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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Que el Señor cambie el corazón de los crueles

Jueves 8 de enero de 2015

 

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 3, viernes 16 de enero de 2015

 

En sufragio de las víctimas del cruel atentado terrorista que tuvo lugar en París el Papa Francisco celebró el jueves 8 de enero, por la mañana, la misa en la capilla de la Casa Santa Marta. Lo dijo él mismo al inicio del rito, manifestando todo su dolor por este feroz y vil acto, expresando una especial cercanía a los familiares de las personas asesinadas o heridas y rezando para que el Señor cambie el corazón de los terroristas. «El atentado de ayer en París —afirmó el Pontífice— nos hace pensar en tanta crueldad, crueldad humana; en tanto terrorismo, ya sea el terrorismo aislado como el terrorismo de Estado. La crueldad de la que es capaz el hombre. Recemos, en esta misa, por las víctimas de esta crueldad. ¡Muchas! Y pidamos también por los crueles, para que el Señor cambie su corazón».

En estos días, destacó luego el Papa en la homilía, «la palabra clave en la liturgia y en la Iglesia es “manifestación”: el Hijo de Dios se manifestó en la fiesta de la Epifanía a los gentiles; en el Bautismo, cuando desciende sobre Él el Espíritu Santo; en las bodas de Caná, cuando hace el milagro del agua que se convierte en vino».

Precisamente «estos son los tres signos —explicó— que la liturgia presenta en estos días para hablarnos de la manifestación de Dios: Dios se da a conocer». Pero «la pregunta es esta: ¿cómo podemos conocer a Dios?». Y así —afirmó el Papa Francisco refiriéndose a la primera lectura del día (1 Juan 4, 7-10)— nos encontramos inmediatamente ante «el tema que toma el apóstol Juan en la primera Carta: el conocimiento de Dios». Por lo tanto, «¿qué es conocer a Dios? ¿Cómo se puede conocer a Dios?».

A estas preguntas, dijo el Papa Francisco, «una primera respuesta sería: se puede conocer a Dios con la razón». ¿Pero de verdad «puedo conocer a Dios con la razón? En parte sí». En efecto, «con mi inteligencia, razonando, mirando las cosas del mundo, se puede primero comprender que hay un Dios, y la existencia de Dios se puede comprender en algunos rasgos de la personalidad de Dios». Pero, precisó el Papa, «esto es insuficiente para conocer a Dios», en cuanto que «a Dios se le conoce totalmente en el encuentro con Él, y para el encuentro la razón sola no basta, se necesita algo más: la razón te ayuda a llegar hasta cierto punto».

En su carta «Juan dice claramente quién es Dios: Dios es amor». Por eso «sólo por el camino del amor puedes conocer a Dios». Cierto, añadió el Papa Francisco, «amor razonable, acompañado por la razón, pero amor». Tal vez, en este punto, nos podríamos preguntar: «¿pero cómo puedo amar lo que no conozco?». La respuesta es clara: «Ama a los que tienes cerca». Precisamente «esta es la doctrina de dos mandamientos: el más importante es amar a Dios, porque Él es amor». El segundo, en cambio, «es amar al prójimo, pero, para llegar al primero, debemos subir por los escalones del segundo». En una palabra, explicó el Papa, «a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios, que es amor», y «sólo amando razonablemente, pero amando, podemos llegar a ese amor».

Francisco quiso luego repetir las palabras escritas por san Juan: «Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios». Pero, recordó, «tú no puedes amar si Dios no te mete el amor dentro, si no te genera este amor», porque «quien ama conoce a Dios». En cambio, escribe san Juan, «quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor». Pero, puso en guardia el Papa, aquí no se trata de «amor de telenovela». Es más bien un «amor sólido, fuerte», un «amor eterno que se manifiesta —la palabra de estos días es “manifestación”— en su Hijo que vino para salvarnos». Por lo tanto es un «amor concreto, un amor de obras y no de palabras». He aquí, entonces, que «para conocer a Dios se requiere toda una vida: un camino, un camino de amor, de conocimiento, de amor al prójimo, de amor a quienes nos odian, de amor a todos».

