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PALABRAS DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS JÓVENES DE LA ACCIÓN CATÓLICA  ITALIANA

Sala del Consistorio
Viernes 20 de diciembre de 2013

 

Queridos muchachos, ¡buenos días!

Os agradezco que hayáis venido a felicitarme por la Navidad en nombre de los muchachos de la Acción católica y de toda la Acción católica italiana, que está representada aquí por los responsables adultos que os han acompañado. También yo os deseo muchas felicidades a vosotros, a vuestros seres queridos, a vuestros amigos y a toda la Asociación.

La A.C.R. es una hermosa realidad, difundida y operante en casi todas las diócesis de Italia. Os animo a ser siempre «piedras vivas» en la Iglesia, unidas a Jesús, para edificar la Iglesia. La Acción católica sin Jesús, no sirve, se convierte en una ONG, ya hay muchas, y no está bien. Otra cosa es ser piedras vivas unidas a Jesús.

He oído que vuestro camino de este año quiere haceros descubrir a Jesús como presencia amiga en nuestra vida. El lema lo expresa muy bien: «No hay juego sin Ti». He aquí que la Navidad es precisamente la fiesta de la presencia de Dios, que viene a nosotros para salvarnos. El nacimiento de Jesús no es una fábula. Es una historia que sucedió realmente, en Belén, hace dos mil años. La fe nos permite reconocer en ese Niño, nacido de la Virgen María, al verdadero Hijo de Dios, que se hizo hombre por amor a nosotros.

En el rostro del pequeño Jesús contemplamos el rostro de Dios, que no se revela a través de la fuerza, del poder, sino a través de la debilidad y la fragilidad de un recién nacido. Así es nuestro Dios, que se acerca tanto en un niño. Este Niño muestra la fidelidad y la ternura del amor ilimitado con el que Dios nos envuelve a cada uno de nosotros. Por eso hacemos fiesta en Navidad, reviviendo la misma experiencia de los pastores de Belén y junto con muchos papás y mamás que se esfuerzan cada día afrontando numerosos sacrificios; junto con los pequeños, los enfermos y los pobres hacemos fiesta, porque es la fiesta del encuentro de Dios con nosotros en Jesús.

Queridos muchachos, Jesús os quiere mucho, quiere ser vuestro amigo; quiere ser amigo de todos los muchachos. ¿Estáis convencidos de esto? ¿Es así? Parece que no estáis muy convencidos, ¿no? ¿Estáis convencidos o no? [Los muchachos responden: ¡sí!] Muy bien. Si estáis convencidos de esto, seguramente sabréis transmitir la alegría de esta amistad por doquier: en casa, en la parroquia, en la escuela, entre los amigos… Y una pregunta para los muchachos: he dicho «en casa, en la parroquia, en la escuela, entre los amigos». ¿Y con los enemigos, con los que no nos quieren? ¿Qué hay que hacer? ¿Quién me lo sabe decir? ¿Qué hay que hacer? ¿Hay que hacer la guerra? [Un muchacho: rezar por ellos]. Sí, rezar por ellos. Para estar cerca de Jesús; ser bueno con ellos. Se debe hacer esto: cercanía, estar cerca de ellos. Y sabréis testimoniarlo, comportándoos como verdaderos cristianos: dispuestos a dar una mano a quien esté necesitado. Y si el que no te quiere tiene necesidad de algo, ¿le darás una mano? ¿No estáis seguros, no? ¡Sí, sí! Sin juzgar a los demás, sin hablar mal. Es fea la gente que habla mal de los demás. Las habladurías, ¿son cristianas o no? ¡No! ¿Las habladurías son una oración? ¿Criticar es como rezar o no? ¡No! Hablar mal es algo feo. No se debe hacer nunca. Y debemos comenzar ahora mismo: jamás murmurar, jamás hablar mal. ¡Adelante así! Entonces, buen camino, siempre unidos a Jesús. Os encomiendo a la Virgen. Os bendigo juntamente con vuestros familiares, educadores, consiliarios y todos los amigos de la A.C.R. ¡Feliz Navidad!, y rezad por mí. Y ahora, antes de recibir la bendición, recemos a la Virgen un Avemaría.

 



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