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CONCLUSIÓN DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES
DEL SANTO PADRE Y DE LA CURIA ROMANA

PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO

Casa del Divino Maestro, Ariccia
Viernes, 23 de febrero de 2018

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Padre, quisiera agradecerle, en nombre de todos, por este acompañamiento en estos días, que hoy se prolongarán con la jornada de ayuno y oración por Sudán del Sur, el Congo y también Siria.

Gracias, padre, por habernos hablado de la Iglesia, por habernos hecho sentir la Iglesia, este pequeño rebaño. ¡Y también por habernos advertido de no «encogerlo» con nuestras mundanidades burocráticas! Gracias por habernos recordado que la Iglesia no es una jaula para el Espíritu Santo, que el Espíritu vuela también fuera y trabaja fuera. Y con las citaciones y las cosas que él nos ha dicho nos ha hecho ver cómo trabaja en nosotros creyentes, en los «paganos», en las personas de otras confesiones religiosas: es universal, es el Espíritu de Dios, que es para todos. También hoy hay «Cornelios» y «centuriones», «guardianes de la cárcel de Pedro» que viven una búsqueda interior o también saben distinguir cuando hay algo que llama. Gracias por esa llamada a abrirnos sin miedo, sin rigidez, por ser blandos en el Espíritu y no momificarnos en nuestras estructuras que nos cierran. Gracias, padre. Y continúe rezando por nosotros. Como decía la madre superiora a las hermanas: «¡Somos hombres!», pecadores, todos.

Gracias, padre. Y que el Señor le bendiga.

 



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