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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS MIEMBROS DEL COMITÉ CATÓLICO PARA LA COLABORACIÓN CULTURAL
CON LAS IGLESIAS ORTODOXAS Y LAS IGLESIAS ORTODOXAS ORIENTAL
ES

Sala Clementina
Sábado 11 de enero de 2014

 

 

Señor cardenal,
queridos hermanos en el episcopado,
queridos hermanos y hermanas:

Os encuentro al inicio de este año, en el que se celebra el 50º aniversario de la institución del Comité católico para la colaboración cultural con las Iglesias ortodoxas y las Iglesias ortodoxas orientales. Saludo en particular al cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, responsable directo del trabajo del Comité, y le doy las gracias también por sus palabras, al igual que a monseñor Johan Bonny, obispo de Anversa, presidente del Comité.

El Concilio Vaticano II no había aún concluido cuando Pablo VI instituyó el Comité católico para la colaboración cultural. El camino de reconciliación y de renovada fraternidad entre las Iglesias, admirablemente marcado por el primer histórico encuentro entre el Papa Pablo VI y el Patriarca ecuménico Atenágoras, necesitaba también de experiencias de amistad y compartir que nacieran del mutuo conocimiento entre exponentes de las diversas Iglesias, y en particular entre los jóvenes iniciados en el ministerio sagrado. Nació así este Comité, por iniciativa de la sección oriental del entonces secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos. Éste, hoy como entonces, con el apoyo de bienhechores generosos, distribuye becas de estudio a clérigos y laicos provenientes de las Iglesias ortodoxas y de las Iglesias ortodoxas orientales que desean completar sus estudios teológicos en instituciones académicas de la Iglesia católica, y sostiene otros proyectos de colaboración ecuménica.

Expreso mi profundo agradecimiento a todos los bienhechores que han sostenido y sostienen el Comité. Con gratitud saludo a los miembros del Consejo de administración, presentes en Roma para la reunión anual. Sin vuestra valiosa aportación esta obra no sería posible. Por ello os aliento a continuar en la acción que desempeñáis. Que Dios os bendiga y haga proficua vuestra apreciada colaboración.

Dirijo un saludo especial a vosotros, queridos estudiantes, que estáis completando vuestros estudios teológicos en Roma. Vuestra permanencia en medio de nosotros es importante para el diálogo entre las Iglesias de hoy y sobre todo de mañana. Doy gracias a Dios porque me ofrece esta hermosa ocasión para encontraros y deciros que el Obispo de Roma os quiere mucho. Deseo que cada uno de vosotros pueda tener una gozosa experiencia de la Iglesia y de la ciudad de Roma, enriquecedora bajo el perfil espiritual y cultural, y que os podáis sentir no huéspedes, sino hermanos entre hermanos. Estoy seguro, por otra parte, que con vuestra presencia vosotros sois una riqueza para las comunidades de estudio que frecuentáis.

Queridos hermanos y hermanas, os aseguro mi recuerdo en la oración, y confío también en la vuestra por mí y por mi ministerio. Que el Señor os bendiga y la Virgen os proteja.




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