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PEREGRINACIÓN ECUMÉNICA DEL PAPA FRANCISCO
A GINEBRA CON OCASIÓN DEL 70 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN
DEL CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS

CONFERENCIA DE PRENSA DEL SANTO PADRE
DURANTE EL VUELO DE REGRESO A ROMA

Jueves, 21 de junio de 2018

[Multimedia]


 

Greg Burke:

Gracias. “Caminar, rezar, trabajar juntos” [Tema del viaje]. Hemos caminado, hemos rezado, varias veces, y ahora nos toca trabajar un poco ―y también comer, después―. Pero, se ve que caminar juntos da fruto: hoy, la acogida. Hemos visto que, después de tantos años de diálogo, hay respeto mutuo y algo más: está también la amistad. Pero hay todavía mucho trabajo por hacer y muchos desafíos, y esto nos afecta normalmente: los desafíos.

Quizá usted quiere decir algo antes…

Papa Francisco:

¡Gracias por vuestro trabajo! Ha sido una jornada un poco pesada, al menos para mí. Pero estoy contento. Estoy contento porque las diversas cosas que hemos hecho, tanto la oración al principio, como después el diálogo durante la comida ―que ha sido muy bonito― y después la misa, son cosas que me han hecho feliz. Cansan, pero son cosas buenas. Muchas gracias. Y ahora estoy a vuestra disposición.

Greg Burke:

Bien. Empezamos por los suizos: Arnaud Bédat, de la revista L’Illustré:

Arnaud Bédat:

Santo Padre, estuvo en Ginebra pero también en Suiza. ¿Qué imágenes, qué momentos importantes, fuertes, le han marcado durante esta jornada?

Papa Francisco:

Gracias. Creo que hay una palabra común: encuentro. Ha sido una jornada de encuentros. Variados. La palabra adecuada de la jornada es encuentro y, cuando una persona encuentra a otra y siente gusto por el encuentro, esto siempre toca el corazón. Han sido encuentros positivos, también bellos, empezando por el diálogo con el Presidente [de la Confederación Suiza] al inicio, que ha sido, no solo un diálogo de cortesía, normal, sino un diálogo profundo, sobre temas mundiales profundos y con una inteligencia que me ha impresionado. Empezando por esto. Después, los encuentros que todos vosotros habéis visto… Y lo que no habéis visto es el encuentro durante la comida, que ha sido muy profundo por la manera en que se han tocado tantos temas. Quizá el tema sobre el que más nos hemos detenido ha sido el de los jóvenes, porque todas las Confesiones están también preocupadas, en el buen sentido, por los jóvenes. Y el pre-sínodo que hubo en Roma, desde el 19 de marzo, llamó bastante la atención, porque eran jóvenes de todas las confesiones, también agnósticos y de todos los países. Pensad: 315 jóvenes presentes y otros 15.000 conectados que “entraban y salían”. Esto quizá ha despertado un interés especial. Pero la palabra que para mí quizás me resume la totalidad del viaje es que ha sido un viaje de encuentro. La experiencia del encuentro. No mera cortesía, nada puramente formal, sino encuentro humano. Y esto, entre protestantes y católicos es decirlo todo…Gracias.

Greg Burke:

Gracias, Santidad. Ahora del grupo alemán está Roland Juchem, de la agencia católica alemana CIC.

Roland Juchem:

Gracias, Santo Padre. Usted habla a menudo de pasos concretos que dar en el ecumenismo. Hoy, por ejemplo, lo indicó de nuevo diciendo: “Veamos lo que es posible hacer concretamente, en vez de desanimarnos por lo que no lo es”. Los obispos alemanes, últimamente, han decidido dar un paso [sobre la llamada “inter-Comunión”], y entonces nos preguntamos porqué el arzobispo Ladaria [Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe] ha escrito una carta que parece un poco como una frenada de emergencia. Después del encuentro del pasado 3 de mayo se había afirmado que los obispos alemanes debían encontrar una solución, posiblemente en unanimidad. ¿Cuáles serán los próximos pasos? ¿Será necesaria una intervención de parte del Vaticano para clarificar, o los obispos alemanes deberán encontrar un acuerdo?

