Index   Back Top Print


VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A SRI LANKA Y FILIPINAS

(12-19 DE ENERO DE 2015)

CONFERENCIA DE PRENSA DEL SANTO PADRE
DURANTE EL VUELO DE MANILA A
ROMA

Lunes 19 de enero de 2015

[Multimedia]


 

Padre Lombardi: Santo Padre, gracias por estar aquí. Lo vemos en espléndida forma, después de estos días de viaje, y le agradecemos que nos dé, también hoy, trabajo, porque el diálogo con usted nos dará qué hacer durante todo el vuelo.

Papa Francisco: En primer lugar, quiero saludarlos. Buenos días. Gracias por su trabajo. El viaje ha sido intenso y, como decimos en español, “pasado por agua”. Ha sido hermoso. Muchas gracias por lo que han hecho.

Primera pregunta, Kara David, del grupo filipino:

Buenos días, Santo Padre. Le hablo en inglés. Muchas gracias por visitar nuestro país y por transmitir tanta esperanza a los filipinos. Nos gustaría que regresara de nuevo a nuestro país. Mi pregunta es la siguiente: Los filipinos han aprendido mucho escuchando su mensaje. ¿Ha aprendido algo el Santo Padre de los filipinos, de sus encuentros con ellos?

Papa Francisco: Los gestos. Los gestos me han conmovido. No se trata de gestos protocolarios… Son gestos buenos, gestos sentidos, gestos que salen del corazón. Algunos casi hacen llorar. En ellos está todo: la fe, el amor, la familia, las esperanzas, el futuro… Ese gesto de los padres, levantando a los niños, para que el Papa los bendiga. El gesto de un padre… eran muchos: levantaban a sus hijos cuando pasaba por donde estaban ellos. Un gesto que no se ve en otras partes. Como diciendo: “Éste es mi tesoro, éste es mi futuro, éste es mi amor, por él vale la pena trabajar, por él vale la pena sufrir”. Es un gesto original, que brota del corazón.

El segundo gesto que me ha llamado poderosamente la atención es un entusiasmo no fingido, una alegría, un gozo, capaces de hacer fiesta incluso bajo la lluvia. Me decía uno de los ceremonieros que le han edificado los acólitos de Tacloban, que nunca perdían la sonrisa a pesar de esa lluvia. No era una sonrisa forzada. Una sonrisa postiza, no: una sonrisa que les salía. Y, tras esa sonrisa, está la vida normal, hay sufrimientos, hay problemas…

Otro gesto: las madres que llevaban a sus hijos enfermos en brazos; y también las madres que los llevaban hasta allí. Las madres no levantaban tanto a sus hijos… hasta aquí… [en brazos]. Sí, se veían muchos niños discapacitados, con discapacidades que impresionan un poco: no escondían a sus hijos, los acercaban al Papa para que los bendijera: “Éste es mi hijo, es así, pero es mío”. Todas las madres sienten y hacen lo mismo, pero el modo de hacerlo, eso es lo que me ha llamado la atención.

Gestos de paternidad, de maternidad, de entusiasmo, de alegría. Y hay una palabra que no es fácil entender porque se ha devaluado demasiado, se ha usado mal o se ha entendido mal, pero es una palabra que tiene sustancia: resignación. Un pueblo que conoce el sufrimiento, y que es capaz de levantarse y seguir adelante. Ayer, en la conversación que tuve con el padre de Krystel, la chica voluntaria que murió en Tacloban, quedé edificado [por lo que dijo]: “Ha muerto en acto de servicio”. Y buscaba palabras de consuelo para aceptarlo. Un pueblo que conoce el sufrimiento. Esto es lo que he visto, la forma en que he interpretado los gestos.

Segunda pregunta, Jean-Louis de la Vaissière, de France Presse, en nombre del grupo francés:

Su Santidad ha ido ya dos veces a Asia. Todavía no ha visitado a los católicos de África. Usted sabe que en la República Centroafricana, en Nigeria, en Uganda, muchos fieles que sufren a causa de la pobreza, de las guerras, del fundamentalismo islámico, esperan su visita este año. Lo que quería preguntarle es cuándo y dónde piensa ir.

