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AUDIOMENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A UN GRUPO DE INVIDENTES

 

Queridos amigos:

Os saludo con afecto. Sé que estáis reunidos en Tirrenia en un tiempo de estancia, y que algunos de vosotros habríais querido venir a Roma. Gracias a las técnicas modernas ¡puedo ir yo a vosotros! Os agradezco vuestra estima, vuestro afecto y sobre todo vuestras oraciones.

El Evangelio nos dice que Jesús tuvo una atención particular por los ciegos. Curó a muchos de ellos, junto a tantos otros enfermos. Pero la curación de la persona privada de la vista tiene un especial significado simbólico: representa el don de la fe. Y es un signo que se refiere a todos, porque todos tenemos necesidad de la luz de la fe para andar en el camino de la vida. Por eso el Bautismo, que es el primer sacramento de la fe, antiguamente era llamado también «iluminación».

Pido al Señor que renueve en cada uno de vosotros el don de la fe, a fin de que en vuestro espíritu esté siempre la luz de Dios, la luz del amor, que da sentido a nuestra vida, la ilumina, nos da esperanza y nos hace ser buenos y disponibles hacia nuestros hermanos.

Deseo todo bien para vuestra asociación, la Unione italiana dei ciechi e degli ipovedenti. Difundid siempre la cultura del encuentro, de la solidaridad, de la acogida a las personas con discapacidad, no sólo pidiendo las justas previsiones, sino favoreciendo su participación activa en la vida de la sociedad.

Os encomiendo a todos a la protección de María Santísima, Nuestra Madre. Os pido que oréis por mí y por mi servicio a la Iglesia, y os bendigo de corazón, junto a vuestros seres queridos.

 


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