Es Jesús mismo, observó el Papa, quien «nos dio el ejemplo de amor». Y precisamente «en esto está el amor: no hemos sido nosotros los primeros en amar a Dios, sino que ha sido Él quien nos ha amado y ha mandado a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados». Por eso «en la persona de Jesús podemos contemplar el amor de Dios». Y, «haciendo lo que Jesús nos ha enseñado sobre el amor al prójimo, llegamos —paso a paso— al amor de Dios, al conocimiento de Dios que es amor».

El Papa destacó que el apóstol Juan, en su carta, «va un poco más allá» cuando afirma que «en esto consiste el amor». Es decir, «no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero: Dios nos precede en el amor». En efecto, destacó el Papa Francisco, «cuando yo encuentro a Dios en la oración, siento que Dios me amaba antes de que yo comenzase a buscarlo». Sí, «Él siempre primero, Él nos espera, Él nos llama». Y «cuando nosotros llegamos, Él está allí».

Luego el Papa hizo referencia a otro pasaje de la Escritura (Jeremías 1, 11-12), citándolo literalmente: «Qué hermoso lo que dice Dios a Jeremías: “¿Qué ves, Jeremías? — Veo una rama de almendro, Señor. El Señor me dijo: —Bien visto, porque yo velo para cumplir mi Palabra”». Y «la flor de almendro —explicó el Papa Francisco— es la primera que florece en la primavera, la primera». Esto significa que «el Señor está allí, vigilante», es siempre «el primero como el almendro, nos ama el primero». Y también nosotros, aseguró el Papa, «tendremos siempre esta sorpresa: cuando nos acercamos a Dios a través de las obras de caridad, a través de la oración, en la comunión, en la Palabra de Dios, encontramos que Él está allí, el primero, esperándonos, así nos ama». Y precisamente «como la flor del almendro, es el primero». En realidad, destacó el Papa Francisco, «ese versículo de Jeremías nos dice mucho».

En la misma línea se sitúa también el episodio presentado por el pasaje del Evangelio de Marcos (6, 34-44) propuesto por la liturgia. «Primero dice que Jesús tuvo compasión de mucha gente, es el amor de Jesús: vio mucha gente, como ovejas que no tenían pastor, desorientadas». Pero también hoy, recordó el Papa Francisco, hay «mucha gente desorientada en nuestras ciudades, en nuestros países: mucha gente». Cuando «Jesús vio a esta gente desorientada se conmovió: comenzó a enseñarles la doctrina, las cosas de Dios y la gente le prestaba atención, lo escuchaba muy bien porque el Señor hablaba bien, hablaba al corazón».

Luego, relata san Marcos en su Evangelio, Jesús, al darse cuenta de que cinco mil personas ni siquiera habían comido, pidió a los discípulos que se ocupasen de ello. Así, pues, es Cristo quien «va, el primero, al encuentro de la gente». Por su parte, tal vez, «los discípulos se pusieron un poco nerviosos, sintieron fastidio y su respuesta es fuerte: ¿tenemos que ir a comprar 200 denarios de pan y darles de comer?». Así, si «el amor de Dios era el primero, los discípulos no habían entendido nada». Pero es precisamente «así el amor de Dios: siempre nos espera, siempre nos sorprende». Es «el Padre, nuestro Padre que nos ama mucho, quien siempre está dispuesto a perdonarnos, siempre». Y no una vez» sino «setenta veces siete: siempre». Precisamente «como un Padre lleno de amor». Así, «para conocer a este Dios que es amor debemos subir por la escalera del amor al prójimo, de las obras de caridad, de las obras de misericordia que el Señor nos enseñó».

El Papa Francisco concluyó pidiendo «que el Señor, en estos días en los que la Iglesia nos hace pensar en la manifestación de Dios, nos dé la gracia de conocerlo por el camino del amor».

 



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