Papa Francisco: Respondo todavía en hipótesis. El plan es ir a la República Centroafricana y a Uganda. Estos dos países este año. Creo que será hacia el final del año, por el tiempo. Hay que tener en cuenta el tiempo, que no haya lluvias, que no haga mal tiempo. Este viaje se ha retrasado un poco por el problema del ébola. Es una gran responsabilidad hacer concentraciones multitudinarias, por el riesgo de contagio. Pero en estos países no hay problema. Estos dos están previstos en hipótesis para este año.

Tercera pregunta, Salvatore Izzo, de AGI, la Agenzia Italiana di Informazione, en nombre del grupo italiano:

Santo Padre, en Manila estuvimos en un hotel muy elegante, todos eran muy atentos y se comía muy bien. Pero, en cuanto salíamos del hotel, nos sentíamos –por así decidirlo– agredidos moralmente por la pobreza. Veíamos niños en medio de la basura, tratados como deshechos –como probablemente diría usted–. Yo tengo un hijo de seis años y me he sentido avergonzado al ver a estos niños tan malparados. Mi hijo, que se llama Rocco, ha entendido muy bien lo que usted enseña cuando habla de compartir con los pobres. Y, cuando va a la escuela, intenta compartir su bocadillo con los que piden por la calle. A mí, me resulta más difícil. También a otras personas adultas les cuesta más. Sólo un Cardenal, hace 40 años, dejó todo para ir a vivir con los leprosos [Léger]. Y ésta es mi pregunta: ¿por qué es tan difícil seguir ese camino, incluso para los Cardenales? Y la otra cosa que quería preguntarle se refiere a Sri Lanka. Allí vimos todas aquellas chabolas cuando íbamos al aeropuerto. Son chabolas apoyadas en los árboles; la gente vive prácticamente bajo los árboles. La mayoría son tamiles y están discriminados. Usted, después de la masacre de París, al día siguiente, quizás en caliente, dijo: “Hay un terrorismo aislado y un terrorismo de Estado”. ¿Qué quería decir con la expresión “terrorismo de Estado”? A mí, se me ha venido a la cabeza viendo el sufrimiento y la discriminación de estas personas.

Papa Francisco: Cuando uno de ustedes me preguntó cuál era el mensaje que quería dar en Filipinas, dije: los pobres. Es el mensaje que da hoy la Iglesia. También lo que usted dice de Sri Lanka, los tamiles, la discriminación… Los pobres, las víctimas de esta cultura del descarte. Esto es verdad. Hoy no se descarta sólo el envoltorio, lo que sobra. Se descarta a las personas. Y la discriminación es un tipo de descarte. Me viene a la mente la imagen de las castas… Eso no puede ser. Y el descarte hoy parece normal. Usted hablaba del hotel lujoso junto a las chabolas. En mi diócesis de Buenos Aires, hay toda una zona nueva, que se llama Puerto Madero, hasta la estación del ferrocarril, y a continuación comienza la “Villa miseria”, los pobres, una pegada a la otra. En una parte hay 36 restaurantes de lujo, que, si vas a comer allí, te cuesta una fortuna; y, en la otra, hay hambre. Una al lado de la otra. Y tendemos a habituarnos a esto. Sí, aquí estamos nosotros y allí están los descartados. Ésa es la pobreza, y creo que la Iglesia tiene que dar cada vez más ejemplo a este respecto, rechazando todo tipo de mundanidad. Para nosotros consagrados, obispos, sacerdotes, religiosas, laicos que creen verdaderamente, el pecado más grave, el peligro más grave es la mundanidad. Es tan feo ver un consagrado, un hombre de Iglesia, una religiosa, mundanos. Es feo. Ése no es el camino de Jesús. Es el camino de una ONG llamada “Iglesia”. Pero esa ONG no es la Iglesia de Jesús. Porque la Iglesia no es una ONG, es otra cosa. Pero, cuando se mundaniza –una parte de la Iglesia, esas personas–, se convierte en una ONG y deja de ser Iglesia. La Iglesia es Cristo muerto y resucitado por nuestra salvación, es el testimonio de los cristianos que siguen a Cristo. Ese escándalo al que usted se ha referido es real; sí, muchas veces los cristianos, sacerdotes o laicos, escandalizamos; escandalizamos porque es difícil el camino de Jesús. Es verdad, la Iglesia tiene que despojarse.