Papa Francisco:

Bien. Esto no es una novedad, porque en el Código de Derecho Canónico está previsto aquello de lo que hablaban los obispos alemanes: la Comunión en casos especiales. Y ellos miraban al problema de los matrimonios mixtos: si es posible o no es posible. Sin embargo, el Código dice que el obispo de la Iglesia particular ―esta palabra es importante, particular, si es de una diócesis―, debe ocuparse de ello: está en sus manos. Esto está en el Código. Los obispos alemanes, porque habían visto que el caso no estaba claro y que algunos sacerdotes hacían cosas no de acuerdo con el obispo, han querido estudiar este tema y han hecho este estudio que ―no quiero exagerar― ha sido un estudio de más de un año; no lo sé muy bien, pero más de un año, bien hecho. Y el estudio es restrictivo: lo que los obispos querían es decir claramente lo que está en el Código. Y también yo, que lo he leído, digo: es un documento restrictivo. No era un “abrir a todos”. No. Era algo bien pensado con espíritu eclesial. Y han querido hacerlo para la Iglesia local: no la particular. No han querido. Y la cosa ha resbalado hasta allí, o sea, diciendo que es para la Conferencia Episcopal Alemana. Y aquí hay problema porque el Código no prevé eso. Prevé la competencia del obispo diocesano, pero no de la Conferencia episcopal. ¿Por qué? Porque algo aprobado en una conferencia episcopal se convierte inmediatamente en universal. Y esta ha sido la dificultad en la discusión: no tanto el contenido, sino esto. Enviaron el documento; después hubo dos o tres encuentros de diálogo y de clarificación; y el arzobispo Ladaria envió esa carta, pero con mi permiso; no lo hizo por su cuenta. Yo le dije: “Sí, es mejor dar un paso adelante y decir que el documento no está todavía maduro ―es lo que decía la carta― y que la cosa debía estudiarse más”. Después hubo otra reunión y al final estudiarán la cosa. Creo que éste será un documento orientativo, para que cada uno de los obispos diocesanos pueda gestionar lo que ya permite el Derecho Canónico. No ha habido ningún frenazo, no. Ha sido gestionar la cosa para que fuera por buen camino. Cuando visité la iglesia luterana de Roma, me hicieron una pregunta de este tipo y contesté según el espíritu del Código de Derecho Canónico; ese espíritu que ellos [los obispos] buscan ahora. Tal vez no hubo una información adecuada en los momentos adecuados, hubo un poco de confusión, pero este es el tema. En la Iglesia particular, el Código lo permite; la Iglesia local, no puede, porque sería universal. Esto es.

Roland Juchem:

¿La Iglesia local es la Conferencia?

Papa Francisco:

Es la Conferencia. Pero la Conferencia puede estudiar y dar líneas orientativas para ayudar a los obispos a gestionar los casos particulares. Gracias.

Greg Burke:

Ahora, del grupo español está Eva Fernández de la Cope, la Radio española.

Eva Fernández:

Gracias, Santo Padre. Hemos visto que también el Secretario general del Consejo Ecuménico de las Iglesias ha hablado de la ayuda a los refugiados. Recientemente hemos visto el incidente de la nave “Aquarius” y otros casos, como también la separación de las familias en Estados Unidos. ¿Cree que algunos gobiernos instrumentalizan el drama de los refugiados? Gracias.

Papa Francisco:

He hablado mucho sobre los refugiados y los criterios son los que ya he dicho: “acoger, proteger, promover, integrar”. Son criterios para todos los refugiados. Después he dicho que cada país debe hacer esto con la virtud del gobierno que es la prudencia, porque un país debe acoger tantos refugiados como pueda y tantos como pueda integrar: integrar, es decir, educar, dar trabajo… Esto, diría, es el plan tranquilo, sereno de los refugiados. Aquí estamos viviendo una oleada de refugiados que huyen de las guerras y del hambre. Guerras y hambre en muchos países de África, guerra y persecución en Oriente Medio. Italia y Grecia han sido muy generosas a la hora de acoger. Para Oriente Medio ―por cuanto respecta a Siria―, Turquía ha recibido muchos; Líbano, muchos: en Líbano hay tantos sirios como libaneses; y luego Jordania, y otros países. También España los había acogido. Existe el problema del tráfico de inmigrantes. Y también el problema de los casos en que vuelven, porque deben volver: existe este caso… No conozco bien los términos del acuerdo, pero si están en aguas de Libia deben volver… Y he visto las fotografías de las cárceles de los traficantes. Los traficantes separan inmediatamente a las mujeres de los hombres: mujeres y niños van Dios sabe dónde... Esto hacen los traficantes. Hay un caso que conozco, en que los traficantes se acercaron a un barco que había recogido a refugiados de las pateras y dijeron: “Dadnos a las mujeres y a los niños y llevaos a los hombres”. Esto hacen los traficantes. Y las cárceles de los traficantes, para los que vuelven, son terribles. En los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial se veían cosas como estas. Mutilaciones, torturas… Y luego los tiran a las fosas comunes. Por esto los gobiernos se preocupan de que no vuelvan ni caigan en las manos de esta gente. Hay una preocupación mundial. Sé que los gobiernos hablan de esto y quieren llegar a un acuerdo, también para modificar el Acuerdo de Dublín. En España habéis tenido el caso de esta nave que llegó a Valencia. Pero todo este fenómeno es un desorden. El problema de las guerras es difícil de resolver; también el problema de la persecución de cristianos, en Oriente Medio y también en Nigeria. Pero el problema del hambre se puede resolver. Y tantos gobiernos europeos están pensando en un plan de urgencia para invertir en esos países, invertir inteligentemente, para dar trabajo y educación ―estas dos cosas―, en los países de donde proceden estas personas. Porque, – sin ofender, pero es verdad – en el inconsciente colectivo hay un lema muy feo: “África es para ser explotada”. Esto está en el inconsciente: “¡Son africanos…!”. Tierra de esclavos. Y esto debe cambiar con este plan de inversiones, de educación, de desarrollo, porque el pueblo africano tiene muchas riquezas culturales, muchas. Y tienen una gran inteligencia: los niños son muy inteligentes y pueden, con una buena educación, ir más allá. Este será el camino a medio plazo. Pero, por el momento los gobiernos deben ponerse de acuerdo para salir adelante de esta emergencia. Esto aquí, en Europa.

