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DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS NUEVOS ARZOBISPOS METROPOLITANOS


Aula Pablo VI
Sábado 30 de junio

 

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra daros mi cordial bienvenida a todos vosotros, que habéis acompañado a Roma, junto a las tumbas de los Apóstoles, a los arzobispos metropolitanos, a los que tuve la dicha de imponer el palio ayer en la basílica vaticana, durante una solemne celebración, en la que hicimos memoria de San Pedro y San Pablo Apóstoles. En este encuentro queremos prolongar el clima de profunda comunión eclesial que vivimos ayer. De hecho, la presencia de los arzobispos metropolitanos, que provienen de diferentes partes del mundo, manifiesta de manera visible la universalidad de la Iglesia, llamada a dar a conocer a Cristo y anunciar el Evangelio en todos los continentes y en las diferentes lenguas.

Os saludo con afecto a cada uno de vosotros, venerados y apreciados hermanos arzobispos metropolitanos, y con vosotros saludo a vuestros familiares, amigos y fieles encomendados a vuestra solicitud pastoral, que os acompañan en estos días tan significativos. Asimismo, envío un saludo cordial también a vuestras diócesis de procedencia.

Dirijo mi pensamiento en primer lugar a vosotros, queridos pastores de la Iglesia que está en Italia. Lo saludo a usted, monseñor Francesco Moraglia, patriarca de Venecia; lo saludo a usted, monseñor Filippo Santoro, arzobispo de Tarento —tiene una gran familia de amigos, como se ve—; y a usted, monseñor Arrigo Miglio, arzobispo de Cagliari. Os aseguro mi constante oración, para que desempeñéis con alegría y fidelidad vuestro ministerio episcopal, para edificar en la caridad a vuestras comunidades diocesanas, sosteniéndolas en el testimonio de la fe y ayudándolas a evidenciar cada vez más el renovado entusiasmo del encuentro con la persona de Cristo.

Me alegra dar la bienvenida a los peregrinos de lengua francesa, que han venido para acompañar a los nuevos arzobispos metropolitanos a los que tuve la alegría de imponer el palio. Saludo muy cordialmente a monseñor Luc Cyr, arzobispo de Sherbrooke; a monseñor Paul-André Durocher, arzobispo de Gatineau; a monseñor Pascal Wintzer, arzobispo de Poitiers; y a monseñor Christian Lépine, arzobispo de Montreal. El palio es el símbolo de la unidad que vincula a los pastores de las Iglesias particulares con el Sucesor de Pedro, Obispo de Roma. Recuerda también a los pastores su responsabilidad de ser ejemplares y celosos, llenos de amor a todos, para guiar al pueblo de Dios encomendado a su solicitud pastoral. De corazón imparto a todos los sacerdotes y a los fieles de vuestras archidiócesis la bendición apostólica, en prenda de paz y de alegría en el Señor.

Saludo cordialmente a los arzobispos metropolitanos de lengua inglesa a los que ayer impuse el palio. De Estados Unidos: arzobispo Charles Chaput, de Filadelfia; arzobispo William Skurla, de Pittsburgh; arzobispo William Lori, de Baltimore; y arzobispo Samuel Aquila, de Denver. De Papúa Nueva Guinea: arzobispo Francesco Panfilo, de Rabaul. De Filipinas: arzobispo Luis Tagle, de Manila; arzobispo Jose Advincula de Capiz; arzobispo Romulo Valles, de Davao; arzobispo John Du, de Palo. De Bangladesh: arzobispo Patrick D’Rozario, de Daca. De las Antillas: arzobispo Joseph Harris, de Puerto España. De Zambia: arzobispo Ignatius Chama, de Kasama. De la India: arzobispo John Moolachira, de Guwahati; arzobispo Thomas D’Souza, de Calcuta. De Pakistán: arzobispo Joseph Coutts, de Karachi. De Australia: arzobispo Timothy Costelloe, de Perth; arzobispo Mark Coleridge, de Brisbane. De Corea: arzobispo Andrew Yeom Soo Jung, de Seúl. De Nigeria: arzobispo Alfred Martins, de Lagos.

También doy la bienvenida a sus familiares, amigos y fieles de sus respectivas archidiócesis, que han venido a Roma para orar con ellos y para compartir su alegría.