Y usted me ha hecho pensar, a propósito de esa expresión “terrorismo de Estado”, que el descarte pudiera ser considerado como una especie de terrorismo. Nunca lo había visto así, en serio; usted me lo ha hecho pensar. No sé qué decirle, de verdad. Ciertamente no es una caricia; es como decir a uno: No, tú no, tú fuera.

Una vez, en Roma, a un vagabundo le dolía el vientre, pobre. Cuando tienes un dolor de vientre y vas a Urgencias, te dan una aspirina o algo por el estilo y te dan cita para dentro de quince días: “Venga dentro de quince días”. Éste se lo dijo a un sacerdote que, al verlo, se conmovió y le dijo: “Te voy a llevar al Hospital, pero, por favor, cuando empiece a explicar lo que te pasa, haz como que te desmayas”. Y así lo hizo: un artista, lo hizo bien. ¡Era peritonitis! Este hombre estaba descartado. Si hubiese ido solo, hubiera sido descartado y hubiera muerto. El párroco fue inteligente y le supo ayudar. Estaba lejos de la mundanidad. ¿Es eso terrorismo? No lo sé, quizás sí, se podría pensar que lo fuera… Se podría pensar. Lo pensaré. Gracias. Y felicidades a la Agencia.

Cuarta pregunta, Jan-Christoph Kitzler, de la radio alemana Ard, en nombre del grupo alemán:

Gracias, Santo Padre. Quisiera volver un momento al encuentro que tuvo con las familias. Allí habló usted de “colonización ideológica”. ¿Nos podría explicar mejor este concepto? Después hizo referencia al Papa Pablo VI, hablando de casos especiales que son importantes en la pastoral familiar. ¿Nos puede poner algunos ejemplos de estos casos especiales y decirnos si sería necesario abrir caminos, ensanchar los “pasillos” de estos casos?

Papa Francisco: La colonización ideológica: pondré sólo un ejemplo, que yo mismo presencié. Hace veinte años, en 1995, una señora Ministra de Educación había pedido un importante préstamo para poder construir escuelas para pobres. Le concedieron el préstamo con la condición de que en las escuelas los niños, a partir de un cierto grado, tuvieran un determinado libro. Era un libro escolar, un libro bien preparado didácticamente, en el que se enseñaba la ideología de género. Esta señora necesitaba el dinero del préstamo, pero ésa era la condición. Fue inteligente y dijo que sí; luego mandó hacer otro libro y dio los dos, y así lo consiguió.

Eso es la colonización ideológica: entrar en un pueblo con una idea que no tiene nada que ver con él; con grupos del pueblo sí, pero no con el pueblo, y así colonizar un pueblo con una idea que cambia o pretende cambiar su mentalidad o su estructura. Durante el Sínodo de los Obispos, los obispos africanos se quejaban de esto, que es como poner ciertas condiciones para conceder un préstamo. Hablo sólo de este caso que he conocido. ¿Por qué digo “colonización ideológica”? Porque aprovechan las necesidades de un pueblo o sus niños para entrar y hacerse fuertes. Pero esto no es nuevo. Lo mismo hicieron las dictaduras del siglo pasado. Llegaron con su doctrina. Recuerden a los “Balilla”, a la Juventud Hitleriana… Colonizaron al pueblo, lo querían colonizar. Pero ¡cuánto dolor! Los pueblos no pueden perder la libertad. El pueblo tiene su cultura, su historia; cada pueblo tiene su cultura. Cuando los imperios colonizadores imponen sus condiciones, pretenden que los pueblos pierdan su identidad y que se cree uniformidad. Ésa es la globalización de la esfera: todos los puntos son equidistantes del centro. Pero la verdadera globalización –me gusta decir esto– no es la esfera. Es importante globalizar, pero no como la esfera, sino como el poliedro, es decir, que cada pueblo, cada parte, conserve su identidad, su ser, sin ser colonizado ideológicamente. A esto llamo “colonizaciones ideológicas”. Hay un libro –perdónenme si hago publicidad–, quizás por el estilo puede resultar un poco pesado al principio, porque fue escrito en 1907 en Londres… Su autor vio este drama de la colonización ideológica en su tiempo y lo describió en su libro. Se titula Lord of the World, escrito en 1907. Su autor es Benson. Les aconsejo que lo lean. Así entenderán lo que quiero decir con “colonización ideológica”. Esto en cuanto a la primera pregunta.

