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PALABRAS DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS DIRIGENTES Y AGENTES DE LA COMISARÍA DE SEGURIDAD PÚBLICA
JUNTO AL VATICANO

Sala Clementina
Lunes 20 de enero de 2014

Señor jefe de la Policía,
ilustres señores,
queridos funcionarios y agentes:

Os doy la bienvenida y dirijo a cada uno mi saludo cordial, que extiendo a vuestras familias y a todos vuestros seres queridos. Agradezco al dirigente general las corteses expresiones que me dirigió en nombre de los presentes y de quienes forman parte de la Comisaría de seguridad pública junto al Vaticano. Este tradicional encuentro, que para mí es el primero, me ofrece la ocasión de expresaros mi gratitud por vuestro servicio, especialmente el que desempeñáis en la plaza de San Pedro: con frío, con calor, con lluvia, con viento, siempre... ¡Esto cuenta mucho! Todos somos conscientes de la necesidad de trabajar siempre a fin de que se tutele la peculiaridad de este lugar especial, preservando en él el carácter de espacio sagrado y universal. Y para esto es necesaria una vigilancia discreta pero atenta. En efecto, en la plaza de San Pedro la gente está serena, se mueve tranquila, experimenta un sentido de paz. Y esto también gracias a vosotros, que vigiláis el orden público.

Pienso también en vuestro compromiso durante los momentos de mayor afluencia de fieles, que llegan de todo el mundo para encontrar al Papa, para rezar junto a la tumba de san Pedro y a la de sus Sucesores, especialmente la de Juan XXIII y Juan Pablo II.

Vuestro trabajo requiere preparación técnica y profesional, junto a una vigilancia atenta, amabilidad y entrega. Los peregrinos y turistas, así como quienes trabajan en las diversas oficinas de la Santa Sede, saben que pueden contar con vuestra cordial asistencia.

Os doy especialmente las gracias por vuestra eficaz actividad desempeñada durante los días que precedieron el Cónclave, tras la renuncia del Papa Benedicto. Aprovecho este encuentro para renovar el gracias más sincero, mío y de mis colaboradores, a todos aquellos que en esas circunstancias ofrecieron su aportación para que todo se realizara con orden y tranquilidad.

Deseo que el período de servicio transcurrido junto al Vaticano sea para cada uno de vosotros una ocasión para crecer en la fe. La fe es el más valioso tesoro que vuestras familias os han confiado y que vosotros estáis llamados a transmitir a vuestros hijos. Es importante redescubrir el mensaje del Evangelio y acogerlo en profundidad en la propia conciencia y en la vida cotidiana concreta, testimoniando con valentía el amor de Dios en cada ambiente, incluso en el ambiente de trabajo.

Os encomiendo a todos a la Virgen María, para que, como Madre atenta, proteja a cada uno de vosotros, a vuestras familias y vuestro trabajo. Os pido por favor que recéis por mí —lo necesito—, y de corazón os bendigo.

 




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