salud y de progreso de Brasil, haciéndolo fértil en la santidad, próspero en la economía, justo en la participación en las riquezas, alegre en el servicio público, ecuánime en el poder y fraterno en el desarrollo. Y para confirmar a todos en estos buenos propósitos, envío una propiciadora bendición apostólica.

Vaticano, 11 de febrero de 2012

BENEDICTO PP. XVI

 



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