La segunda: ¿qué quise decir de Pablo VI? Ciertamente la apertura a la vida es condición para el sacramento del matrimonio. Un hombre no puede casarse sacramentalmente con una mujer ni una mujer con un hombre si no están de acuerdo sobre este punto de estar abiertos a la vida. De tal manera que, si se puede probar que él o ella se casaron con la intención de no estar abiertos a la vida, ese matrimonio es nulo; la apertura a la vida es causa de nulidad matrimonial. Pablo VI estudió esto con una comisión: cómo hacer para ayudar a los múltiples casos, a los muchos problemas, problemas importantes que tienen que ver en el amor de la familia. Problemas de todos los días. Muchos, muchos… Pero había algo más. El rechazo de Pablo VI no era a los problemas personales, sobre los que más tarde dijo a los confesores que tenían que ser misericordiosos y entender las situaciones y perdonar o ser misericordiosos, comprensivos. Él miraba, más bien, al neo-malthusianismo universal que se estaba imponiendo. ¿Y cómo se reconoce este neo-malthusianismo? La tasa de natalidad está por debajo del 1% en Italia, lo mismo que en España. El neo-malthusianismo defendía un control de la humanidad por parte de las potencias. Esto no quiere decir que el cristiano tenga que hacer hijos en serie. Hace algunos meses, reñí a una señora en una parroquia porque estaba embarazada de su octavo hijo después de siete cesáreas: “¿Quiere usted dejar a sus siete hijos huérfanos?”. Eso es tentar a Dios. Se habla de paternidad responsable. Ése es el camino: la paternidad responsable. Lo que quise decir es que Pablo VI no tuvo una visión trasnochada, cerrada. No, fue un profeta, que nos dijo: “Tengan cuidado con el neo-malthusianismo que está llegando”. Eso fue lo que quise decir. Gracias.

Padre Lombardi: Aprovecho para darles una noticia. Nos encontramos de nuevo sobre China. Se está convirtiendo en una costumbre tener estas ruedas de prensa con el Papa cuando sobrevolamos China, como cuando regresamos de Corea.

Quinta pregunta, Valentina Alazraki, del grupo español:

Santidad, en el viaje a Filipinas, usted utilizó esa imagen y ese gesto con nuestro pobre Gasbarri: que, en el caso de que hubiese ofendido a su madre, se hubiera merecido un puñetazo. Esta frase ha creado un poco de confusión y no todo el mundo la ha entendido bien, porque sería como si dijese que quizás en cierto sentido justificaba una reacción violenta ante una provocación. ¿Nos podría explicar algo más lo que quería decir?

Papa Francisco: En teoría, podemos decir que una reacción violenta ante una ofensa, ante una provocación, en teoría, no es buena, no se debe hacer. En teoría, podemos decir lo que el Evangelio dice, que tenemos que poner la otra mejilla. En teoría, podemos decir que tenemos libertad de expresión y esto es importante. En la teoría, todos estamos de acuerdo. Pero somos humanos, y hemos de tener prudencia, que es una virtud de la convivencia humana. No puedo insultar, provocar a una persona continuamente, porque corro el riesgo de hacerla enfadar, corro el riesgo de que reaccione de una manera no justa. Esto es humano. Por eso digo que la libertad de expresión tiene que tener en cuenta la realidad humana; y por eso digo que debe hacerse un uso prudente. Es una forma de decir que tiene que ser educada. Prudente. La prudencia es una virtud humana que regula nuestras relaciones. Puedo llegar hasta aquí, y no puedo ir más allá… Esto es lo que quería decir, que, en teoría, todos estamos de acuerdo: existe la libertad de expresión, que una reacción violenta no es buena, es mala siempre. Todos de acuerdo. Pero, en la práctica, estemos atentos, porque somos humanos y podemos provocar a los otros; y por eso la libertad debe ir acompañada de la prudencia. Es lo que quería decir.

