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DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS PARTICIPANTES EN EL CONGRESO MUNDIAL DE PASTORAL
PARA LOS ESTUDIANTES INTERNACIONALES


 Sala del Consistorio
Viernes 2 de diciembre de 2011

 

Señores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos estudiantes,
queridos hermanos y hermanas:

Me alegra acogeros con ocasión del III Congreso mundial de pastoral para los estudiantes internacionales, organizado por el Consejo pontificio para la pastoral de los emigrantes e itinerantes. Saludo y agradezco al presidente, monseñor Antonio Maria Vegliò, las palabras con las que ha introducido este encuentro. Saludo también a los superiores y a los oficiales del dicasterio y a cada uno de vosotros, que habéis venido de varias partes del mundo, sobre todo de los países con mayor afluencia de estudiantes internacionales. Deseo expresaros mi aprecio por el compromiso asumido para que las jóvenes generaciones encuentren orientación y apoyo para perfeccionar su formación, afrontando los desafíos del mundo gobalizado y secularizado. Dirijo un saludo en particular a los estudiantes universitarios aquí presentes, con el deseo de que, después de ser destinatarios de esta especial atención pastoral, se conviertan a su vez en protagonistas de la misión de la Iglesia.

Observo con gran interés el tema que habéis elegido para el Congreso: «Estudiantes internacionales y encuentro de las culturas». El encuentro de las culturas es una realidad fundamental en nuestra época y para el futuro de la humanidad y de la Iglesia. El hombre y la mujer no pueden alcanzar un nivel de vida verdadera y plenamente humano si no es precisamente mediante la cultura (cf. Gaudium et spes, 53); y la Iglesia está atenta a la centralidad de la persona humana sea como artífice de la actividad cultural sea como su último destinatario. Hoy, más que nunca, la apertura recíproca entre las culturas es terreno privilegiado para el diálogo entre quienes están comprometidos en la búsqueda de un auténtico humanismo. El encuentro de las culturas en el ámbito universitario debe ser, por tanto, animado y apoyado, teniendo como base los principios humanos y cristianos, los valores universales, para que ayude a hacer que crezca una nueva generación capaz de diálogo y discernimiento, comprometida a difundir el respeto y la colaboración con vistas a la paz y el desarrollo. Los estudiantes internacionales, de hecho, pueden convertirse, con su formación intelectual, cultural y espiritual, en artífices y protagonistas de un mundo con un rostro más humano. Deseo vivamente que haya buenos programas a nivel continental y mundial para ofrecer a muchos jóvenes esta oportunidad.

A causa de la carencia de formación cualificada y de estructuras adecuadas en la propia tierra, como también debido a las tensiones sociales y políticas y, gracias a los apoyos económicos para el estudio en el extranjero, los estudiantes internacionales son una realidad en aumento dentro del gran fenómeno migratorio. Es importante, por tanto, ofrecerles una sana y equilibrada preparación intelectual, cultural y espiritual, para que no sean presa de la «fuga de cerebros», sino que formen una categoría social y culturalmente importante con vistas a su regreso como futuros responsables en los países de origen, y contribuyan a construir «puentes» culturales, sociales y espirituales con los países de acogida. Las universidades y las instituciones católicas de educación superior están llamadas a ser «laboratorios de humanidad», ofreciendo programas y cursos que estimulen a los jóvenes estudiantes no sólo en la búsqueda de una cualificación profesional, sino también de la respuesta a la demanda de felicidad, de sentido y de plenitud, que anida en el corazón del hombre.

El mundo universitario es para la Iglesia un campo privilegiado para la evangelización. Como destaqué en el Mensaje para la Jornada mundial del emigrante y del refugiado del año próximo, los ateneos de inspiración cristiana, cuando se mantienen fieles a su identidad, se convierten en lugares de testimonio, donde se puede encontrar y conocer a Jesucristo, donde se puede experimentar su presencia, que reconcilia, tranquiliza e infunde una nueva esperanza. La difusión de ideologías «débiles» en los diversos campos de la sociedad estimula a los cristianos a un nuevo impulso en el ámbito intelectual, con el fin de animar a las generaciones jóvenes a la búsqueda y el descubrimiento de la verdad sobre el hombre y sobre Dios. La vida del beato John Henry Newman, tan vinculada al contexto académico, confirma la importancia y la belleza de promover un ambiente educativo en el que van de la mano la formación intelectual, la dimensión ética y el compromiso religioso. La pastoral universitaria, por tanto, se ofrece a los jóvenes como apoyo para que la comunión con Cristo los lleve a percibir el misterio más profundo del hombre y de la historia. Además, el encuentro entre los universitarios ayuda a descubrir y a valorar el tesoro escondido en cada estudiante internacional, considerando su presencia como un factor de enriquecimiento humano, cultural y espiritual. Los jóvenes cristianos, que provienen de culturas distintas pero pertenecen a la única Iglesia de Cristo, pueden mostrar que el Evangelio es Palabra de esperanza y de salvación para los hombres de todos los pueblos y de todas las culturas, de todas las edades y de todas las épocas, como reafirmé también en mi reciente Exhortación apostólica postsinodal Africae munus (nn. 134.138).

Queridos jóvenes estudiantes, os animo a aprovechar el tiempo de vuestros estudios para crecer en el conocimiento y en el amor a Cristo, mientras recorréis vuestro itinerario de formación intelectual y cultural. Conservando vuestro patrimonio de sabiduría y de fe, en la experiencia de vuestra formación cultural en el extranjero podréis tener una valiosa oportunidad de universalidad, de fraternidad y también de comunicación del Evangelio. Os deseo todo bien en los trabajos de vuestro congreso y os aseguro mi oración. Encomiendo a María, Madre de Jesús, el compromiso y los generosos propósitos de quienes cuidan de los emigrantes, en particular de los estudiantes internacionales, y de corazón os imparto a todos la bendición apostólica.

 



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