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PALABRAS DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA,
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE SAN ENRI
QUE

Viernes 17 de enero de 2014

Queridos hermanos y amigos de Finlandia:

«Gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Rm 1, 7). Os dirijo mi más calurosa bienvenida, como lo hicieron por más de 25 años mis Predecesores, el beato Juan Pablo II y Benedicto XVI, acogiendo la visita de vuestras delegaciones ecuménicas con ocasión de la fiesta de san Enrique, patrono de Finlandia.

A los miembros de la comunidad de Corinto, marcada por divisiones, el apóstol pregunta: «¿Es que Cristo está dividido?» (1 Cor 1, 13). Esta pregunta fue elegida como tema de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que iniciaremos mañana. Hoy, se dirige a nosotros la misma pregunta. Ante algunas voces que ya no reconocen como objetivo alcanzable la plena y visible unidad de la Iglesia, estamos invitados a no desistir en nuestro esfuerzo ecuménico, fieles a lo que el Señor Jesús mismo invocó del Padre: «que todos sean uno» (Jn 17, 21).

En la época actual, también el camino ecuménico y las relaciones entre los cristianos están atravesando cambios significativos, debido en primer lugar al hecho de que profesamos nuestra fe en el contexto de una sociedad y culturas donde está cada vez menos presente la referencia a Dios y a todo lo que remite a la dimensión trascendente de la vida. Lo notamos sobre todo en Europa, pero no sólo.

Precisamente por este motivo, es necesario que nuestro testimonio se concentre en el centro de nuestra fe, en el anuncio del amor de Dios que se manifestó en Cristo, su Hijo. Encontramos aquí espacio para crecer en la comunión y en la unidad entre nosotros, promoviendo el ecumenismo espiritual, que nace directamente del mandamiento del amor que Jesús dejó a sus discípulos. A tal dimensión hacía referencia también el Concilio Vaticano II: «Esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones públicas y privadas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual» (Decr. Unitatis redintegratio, 8). El ecumenismo, en efecto, es un proceso espiritual, que se realiza en la obediencia fiel al Padre, en la realización de la voluntad de Cristo y bajo la guía del Espíritu Santo.

Invoquemos, por lo tanto, sin cansarnos la ayuda de la gracia de Dios y la iluminación del Espíritu Santo, que nos introduce en la verdad completa, portadora de reconciliación y de comunión.

Al renovar mi calurosa bienvenida, invoco de corazón sobre vosotros, sobre todos los cristianos en Finlandia y sobre vuestro país, la bendición de Dios.

 




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