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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A SU SANTIDAD BARTOLOMÉ I,
PATRIARCA ECUMÉNICO, POR LA FIESTA DE SAN ANDR
ÉS

 

A Su Santidad Bartolomé I
Arzobispo de Constantinopla
Patriarca ecuménico

«A los hermanos, paz, amor y fe de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo» (Ef 6, 23).

Después de recibir con alegría a la delegación que Usted, Santidad, envió a Roma para la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, es con la misma alegría que transmito, a través de este mensaje confiado al cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, mi cercanía espiritual en la fiesta de San Andrés, hermano de Pedro y santo patrono del Patriarcado ecuménico. Con el profundo afecto reservado a los hermanos amados, presento mis mejores deseos orantes a Usted, Santidad, a los miembros del Santo Sínodo, al clero, a los monjes y a todos los fieles y —junto a mis hermanos y hermanos católicos— me uno a vuestra oración en esta ocasión de fiesta.

Santidad, amado hermano en Cristo, ésta es la primera vez que me dirijo a Usted con ocasión de la fiesta del apóstol Andrés, el primero de los llamados. Aprovecho la ocasión para asegurarle mi intención de perseguir relaciones fraternas entre la Iglesia de Roma y el Patriarcado ecuménico. Es para mí fuente de gran aliento reflexionar acerca de la profundidad y la autenticidad de los vínculos existentes entre nosotros, fruto de un camino colmo de gracia a lo largo del cual el Señor ha guiado a nuestras Iglesias desde el histórico encuentro en Jerusalén entre el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, del cual en breve celebraremos el quincuagésimo aniversario. Dios, fuente de toda paz y amor, en estos años nos ha enseñado a considerarnos los unos a los otros como miembros de la misma familia. De hecho, tenemos un solo Señor y un solo Salvador. Le pertenecemos a través del don de la buena noticia de la salvación transmitida por los apóstoles, a través del único bautismo en el nombre de la Santa Trinidad y a través del sagrado ministerio. Unidos en Cristo, por lo tanto, experimentamos ya la alegría de ser hermanos auténticos en Cristo, incluso siendo plenamente conscientes de no haber alcanzado el objetivo de la comunión plena. En la anticipación del día en el cual finalmente participaremos juntos en el banquete eucarístico, los cristianos tienen el deber de prepararse para recibir este don de Dios a través de la oración, la conversión interior, la renovación de vida y el diálogo fraterno.

Nuestra alegría al celebrar la fiesta del apóstol Andrés no debe hacernos apartar la mirada de la situación dramática de muchas personas que están sufriendo a causa de la violencia y de la guerra, del hambre, de la pobreza y de graves catástrofes naturales. Soy consciente de vuestra profunda preocupación por la situación de los cristianos en Oriente Medio y por su derecho a permanecer en su patria. El diálogo, el perdón y la reconciliación son los únicos instrumentos posibles para obtener la resolución del conflicto. Seamos constantes en nuestra oración a Dios omnipotente y misericordioso por la paz en esta región, y sigamos trabajando por la reconciliación y el justo reconocimiento de los derechos de las personas.

Santidad, la memoria del martirio del apóstol san Andrés nos hace recordar también a muchos cristianos de todas las Iglesias y comunidades eclesiales que, en muchas partes del mundo, experimentan la discriminación y a veces pagan con la propia sangre el precio de su profesión de fe. Actualmente estamos celebrando el 1700° aniversario del Edicto de Constantino, que puso fin a la persecución religiosa en el Imperio Romano, tanto en Oriente como en Occidente, y abrió nuevos canales para la difusión del Evangelio. Hoy, como entonces, los cristianos de Oriente y de Occidente deben dar un testimonio común, de modo que, reforzados por el Espíritu del Cristo resucitado, puedan difundir el mensaje de salvación en todo el mundo. Existe, además, una necesidad urgente de cooperación eficaz y comprometida entre los cristianos con el fin de salvaguardar por todas partes el derecho de expresar públicamente la propia fe y de ser tratados con equidad cuando promueven la aportación que el cristianismo sigue ofreciendo a la sociedad y a la cultura contemporánea.

Con sentimientos de profunda estima y de cordial amistad en Cristo invoco abundantes bendiciones sobre Usted, Santidad, y sobre todos los fieles del Patriarcado ecuménico, pidiendo la intercesión de la Virgen Madre de Dios y de los santos apóstolos y mártires Pedro y Andrés. Con estos mismos sentimientos renuevo mis mejores deseos e intercambio con Usted un abrazo fraterno de paz.

Vaticano, 25 de noviembre de 2013

FRANCISCO

 



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