Sexta pregunta, Nicole Winfield, de Associated Press, de los Estados Unidos, en nombre del grupo inglés:

Santo Padre, del grupo inglés. Quisiera preguntar de nuevo sobre los viajes de este año. Ya nos ha dicho que estaba previsto el viaje a América. Ha mencionado tres ciudades: Nueva York, Washington y Filadelfia. Después, con la canonización de Serra, nos preguntábamos si estaría prevista una etapa en California o ir a la frontera de México. Y, además, usted dijo a nuestra compañera Elisabetta Piqué que estaban previstos tres viajes o un viaje a tres países de Sudamérica. ¿Cuáles son? Y ¿piensa usted beatificar personalmente al arzobispo Romero, cuyo martirio ha sido reconocido recientemente? He terminado.

Papa Francisco: Comienzo por el final. La beatificación, se la disputarán el cardenal Amato y Mons. Paglia. Yo personalmente no. Las beatificaciones generalmente las celebra el cardenal del Dicasterio o algún otro.

De la última pregunta, pasamos a la primera: Estados Unidos. Sí, las tres ciudades son ésas: Filadelfia, para el Encuentro con las Familias, Nueva York –tengo ya la fecha de la visita a las Naciones Unidas, pero no me acuerdo– y Washington. Son estas tres. Me gustaría ir a California para hacer la canonización de Junípero Serra, pero el problema es el tiempo. Se necesitan dos días más. Pienso hacer la canonización en el Santuario de Washington. Es algo nacional. Creo que en Washington, en el Capitolio, hay una estatua de Junípero. Creo que es allí. Entrar en los Estados Unidos por la frontera con México sería lindo, como signo de hermandad y ayuda a los emigrantes, pero usted sabe que ir a México sin visitar a la Virgen es una tragedia y puede estallar una guerra. Además, se requerirían tres días más y no está claro del todo. Creo que serán solamente esas tres ciudades. Más tarde habrá tiempo para ir a México.

¿He olvidado algo? Ah, aunque todavía está en proyecto, los tres países latinoamericanos previstos para este año son: Ecuador, Bolivia y Paraguay. Estos tres. El año que viene, Deo volente, quisiera ir a Chile, Argentina y Uruguay, pero aún no hay nada previsto. Y falta Perú, que no sabemos dónde meterlo todavía. Así están las cosas.

Séptima pregunta, Carla Lim, del grupo filipino:

Buenos días, Santo Padre. Le agradezco el aliento que ha dado a mi país. De parte del pueblo de Filipinas, le doy las gracias. Perdone que no hable en italiano. Usted habló en algunos de sus discursos en Filipinas sobre la corrupción, dijo que la corrupción quita recursos al pueblo. ¿Qué puede hacer Su Santidad para luchar contra la corrupción, no sólo en los gobiernos, sino también quizás en la Iglesia?

Papa Francisco: ¡Es atrevida! Actualmente la corrupción en el mundo está a la orden del día y las actitudes corruptas anidan fácilmente en las instituciones. En una institución, con muchos sectores aquí y allá, con muchos jefes y subjefes, es muy fácil que pueda anidar la corrupción. Toda institución puede caer en esto. La corrupción es quitar algo al pueblo. La persona corrupta, que hace negocios corruptos, o gobierna de manera corrupta o se asocia con otros para un negocio corrupto, roba al pueblo. Las víctimas son los que él [indicando a Salvatore Izzo] vio junto al hotel de lujo: ellos son las víctimas de la corrupción. La corrupción no es algo cerrado en sí mismo: se mueve. Y mata. Actualmente la corrupción constituye un problema mundial. En una ocasión, en el año 2001, más o menos, pregunté al Jefe de Gabinete del Presidente en aquel momento –era un gobierno que no considerábamos demasiado corrupto, y era verdad–: “Dígame, de las ayudas que envían al interior del país, en efectivo o alimentos, ropa, ¿cuánto llega a su destino?”. Aquel hombre, que era un hombre auténtico, limpio, enseguida dijo: “El 35%”. Así me dijo. Era el año 2001, en mi patria.

