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VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS CATÓLICOS DE FRANCIA CON MOTIVO
DEL 50º ANIVERSARIO DE LA APERTURA DEL CONCILIO VATICANO II

 

Queridos hermanos y hermanas de Francia:

Es una gran alegría para mí poder dirigir mi cordial saludo a vosotros, que habéis acudido a Lourdes en gran número, respondiendo a la llamada de vuestros obispos, para celebrar el quincuagésimo aniversario de la apertura del concilio Vaticano II. Me uno a vosotros con la oración y con el corazón en el camino de fe que realizáis ante la gruta de Massabielle. El concilio Vaticano II fue y es un signo auténtico de Dios para nuestro tiempo. Si sabemos leerlo y acogerlo dentro de la Tradición de la Iglesia y bajo la guía segura del Magisterio, se transformará cada vez más en una gran fuerza para el futuro de la Iglesia. También deseo vivamente que este aniversario sea para vosotros y para toda la Iglesia que está en Francia ocasión para una renovación espiritual y pastoral. En efecto, de esta manera se nos da la oportunidad de conocer mejor los textos que los padres conciliares nos dejaron en herencia y que no han perdido nada de su valor, con el fin de asimilarlos y de hacer que den frutos para el presente.

Esta renovación, que se sitúa en la continuidad, asume múltiples formas y el Año de la fe, que he querido proponer a toda la Iglesia en esta ocasión, debe ayudar a que nuestra fe sea más consciente y a reavivar nuestra adhesión al Evangelio. Esto requiere una apertura cada vez mayor a la persona de Cristo, especialmente recuperando el gusto de la Palabra de Dios, para realizar una conversión profunda de nuestro corazón y recorrer los caminos del mundo proclamando el Evangelio de la esperanza a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo, en un diálogo respetuoso hacia todos. Que este tiempo de gracia permita además consolidar la comunión en el seno de esta gran familia que es la Iglesia católica y contribuya a restaurar la unidad entre todos los cristianos, que fue uno de los principales objetivos del Concilio.

La renovación de la Iglesia pasa también por el testimonio que dan los cristianos mismos con su vida, para que resplandezca la Palabra de verdad que el Señor nos dejó. Queridos amigos, frecuentando a los testigos de la fe, como santa Bernardita, la humilde vidente de Lourdes, Paulina Jaricot que suscitó en la Iglesia un nuevo impulso misionero, y tantos otros, nacidos en Francia, creceréis en el conocimiento de Cristo. A través del servicio a Dios y a sus hermanos, estos hombres y estas mujeres nos demuestran que la fe es un acto personal y comunitario, que implica también un testimonio y un compromiso públicos que no podemos desatender. Santa Juana de Arco, de cuyo nacimiento celebramos este año el sexto centenario, es un ejemplo luminoso de esto, ella que quiso llevar el Evangelio al centro de las realidades más dramáticas de la historia y de la Iglesia de su tiempo.

Redescubrir la alegría de creer y el entusiasmo de comunicar la fuerza y la belleza de la fe es un reto fundamental de la nueva evangelización, a la que está llamada toda la Iglesia. Poneos en camino sin miedo, para llevar a los hombres y a las mujeres de vuestro país hacia la amistad con Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, que la Virgen Inmaculada, Nuestra Señora de Lourdes, la cual desempeñó un papel tan importante en el misterio de la salvación, sea también para vosotros una luz en el camino que lleva hacia Cristo, y que os ayude a crecer en la fe. A todos vosotros, obispos y fieles, peregrinos de Lourdes, y a vosotros, hermanos y hermanas de Francia que estáis unidos a nosotros a través de la radio o la televisión, os imparto de todo corazón una afectuosa bendición apostólica.

 



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