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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Rezar por los políticos

Lunes, 16 de septiembre de 2019

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 38, viernes 20 de septiembre de 2019

 

Cuando se habla de política, ¿cuántas veces las únicas expresiones que se oyen son «adulaciones» o «insultos»? Esta parece ser la costumbre. ¿Y si en cambio considerásemos la oportunidad, el sentido profundo, el deber de «orar por los gobernantes» y «por los políticos»? En la primera misa celebrada en Santa Marta después del descanso estival, en la mañana del lunes 16 de septiembre, el Papa Francisco siguió la pista de la liturgia de la Palabra para detenerse en un aspecto muy concreto de la vida cotidiana e invitó a estar cristianamente cerca, con la oración, de los llamados a trabajar en lo que Pablo VI consideraba «la más alta forma de caridad», la política.

El punto de partida para la reflexión del Papa fue el pasaje de la primera carta de Pablo a Timoteo (2, 1-8), en la que el apóstol «pide a todo el pueblo de Dios que ore». Ante todo es una «petición universal», genérica —«Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracia por todos los hombres»— a la que se añaden detalles: «por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible, con toda piedad y dignidad». Y concluye: «Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones».

Pablo, explicó el Papa, «acentúa un poco el ambiente de la persona creyente: la oración». Es una oración de intercesión en la que hay que tener en consideración un inciso: «por los reyes y por todos los constituidos en autoridad». Es, pues, una «oración por los gobernantes, por los políticos», por todos aquellos que dirigen una institución política o una administración nacional o local.

A este respecto, Francisco fotografió inmediatamente la realidad de la sociedad actual: «A veces siento compasión por los gobernantes, porque lo que reciben son adulaciones de sus favoritos o insultos. También los políticos son insultados». Es cierto, dijo, que a veces «alguien se lo merece», así como, añadió, algunos «sacerdotes y obispos» también «se lo merecen». Pero el hecho es que esta actitud aparece ahora como un «hábito»: este es el «rosario de insultos y palabrotas, de descalificaciones...» que acompaña a los políticos.

De ahí la pregunta que también suena como una provocación: ¿pero a aquel que tiene la responsabilidad del gobierno nacional o local «lo dejamos solo, sin pedirle a Dios que lo bendiga»?

La Escritura, en cambio, dijo el Pontífice, habla con claridad: orad «por los reyes y por todos los constituidos en autoridad». ¿Y por qué? «para que podamos vivir una vida tranquila y apacible, con toda piedad y dignidad». Así que: «Recen por cada uno de ellos, para que puedan llevar adelante una vida tranquila, apacible y digna en su pueblo».

Casi siempre se hace caso omiso de esta exhortación: «Estoy seguro —comentó el Papa— de que no hay oración por los gobernantes. Sí, se les insulta, sí, eso sí. Parece que la oración a los gobernantes es insultarlos porque “no me gusta lo que hacen”, porque “son corruptos”». Y, con respecto a ciertos hábitos, añadió una anotación ligada a la estricta actualidad: «Hace poco tiempo —y les hago una pregunta a todos ustedes, que son todos italianos— tuvimos una crisis gubernamental: ¿quién de nosotros rezó por los gobernantes? ¿Quién de nosotros rezó por los parlamentarios? ¿Para que puedan llegar a un acuerdo y sacar adelante al país? Parece que el espíritu patriótico no llega a la oración; pero sí a las descalificaciones, al odio, a las peleas, y así es como termina».

En cambio, el apóstol Pablo espera que «oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones». Y en esto aconseja a la propia política: «Hay que discutir y esta es la función de un parlamento, hay que discutir pero no aniquilar al otro; en efecto, hay que rezar por el otro, por el que tiene una opinión diferente a la mía».

He aquí, pues, la pregunta que debe implicar a todo cristiano: «Pensemos un poco en esto: ¿rezo por los gobernantes? “¡No, por ese no, porque es demasiado comunista!”. —¿Pero rezas por ese? —“¡No, ese no me gusta porque dicen que es corrupto!”. —¿Rezas por su conversión?». Y la respuesta es clara: «La oración por los gobernantes es lo primero que debemos hacer, también por los políticos». Alguno, añadió Francisco, podría objetar: «“¡Pero padre, la política es sucia!”. Pero Pablo VI creía que era la forma más alta de caridad». Así, explicó el Pontífice, la política «puede ser tan sucia como puede ser sucia cada una de las profesiones, cada una... Nosotros somos los que ensuciamos, pero no es la cosa en sí misma la que está sucia». Por lo tanto, «debemos convertirnos y orar por los políticos de todos los colores, ¡todos! Recen por los gobernantes».

El Papa añadió una nueva reflexión: «Mientras escuchaba la Palabra de Dios, me acordé de este hermoso hecho del Evangelio: el gobernante orando por uno de los suyos, este centurión orando por uno de los suyos». Significa, dijo, que «los gobernantes también deben rezar por su pueblo», así como aquel centurión rezaba «por un siervo, quizás por un esclavo» del que se sentía responsable. Y también «los gobernantes son responsables de la vida de un país». Por lo tanto, «es bueno pensar que si el pueblo reza por los gobernantes, los gobernantes también podrán rezar por el pueblo, como este centurión que reza por su siervo».

Francisco concluyó su homilía con una recomendación: «Hoy sería bueno que cada uno de nosotros hiciera un examen de conciencia: ¿qué pienso yo de la política?» Y añadió: «No pido» que «se discuta de política», más bien: «¿Rezas por los gobernantes, rezas por los políticos, para que puedan llevar a cabo su vocación con dignidad?».

 



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