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PALABRAS DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS MIEMBROS DE LA PAPAL FOUNDATION

Sala Clementina
Viernes 2 de mayo de2014

 

Señor cardenal,
queridos amigos:

Dirijo mi cordial bienvenida a vosotros, miembros de la Papal Foundation, con ocasión de vuestra peregrinación anual a Roma. Durante el período pascual todos los cristianos del mundo se unen para celebrar la victoria del Señor sobre el pecado y sobre la muerte, el alba de la nueva creación y la efusión del Espíritu Santo. Que la alegría de la resurrección colme vuestros corazones de esa paz que el mundo no puede dar (cf. Jn 14, 27), y vuestra oración junto a las tumbas de los apóstoles y mártires os renueve en la fidelidad al Señor y a su Iglesia.

Desde su constitución, la Papal Foundation ha tratado de promover la misión de la Iglesia, con el apoyo a una amplia serie de obras de caridad especialmente queridas por el sucesor de Pedro. Estoy muy agradecido por la asistencia que la Fundación ha dado a la Iglesia en los países en vías de desarrollo a través de donaciones para sostener proyectos educativos, caritativos y apostólicos, pero también por las becas de estudios que pone a disposición de laicos, sacerdotes y religiosos para sus estudios aquí en Roma. De este modo, vosotros contribuís a asegurar la formación de una nueva generación de guías de la comunidad, los cuales, en la mente y en el corazón están forjados por la verdad del Evangelio, la sabiduría de la doctrina social católica y el profundo sentido de comunión con la Iglesia universal en su servicio a toda la familia humana.

En estas jornadas de gran importancia, marcadas por la canonización de dos extraordinarios Papas de nuestro tiempo, Juan XXIII y Juan Pablo II, oro para que seáis confirmados en la gracia de vuestro Bautismo y en el compromiso de ser discípulos misioneros llenos de la alegría que brota del encuentro personal con Jesús Resucitado (cf. Evangelii gaudium, 119). Confío a vosotros y a vuestras familias a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, y cordialmente os imparto mi bendición apostólica como prenda de alegría y de paz en el Señor.



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