Y ahora, la corrupción en las instituciones eclesiales. Cuando hablo de la Iglesia, de toda la Iglesia, me gusta decir los fieles, los bautizados. Y sería mejor decir los pecadores. Todos somos pecadores. Pero, cuando hablamos de la corrupción, nos referimos o a personas corruptas o a instituciones de la Iglesia que caen en la corrupción, y sí, hay casos, los hay. Recuerdo una vez, en el año 1994, apenas nombrado obispo del barrio de Flores en Buenos Aires, vinieron a verme dos empleados o funcionarios de un ministerio para decirme: “Usted tiene muchas necesidades aquí, con tantos pobres en las Villas miseria…”. “Ah, sí”, les dije, y les conté. “Nosotros podemos ayudarle. Si quiere, le podemos dar una ayuda de 400.000 pesos”. En aquel tiempo, había paridad uno a uno del peso con el dólar: 400.000 dólares. “¿De verdad lo harían?”. “Sí, sí”. Yo los escuchaba, porque ‘cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía’. Y añadieron: “Para poder hacerlo, nosotros lo depositamos y luego usted nos da la mitad”. En ese momento pensé: ¿Qué hago? Los insulto y les doy una patada donde nunca da el sol, o me hago el tonto. Y me hice el tonto. Dije –diciendo la verdad–, les dije: “Usted sabe que nosotros en las vicarías no tenemos cuenta; usted tiene que hacer el depósito en el Arzobispado con el recibo. Y allí está todo”. “Ah, no lo sabíamos… muchas gracias…”, y se marcharon. Pero después pensé: Si estos dos llegaron directamente, sin pedir permiso, es porque –es un mal pensamiento– alguno ha dicho que sí. Pero es un mal pensamiento. Es fácil caer en la corrupción. Pero recordemos esto: pecadores sí, corruptos no. Nunca corruptos. Tenemos que pedir perdón por esos católicos, esos cristianos, que escandalizan por su corrupción. Es una plaga en la Iglesia; pero hay muchos santos, y santos pecadores, pero no corruptos. Miremos también a la otra parte, a la Iglesia santa. Siempre hay alguno, pero… Gracias por haberse atrevido a hacer esta pregunta.

Octava pregunta, Anaïs Feuga, de “Radio France”, en nombre del grupo francés:

Estamos sobrevolando China. Cuando volvíamos de Corea, usted nos dijo que estaba dispuesto a ir a China al día siguiente. Teniendo en cuenta esas declaraciones, ¿nos podría explicar por qué no ha recibido al Dalai Lama que estuvo en Roma hace poco, y cómo están las relaciones con China?

Papa Francisco: Gracias por la pregunta. Es habitual en el protocolo de la Secretaría de Estado no recibir a Jefes de Estado o personalidades del mismo rango cuando están en Roma para asistir a reuniones internacionales. Por ejemplo, con ocasión de la reunión de la FAO no recibí a ninguno. Por eso, no ha sido recibido. Vi que algunos periódicos decían que no lo había recibido por miedo a Chica. No es verdad. En aquel momento, la razón era ésa. Pidió una audiencia y se fijó una fecha. Lo había pedido antes, pero no para ese momento, y estamos en contacto. Pero el motivo no fue por rechazo a la persona o por miedo a China. Nosotros estamos abiertos y queremos la paz con todos.

Y, ¿cómo van las relaciones? El gobierno chino es educado; también nosotros somos educados y hacemos las cosas paso a paso, como se hacen las cosas en la historia. Todavía no se sabe, pero ellos saben que estoy dispuesto a recibirlos o a ir. Lo saben.

