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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON OCASIÓN DE LA APERTURA DEL SEGUNDO PERIODO ORDINARIO DE SESIONES
DEL PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENT
OS (PMA)

 

Al señor David M. Beasley
Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos

Con ocasión de la apertura del segundo periodo ordinario de sesiones del Programa Mundial de Alimentos, me es grato saludar al señor David M. Beasley, Director Ejecutivo, y al Embajador Hisham Mohamed Badr, actual Presidente de la Junta Ejecutiva, como también a todos los miembros y participantes en la misma.

Al iniciar este nuevo periodo, ustedes desean formular iniciativas para hacer efectiva la lucha contra el hambre en el mundo. Entre sus múltiples trabajos, está el de favorecer medidas que erradiquen el desperdicio de alimentos, fenómeno que interpela cada día más nuestras conciencias.

En muchos lugares, hermanos nuestros no pueden alimentarse ni sana ni suficientemente, mientras que en otros se malgasta y se derrocha sin control. Es la paradoja de la abundancia, como lo llamó mi predecesor san Juan Pablo II, que sigue siendo un obstáculo para resolver el problema de la nutrición de la humanidad (cf. Discurso en la apertura de la conferencia sobre la nutrición, 5 diciembre 1992).

En esta paradoja existen mecanismos de superficialidad, negligencia y egoísmo que están en la base de esta cultura del derroche. Si no se toma conciencia de esa dinámica y se pone límite, será difícil alcanzar los compromisos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, y no se podrán lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Llegar a esa meta no le corresponde sólo a los Organismos Internacionales ni a los Gobiernos, sino que compete a todos. La familia, la escuela, los medios de comunicación tienen una importante tarea en la educación y en la sensibilización. En este sentido, nadie puede quedar al margen de la lucha contra esta cultura que va sofocando a tantas personas, especialmente a los pobres y vulnerables de la sociedad.

El Programa Mundial de Alimentos contribuye a esta causa con el reciente lanzamiento de la campaña global Stop Desperdicio. Esta pone de relieve que el derroche de alimentos lacera la vida de muchas personas y vuelve inviable el progreso de los pueblos. Si queremos construir un futuro en el que nadie quede excluido, tenemos que plantear un presente que evite radicalmente el despilfarro de comida. Juntos, sin perder tiempo, aunando recursos e ideas, podremos presentar un estilo de vida que dé la importancia que merecen los alimentos. Este nuevo estilo consiste en estimar en su justo valor lo que la madre Tierra nos da, y tendrá una repercusión para toda la humanidad.

Les aseguro, por último, que la Iglesia Católica trabaja por fomentar la solidaridad entre todos los hombres, y desea colaborar con el Programa Mundial de Alimentos, reafirmando que todo ser humano tiene derecho a una alimentación saludable y sostenible.

Deseo que esta campaña sirva de ayuda a quienes en nuestros días sufren las consecuencias de la pobreza y pueda demostrar que, cuando la persona ocupa el centro de las decisiones políticas y económicas, se afirma la estabilidad y la paz entre las naciones y crece por todas partes el entendimiento mutuo, cimiento del auténtico progreso humano.

Que vuestro compromiso y dedicación avive en todos los hombres de buena voluntad el deseo de construir un mundo nuevo y mejor, bajo la bandera de la fraternidad, la justicia y la paz. Que Dios bendiga a los que transiten por este camino.

Vaticano, 18 de noviembre de 2019

 

Francisco

 



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