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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Como un padre con el hijo

Martes, 27 de febrero de 2018

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 9, viernes 2 de marzo de 2018.

 

«Un café» con el Señor y después, con «el recibo del perdón», adelante «en el camino de conversión». Con la conciencia de que el Señor nos llama de todas las formas para encontrarlo, el Papa Francisco indicó —en la misa celebrada el martes 27 de febrero en Santa Marta— la imagen del padre que tiene que lidiar con las «chiquilladas del hijo adolescente» pero le da «confianza» para que no lo repita.

«El Señor no se cansa de llamarnos a la conversión, a cambiar vida» recordó el Papa. Y «todos debemos cambiar de vida: todos necesitamos convertirnos siempre, dar un paso adelante en la camino del encuentro con Jesús». La Cuaresma «nos ayuda a esto, a la conversión, a cambiar de vida». Pero «esta —explicó Francisco— es una gracia que pedimos al Señor porque, como hemos rezado en la oración colecta, la Iglesia no puede sostenerse sin el Señor: es Él quien nos da la gracia».

«El Señor —hizo presente el Pontífice— nos reprende muchas veces, de distintas maneras, nos advierte, nos hace ver el pecado que es tan feo». Pero «el Señor cambia la manera de hacernos ver la maldad del pecado y con esto nos ayuda a la conversión».

Precisamente en la liturgia del día, relanzó el Papa refiriéndose al pasaje del profeta Isaías (1, 10.16-20), «hemos escuchado en la primera lectura una llamada a la conversión, pero es una llamada en un estilo especial: no amenaza, allí, el Señor», sino que «llama con dulzura, dando confianza».

«Después de haber dicho las cosas que se debían hacer y no se debían hacer —recordó Francisco— el Señor dice: “Ven, arriba: venid y discutamos. Hablemos un poco”». El Señor, por tanto, «no nos asusta, es como el padre del hijo adolescente que ha hecho una chiquillada y debe regañarlo y sabe que si va con el bastón la cosa no irá bien, debe ir con la confianza».

Por tanto, prosiguió el Pontífice, «el Señor en este pasaje nos llama así: “Arriba, venid, tomemos un café juntos, hablemos, discutamos, no tengas miedo, no quiero hacerte daño”». Y «si como sabe que el hijo piensa: “pero yo he hecho cosas...”, enseguida» añade: «Aunque tus pecados fueran como escarlata, se volverán blancos como la nieve. Si fueran rojos como púrpura, se volverán como lana». En resumen, «el Señor da confianza, como el padre da confianza al hijo adolescente».

Francisco hizo notar que «muchas veces el Señor nos llama así». E hizo referencia a un episodio evangélico, cuando Jesús dice: «¡Tú, Zaqueo, baja! Baja, ven conmigo, vamos a comer juntos!». Y en esa ocasión, afirmó el Papa, «Zaqueo llama a toda la cordada de sus amigos —¡que no eran precisamente de Acción Católica!— pero llama a todos y escuchan al Señor». Precisamente «con ese gesto de confianza el Señor se acerca al perdón y cambia el corazón».

El mismo sistema utilizó Jesús con Mateo, diciéndole: «Debo ir a tu casa». Es así como «el Señor siempre busca la manera»; sin embargo «otras veces advierte: “no, malditos, vosotros que no habéis hecho esto, esto...”». Es una advertencia «fuerte», explicó el Pontífice, «pero también en nuestra vida el Señor toma esta actitud de padre con hijo adolescente, tratando de hacerle ver con la persuasión que debe dar un paso adelante: dar un paso adelante en el camino de la conversión».

«Agradecemos al Señor por su bondad», relanzó Francisco, explicando que «él no quiere hacernos daño ni condenarnos: dio su vida por nosotros y esta es su bondad y siempre busca el modo de llegar al corazón». Por esa razón, afirmó «cuando nosotros sacerdotes, en el lugar del Señor, debemos escuchar las conversiones, también nosotros debemos tener esta actitud de bondad, como dice el Señor: “Venid, discutamos, no hay problema, el perdón existe”». Y «no la amenaza, desde el principio».

Al respecto el Papa confió haberse «quedado conmovido hace algunos días cuando un cardenal que confiesa varias veces a la semana, por la tarde aquí en el Santo Espíritu en Sassia —hace dos horas de confesión, cada día— me contó cómo es su actitud: “Cuando yo veo a una persona a la que le cuesta decir algo, que se ve que es grande, grande y yo entiendo inmediatamente qué es, digo: he entendido, he entendido, está bien, ¿otra cosa?”». Y este comportamiento, hizo presente Francisco, «abre el corazón y la otra persona se siente en paz y va adelante y continúa el diálogo».

Pero esto es también lo que hace «el Señor con nosotros: “Venid, discutamos, hablemos; toma el recibo del perdón, el perdón existe; ahora hablemos un poco para que tú no hagas otra chiquillada después”».

«A mí me ayuda ver este comportamiento del Señor: el padre con el hijo que se cree grande, que se cree crecido y todavía está a mitad de camino», añadió el Pontífice. Y «el Señor sabe que todos nosotros estamos a mitad de camino y tantas veces necesitamos esto, sentir esta palabra: “Ven, no te asustes, ven, el perdón existe”». Esto, concluyó, «nos alienta: ir al Señor con el corazón abierto, es el padre que nos espera».

 



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