Con alegría saludo a la delegación y a los huéspedes provenientes de Berlín, así como a los peregrinos de Alemania, que han acompañado al cardenal Rainer Maria Woelki a Roma para recibir el palio. Sed bienvenidos todos. El palio hace visible de modo particular la fuerte unión de los arzobispos metropolitanos y sus provincias eclesiásticas con el Papa y con la Sede de Pedro. Al mismo tiempo recuerda la misión de seguir —como Cristo— a la oveja perdida, llevarla sobre sus hombros, devolverla al rebaño y cuidar de ella. En este sentido el palio es signo del cuidado y de la responsabilidad que tienen los pastores respecto de sus rebaños. Precisamente por esta responsabilidad común debemos desarrollar y mantener la unidad. Dad también vosotros vuestra contribución, mediante vuestra oración, para promover y consolidar la unión de la Iglesia. De corazón os imparto a todos mi bendición.

Con ocasión de la imposición del palio, saludo cordialmente al arzobispo de Guadalajara, cardenal Francisco Robles Ortega; al de Tucumán, monseñor Alfredo Horacio Zecca; al de Los Altos-Quetzaltenango-Totonicapán, monseñor Mario Alberto Molina Palma; al de Ayacucho o Huamanga, monseñor Salvador Piñeiro García-Calderón; al de Ciudad Bolívar, monseñor Ulises Antonio Gutiérrez Reyes; y al de San Luis Potosí, monseñor Jesús Carlos Cabrero Romero, así como a quienes los arropan con su oración y afecto en esta significativa circunstancia. Pongo a todos bajo la fiel custodia de san Pedro y san Pablo, para que se incremente cada vez más la cercanía espiritual y los vínculos de comunión de vuestras Iglesias particulares con la Sede apostólica, y así se intensifique entre vosotros el anuncio del Evangelio. Que Dios os bendiga.

Saludo con alegría a los arzobispos brasileños, monseñor Wilson Jönck, de Florianópolis; monseñor José Francisco Dias, de Niteroi; monseñor Esmeraldo de Farias, de Porto Velho; monseñor Jaime Rocha, de Natal; monseñor Airton dos Santos, de Campinas; monseñor Jacinto de Brito Sobrinho, de Teresina; y monseñor Paulo Peixoto, de Uberaba; y también al arzobispo de Malanje en Angola, monseñor Benedito Roberto, que ayer recibieron el palio, signo de particular comunión con el Sucesor de Pedro. Queridos arzobispos, sed para vuestro pueblo un signo de Cristo, Buen Pastor, que guía a sus ovejas. Doy también la bienvenida a los sacerdotes, religiosos y fieles que os acompañan, pidiéndoles que recen por sus arzobispos para que no les falten las fuerzas en el cumplimiento de su misión. Y, como prenda de alegría y de paz en el Señor, os imparto a vosotros, aquí presentes, y a vuestras comunidades archidiocesanas mi bendición apostólica.

Saludo cordialmente a los arzobispos metropolitanos de Polonia que ayer recibieron el palio: Stanisław Budzik, de Lublin; Wiktor Skworc, de Katowice; y Wacław Depo, de Częstochowa. Con ellos saludo a los fieles que comparten su alegría, especialmente a los representantes de sus metrópolis, a todos sus seres queridos, y a quienes los sostienen con la oración. El palio es signo de unión particular con Cristo y de comunión con el Sucesor de Pedro. Que esa comunión impregne los corazones de los fieles de todas las metrópolis. Encomiendo este deseo a Dios en mis oraciones y os bendigo a todos de corazón. ¡Alabado sea Jesucristo!

Queridos hermanos y hermanas, llevad a vuestras comunidades la experiencia de intensa espiritualidad y de auténtica unidad evangélica de estos días, para que toque el corazón de los creyentes y se refleje en toda la sociedad, dejando huellas de bien. Que la intercesión de la celestial Madre de Dios y de los Apóstoles san Pedro y san Pablo obtengan al pueblo cristiano la capacidad de hacer resplandecer en el mundo, a través del tenaz y límpido testimonio de cada uno, la palabra de verdad que el Señor Jesús nos ha dejado como don. Con estos sentimientos, os imparto de corazón la bendición apostólica.

 

 

  



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