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SALUDO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN LA REUNIÓN DEL COMITÉ PERMANENTE
PARA EL DIÁLOGO CON PERSONALIDADES RELIGIOSAS DE PALESTINA,
ORGANIZADA POR EL CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

Pequeña sala adyacente al Aula Pablo VI
Miércoles, 6 de diciembre de 2017

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Distinguidos señores y señoras:

Me complace recibir a su delegación que, invitada por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, ha venido al Vaticano para explorar los caminos con el fin de instituir un Grupo de trabajo permanente de diálogo entre ese dicasterio y la Comisión Palestina de Diálogo Interreligioso.

Si para la Iglesia Católica es siempre una alegría construir puentes de diálogo con comunidades, personas y organizaciones, ciertamente es una alegría especial hacerlo con personalidades religiosas e intelectuales palestinas.

Para nosotros, los cristianos, la Tierra Santa es la tierra por excelencia del diálogo entre Dios y la humanidad. Un diálogo culminado en Nazaret entre el ángel Gabriel y la Virgen María, un evento al que también se refiere el Corán.

El diálogo continúa después de manera singular entre Jesús y su pueblo en representación de toda la humanidad. De hecho, Jesús es la Palabra de Dios y su hablar con hombres y mujeres es, para retomar las palabras de un exponente musulmán, “el diálogo de Dios con la humanidad”.

El diálogo se instaura en todos los niveles: con uno mismo, a través de la reflexión y la oración, en la familia, en la comunidad religiosa, entre las diferentes comunidades religiosas y también con la sociedad civil. Su condición principal es el respeto mutuo y, al mismo tiempo, la aspiración a consolidar este respeto con el fin de reconocer a todas las personas, estén donde estén, sus derechos. Del diálogo surge un mayor conocimiento mutuo, una mayor estima mutua y una colaboración para el logro del bien común y para una acción sinérgica hacia los necesitados, brindándoles toda la asistencia necesaria.

Espero que sus consultas desemboquen en la creación de un espacio de diálogo sincero a favor de todas las componentes de la sociedad palestina, en particular de la cristiana, dada su exigua consistencia numérica y los desafíos a los que está llamada a responder, especialmente en lo que respecta a la emigración.

Soy consciente de la atención que las Autoridades del Estado de Palestina, en particular el Presidente Mahmoud Abbas, reservan a la comunidad cristiana, reconociendo su lugar y su papel en la sociedad palestina.

Invoco abundantes bendiciones sobre todos ustedes y deseo paz y prosperidad para el pueblo palestino, para Tierra Santa y para todo el Medio Oriente, tan querido para mí y para la Iglesia Católica.

 


Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 6 de diciembre de 2017.

 



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