Novena pregunta, Marco Ansaldo, de “La Repubblica”, por el grupo italiano:

Padre Santo, ha realizado un viaje entusiasmante, muy rico, lleno de cosas aquí, en Filipinas. Pero me gustaría dar un paso atrás, también porque el terrorismo ataca a la cristiandad, a los católicos, en muchas zonas del mundo. Lo hemos visto de nuevo últimamente, en estos días, en Níger, pero los ejemplos son muchísimos. En el último viaje que hicimos con usted, regresando de Turquía, hizo un llamamiento a los líderes islámicos, diciendo que sería necesario un paso, una intervención muy firme por parte de ellos. No creo que esta iniciativa haya sido considerada y asumida, a pesar de sus palabras. Hay algunos países musulmanes moderados –puedo poner tranquilamente como ejemplo Turquía– que tienen una postura sobre el terrorismo –citemos los casos de Isis o también “Charlie Hebdo”– cuando menos ambigua. No sé si, en este mes y medio, ha tenido manera de reflexionar o pensar sobre cómo proceder más allá de su invitación que no ha sido acogida y que, sin embargo, es importante. Usted, o alguien en su nombre, pienso en la Secretaría de Estado, veo aquí a Mons. Becciu y al mismo cardenal Parolin… porque se trata de un problema que va a seguir planteándose.

Papa Francisco: Aquel llamamiento se lo repetí también al Cuerpo Diplomático el mismo día que salimos hacia Sri Lanka, por la mañana. En el Discurso al Cuerpo Diplomático dije que esperaba que los líderes religiosos, políticos, académicos e intelectuales se expresasen al respecto. También el pueblo moderado islámico pide esto mismo a sus líderes. Algunos han hecho algo. Creo que es necesario dar un poco de tiempo porque para ellos la situación no es fácil. Tengo esperanza porque hay mucha gente buena entre ellos, muchos líderes buenos, y estoy seguro que llegará. Pero quisiera decir y subrayar que esto mismo lo repetí el día que comenzamos el viaje.

Décima pregunta, Cristoph Schmidt, del grupo alemán:

Santo Padre, antes que nada quisiera darle mil gracias por todos los momentos tan impresionantes de esta semana. Es la primera vez que le acompaño y me gustaría darle mil gracias. Mi pregunta: Usted ha dicho que en Filipinas hay muchos niños y que se alegraba de que hubiera tantos niños. Pero, según algunas encuestas, la mayoría de los filipinos cree que el enorme crecimiento de la población filipina es una de las razones más importantes de la gran pobreza del país, y una mujer filipina da a luz más de tres niños de media en su vida, y la postura católica sobre la contracepción parece ser de las pocas cuestiones en que un gran número de la gente de Filipinas no está de acuerdo con la Iglesia. ¿Qué piensa al respecto?

Papa Francisco: Creo que el número de tres hijos por familia, que usted menciona, según dicen los técnicos, es importante para mantener la población. Tres por pareja. Cuando se baja de esta media, se va al otro extremo, como sucede en Italia, donde he oído –no sé si será verdad– que en 2024 no habrá dinero para pagar las pensiones. El descenso de la población. Por eso, la palabra clave para responder es la que la Iglesia usa siempre, y también yo: “paternidad responsable”. ¿Cómo se hace esto? Con el diálogo. Cada persona, con su pastor, debe preguntarse cómo llevar a cabo esta paternidad responsable. El ejemplo que he mencionado hace un poco, de aquella señora que esperaba el octavo hijo y había dado a luz a siete mediante cesárea: esto es una irresponsabilidad. “No, yo confío en Dios”. “Pero mira, Dios te da los medios; sé responsable”. Algunos creen que, para ser buenos católicos, tenemos que ser –perdonen la expresión– como conejos. No. Paternidad responsable. Esto es claro y para ello están en la Iglesia los grupos matrimoniales, están los expertos en esta materia, están los pastores, y se busca. Conozco muchas soluciones lícitas que han ayudado en esto. Ha hecho bien en decírmelo.

Quisiera añadir otra cosa que no tiene nada que ver, pero que guarda relación con esto. Para la gente más pobre, un hijo es un tesoro. Es verdad, también hay que ser prudentes en esto. Pero, para ellos, un hijo es un tesoro. Dios sabe cómo ayudarlos. Puede ser que algunos no sean prudentes, es verdad. Paternidad responsable. Pero hay que tener en cuenta también la generosidad de ese padre y de esa madre que ven en cada hijo un tesoro.

