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ENTREGA DEL "PREMIO RATZINGER" 2013

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Sala Clementina
Sábado de 26 de octubre de 2013

 

Queridos hermanos y hermanas:

Os doy las gracias y me alegra encontrarme con vosotros, sobre todo como signo de nuestro reconocimiento y de nuestro gran afecto hacia el Papa emérito Benedicto XVI.

Desearía compartir con vosotros una reflexión que me surge espontánea cuando pienso en el don verdaderamente singular que él hizo a la Iglesia con los libros sobre Jesús de Nazaret.

Recuerdo que cuando salió el primer tomo, algunos decían: pero, ¿qué es esto? Un Papa no escribe libros de teología, escribe encíclicas... Ciertamente el Papa Benedicto se había planteado esta cuestión, pero también en ese caso, como siempre, él siguió la voz del Señor en su conciencia iluminada. Con esos libros él no hizo magisterio en sentido propio, y no hizo un estudio académico. Él hizo un regalo a la Iglesia, y a todos los hombres, de lo más valioso que tenía: su conocimiento de Jesús, fruto de años y años de estudio, de confrontación teológica y de oración. Porque Benedicto XVI hacía teología de rodillas, y todos lo sabemos. Y ésta la puso a disposición de la forma más accesible.

Nadie puede medir cuánto bien ha hecho con este don. ¡Sólo el Señor lo sabe! Pero todos nosotros tenemos una cierta percepción de ello, por haber escuchado a muchas personas que gracias a los libros sobre Jesús de Nazaret alimentaron su fe, la profundizaron o, incluso, se acercaron por primera vez a Cristo de forma adulta, conjugando las exigencias de la razón con la búsqueda del rostro de Dios.

Al mismo tiempo, la obra de Benedicto XVI ha estimulado una nueva época de estudios sobre los Evangelios entre historia y cristología, y en este ámbito se sitúa también vuestro Simposio, por el cual me congratulo con los organizadores y relatores.

Felicitaciones especiales dirijo al reverendo profesor Richard Burridge y al profesor Christian Schaller, a quienes ha sido asignado este año el Premio Ratzinger. En nombre también de mi amado Predecesor —con quien he estado hace tres o cuatro días— os expreso vivas felicitaciones: que el Señor os bendiga siempre a vosotros y vuestro trabajo al servicio de su Reino.

Que os bendiga a todos vosotros, queridos amigos, y a vuestros seres queridos. ¡Gracias!

 




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