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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO
DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Sala Clementina
Viernes 9 de mayo de 2014

 

Señor cardenal,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas:

Doy la bienvenida a los directores nacionales de las Obras misionales pontificias y a los colaboradores de la Congregación para la evangelización de los pueblos. Doy las gracias al cardenal Fernando Filoni y a todos vosotros, que trabajáis al servicio de la misión de la Iglesia para llevar el Evangelio a las gentes en todas las partes de la tierra.

Con la exhortación apostólica Evangelii gaudium he querido invitar a todos los fieles a una nueva etapa evangelizadora; y también en nuestra época lamissio ad gentes es la fuerza pujante de este dinamismo fundamental de la Iglesia. El anhelo de evangelizar hasta los «confines», testimoniado por misioneros santos y generosos, ayuda a todas las comunidades a realizar una pastoral extrovertida y eficaz, una renovación de las estructuras y de las obras. La acción misionera es paradigma de toda obra de la Iglesia (cf.Evangelii gaudium, 15).

Evangelizar, en este tiempo de grandes transformaciones sociales, requiere una Iglesia misionera toda en salida, capaz de realizar un discernimiento para confrontarse con las distintas culturas y visiones del hombre. Para un mundo en transformación es necesaria una Iglesia renovada y transformada por la contemplación y por el contacto personal con Cristo, por la fuerza del Espíritu. El Espíritu de Cristo es la fuente de la renovación, que nos hace encontrar nuevos caminos, nuevos métodos creativos, diversas formas de expresión para la evangelización del mundo actual. Es Él quien nos da la fuerza para emprender el camino misionero y la alegría del anuncio, para que la luz de Cristo ilumine a cuantos todavía no lo conocen o lo han rechazado. Por eso se nos pide el valor de «llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Evangelii gaudium, 20). No nos pueden detener ni nuestras debilidades, ni nuestros pecados, ni tantos impedimentos que se oponen al testimonio y a la proclamación del Evangelio. Es la experiencia del encuentro con el Señor lo que nos empuja y nos da la alegría de anunciarlo a todas las gentes.

La Iglesia, misionera por su naturaleza, tiene como prerrogativa fundamental el servicio de la caridad a todos. La fraternidad y la solidaridad universal son connaturales a su vida y a su misión en el mundo y por el mundo. La evangelización, que debe llegar a todos, está llamada, sin embargo, a partir de los últimos, de los pobres, de los que tienen las espaldas dobladas bajo el peso y la fatiga de la vida. Actuando así, la Iglesia prolonga la misión de Cristo mismo, quien ha «venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). La Iglesia es el pueblo de las bienaventuranzas, la casa de los pobres, de los afligidos, de los excluidos y perseguidos, de quienes tienen hambre y sed de justicia. A vosotros se os pide trabajar a fin de que las comunidades eclesiales sepan acoger con amor preferencial a los pobres, teniendo las puertas de la Iglesia abiertas para que todos puedan entrar y encontrar refugio.

Las Obras misionales pontificias son el instrumento privilegiado que llama y se ocupa con generosidad de la missio ad gentes. Por esto me dirijo a vosotros como animadores y formadores de la conciencia misionera de las Iglesias locales: promoved la corresponsabilidad misionera con paciente perseverancia. Hay tanta necesidad de sacerdotes, de personas consagradas y fieles laicos que, aferrados por el amor de Cristo, estén marcados con el fuego de la pasión por el Reino de Dios y disponibles a encaminarse por la senda de la evangelización.

Os agradezco vuestro valioso servicio, dedicado a la difusión del reino de Dios, a hacer llegar el amor y la luz de Cristo a todos los rincones de la tierra. Que María, la madre del Evangelio viviente, os acompañe siempre en este camino vuestro de apoyo a la evangelización. Que os acompañe también mi bendición, para vosotros y vuestros colaboradores. Gracias.



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