Undécima pregunta, Elisabetta Piqué, del grupo español:

En representación del grupo español, dos preguntas. Ha sido un viaje conmovedor para todos: hemos visto llorar todo el tiempo en Tacloban; nosotros mismos los periodistas hemos llorado; usted dijo ayer que el mundo tiene necesidad de llorar. Ha sido todo muy fuerte. Quisiéramos preguntarle cuál ha sido para usted el momento más fuerte: la Misa en Tacloban y ayer cuando esa niña se puso a llorar… Ésa es la primera pregunta. Después, la segunda: usted ayer hizo historia, superó el record de Juan Pablo II: había 6/7 millones de personas. ¿Cómo vive esto? El cardenal Tagle nos contaba que, durante la Misa, en el altar, usted le preguntaba: “¿Cuánta gente hay?”. ¿Cómo vive haber superado ese record, haber entrado en la historia como el Papa que ha celebrado la Misa más numerosa de la historia?

Papa Francisco: La primera pregunta: el momento más fuerte. La Misa en Tacloban para mí ha sido fuerte, muy fuerte: ver a todo el pueblo de Dios allí en silencio, rezando tras esa catástrofe, pensar en mis pecados y en aquella gente… Ha sido muy fuerte, un momento muy fuerte. En el momento de la Misa, me sentí anonadado, casi no me salía la voz. No sé qué me pasó, quizás fuese la emoción, no sé, pero no sentí nada más. Es una especie de anonadamiento. Y además momentos fuertes han sido los gestos, todos los gestos. Cuando pasaba y un padre hacía así [hace el gesto de levantar un niño], daba la bendición, y él me decía gracias; para ellos bastaba la bendición. Pensaba: Y yo que tengo tantas pretensiones, que quiero esto, que quiero aquello… Esto me ha hecho bien. Momentos fuertes. Cuando supe que habíamos aterrizado en Tacloban con un viento de 70 km/h, me tomé en serio el aviso de que tenía que marchar a la una y no más tarde porque era peligroso. Pero no tuve miedo.

Por lo que se refiere a la presencia multitudinaria, me he sentido anonadado. Aquel era el pueblo de Dios y el Señor estaba allí. Es la alegría de la presencia de Dios que nos dice: Tengan presente que ustedes son servidores de estas personas… ellos son los protagonistas…

Después, la otra cosa, el llanto. Una de las cosas que se pierden cuando hay demasiado bienestar, o los valores no se comprenden bien, o nos habituamos a la injusticia, a esta cultura del descarte, es la capacidad de llorar. Es una gracia que hemos de pedir. Hay una hermosa oración en el Misal antiguo para pedir lágrimas. Decía así, más o menos: “Señor, tú que hiciste que Moisés hiciese salir agua de la roca con su bastón, haz que de la roca de mi corazón salga el agua del llanto”. Una oración bellísima. Nosotros los cristianos hemos de pedir la gracia de llorar, sobre todo los cristianos acomodados, y llorar por las injusticias y llorar por los pecados. Porque el llanto te permite comprender nuevas realidades o nuevas dimensiones de la realidad. Es lo que dijo la chica, también lo que le dije yo a ella. Fue la única que hizo la pregunta que no se puede responder: “¿Por qué sufren los niños?”. El gran Dostoievski se lo preguntaba, y no consiguió responder: ¿por qué sufren los niños? Ella, con su llanto: una mujer que lloraba. Cuando digo que es importante que las mujeres sean más tenidas en cuenta en la Iglesia, no es sólo para darles una función, de secretaria de un Dicasterio; eso puede ser. No, es para que nos digan cómo sienten y cómo ven la realidad, porque las mujeres ven desde una riqueza diferente, más grande. Otra cosa que quisiera subrayar aquí: lo que le dije al último chico [en el encuentro con los jóvenes], que realmente trabaja bien, da, organiza, ayuda a los pobres. Pero no olvidemos –le dije– que también nosotros tenemos que ser mendigos con respecto a ellos, porque los pobres nos evangelizan. Si quitamos a los pobres del Evangelio, no podemos comprender el mensaje de Jesús. Los pobres nos evangelizan. “Voy a evangelizar a los pobres”. Sí, pero déjate evangelizar por ellos, porque tienen valores que tú no tienes.

Muchas gracias por su trabajo. Lo valoro. Muchas gracias. Sé que es un sacrificio para ustedes.

 



© Copyright - Libreria Editrice Vaticana