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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS REPRESENTANTES DE LA CONFERENCIA DE RABINOS EUROPEOS,
DEL CONSEJO RABÍNICO DE AMÉRICA
Y DE LA COMISIÓN DEL GRAN RABINATO DE ISRAEL

Jueves 31 de agosto de 2017

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Queridos hermanos y hermanas:

Os dirijo con alegría un cordial saludo a todos vosotros, especialmente a los representantes de la Conferencia de Rabinos Europeos, del Consejo Rabínico de América y de la Comisión del Gran Rabinato de Israel en diálogo con la Comisión para las Relaciones religiosas con el Judaísmo de la Santa Sede. Agradezco al rabino Pinchas Goldschmidt sus amables palabras.

En nuestro camino común, gracias a la benevolencia del Altísimo, estamos atravesando un momento fecundo de diálogo. Versa en este sentido el documento «Entre Jerusalén y Roma», que habéis elaborado y que hoy recibo de vuestras manos. Es un texto que rinde reconocimientos particulares a la Declaración Conciliar Nostra aetate, que en su cuarto capítulo constituye para nosotros la «carta magna» del diálogo con el mundo judío: de hecho, su ejecución progresiva ha permitido que nuestras relaciones sean cada vez más amistosas y fraternales. Nostra aetate ha revelado que los inicios de la fe cristiana se encuentran ya, según el misterio divino de la salvación, en los patriarcas, en Moisés y en los profetas y que, siendo grande el patrimonio espiritual que tenemos en común, hay que promover entre nosotros un mutuo conocimiento y aprecio, sobre todo a través de estudios bíblicos y coloquios fraternos (cf n. 4). En el curso de las últimas décadas nos hemos podido acercar así, dialogando de modo eficaz y fructífero; hemos profundizado nuestro conocimiento recíproco e intensificado nuestros vínculos de amistad.

La Declaración «Entre Jerusalén y Roma» no esconde, sin embargo, las diferencias teológicas de nuestras tradiciones de fe. Aún así, expresa la firme voluntad de colaborar más estrechamente hoy y en el futuro. Vuestro documento se dirige a los católicos llamándolos «compañero, estrechos aliados, amigos y hermanos en la búsqueda común de un mundo mejor que pueda gozar de paz, justicia social y seguridad». Otro paso reconoce que «a pesar de las profundas diferencias teológicas, católicos y judíos comparten creencias comunes» y «la afirmación de que las religiones deben utilizar el comportamiento moral y la educación religiosa —no la guerra, la coacción o la presión social— para ejercitar la capacidad propia de influenciar e inspirar». Es muy importante esto: que pueda el Eterno bendecir e iluminar nuestra colaboración para que juntos podamos acoger y ejecutar cada vez mejor sus proyectos, «proyectos de paz y no de desgracia», para «un porvenir esperanza» (Jeremías 29, 11).

Con ocasión de vuestra grata visita, quisiera expresaros a vosotros y a vuestras comunidades mis mejores deseos para el nuevo año judío, que empezará en pocas semanas: Shanah towah! (¡Feliz año!). Os agradezco de nuevo por haber venido y os pido que os acordéis de mí en vuestras oraciones. Qusiera, finalmente, invocar con vosotros y sobre todos la bendición del Altísimo sobre el camino común de amistad y confianza que nos espera. Que en su misericordia, el Omnipotente nos conceda a nosotros y al mundo entero su paz. Shalom alechem!

 



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