Vamos a América. En América hay un problema migratorio grande, en América Latina, y está también el problema migratorio interno. En mi patria hay un problema migratorio del norte al sur; la gente deja el campo porque no hay trabajo y va a las grandes ciudades, y están estas megalópolis, los barrios de chabolas, y todas estas cosas… Pero también hay una migración exterior hacia otros países que dan trabajo. Hablando concretamente, hacia Estados Unidos. Yo estoy de acuerdo con lo que dicen los obispos de ese país. Estoy de su parte. Gracias.

Greg Burke:

Gracias, Santidad. Ahora, el grupo inglés: Deborah Castellano Lubov, de la agencia Zenit.

Deborah Castellano Lubov:

Gracias, Santidad. Santidad, en su discurso de hoy en el Encuentro ecuménico, usted hizo referencia a la enorme fuerza del Evangelio. Sabemos que algunas de las Iglesias, del World Council of Churches, son llamadas “Iglesias de la paz”, que creen que un cristiano no puede usar la violencia. Recordemos que hace dos años, en el Vaticano, hubo una conferencia organizada para reconsiderar la doctrina de la “guerra justa”. Entonces, Santidad, la pregunta es si usted cree que la Iglesia Católica debe unirse a estas llamadas “Iglesias de la paz” y dejar de lado la teoría de la “guerra justa”. Gracias.

Papa Francisco:

Una aclaración: ¿Por qué dice que hay “Iglesias de la paz”?

Deborah Castellano Lubov:

Son consideradas “Iglesias de la paz” porque tienen la concepción de que una persona que usa la violencia ya no puede ser considerada cristiana.

Papa Francisco:

Gracias. Lo he entendido. Usted ha metido el dedo en la llaga… Hoy en el almuerzo un pastor dijo que tal vez el primer derecho humano es el derecho a la esperanza, y eso me gustó, y tiene que ver con este tema. Hemos hablado sobre la crisis de los derechos humanos hoy. Creo que debo comenzar con esto para pasar a su pregunta. La crisis de los derechos humanos parece clara. Se habla un poco de derechos humanos, pero muchos grupos o algunos países, toman distancia. Sí, tenemos derechos humanos, pero… no existe la fuerza ni el entusiasmo ni la convicción, no digo ya de hace 70 años, sino de hace 20 años. Y esto es grave porque debemos ver las causas. ¿Cuáles son las causas por las que hemos llegado a esto? Que hoy los derechos humanos son relativos. También el derecho a la paz es relativo. Es una crisis de derechos humanos. Esto creo que debemos pensarlo a fondo.

Después, las llamadas “Iglesias de la paz”. Creo que todas las Iglesias que tienen este espíritu de paz deben reunirse y trabajar juntas, como hemos dicho en los discursos de hoy, tanto yo como las otras personas que han hablado, y en el almuerzo también se ha hablado. La unidad por la paz. Hoy la paz es una exigencia porque existe el riesgo de una guerra… Alguien ha dicho: Esta tercera guerra mundial, si se combate no sabemos con qué armas se combatirá, pero si hubiese una cuarta, se combatiría con bastones porque la humanidad estará destruida. El compromiso por la paz es algo serio. Cuando se piensa en el dinero que se gasta en armamento… Por eso las “Iglesias de la paz”: ¡pero es el mandato de Dios! La paz, la fraternidad, la humanidad unida… Y todos los conflictos no se deben resolver como Caín, sino con la negociación, con el diálogo, con la mediación. Por ejemplo, estamos en crisis de mediación. La mediación, que es una figura jurídica valiosa, hoy está en crisis. Crisis de esperanza, crisis de derechos humanos, crisis de mediación, crisis de paz. Pero luego, si usted dice que hay “Iglesias de la paz”, yo me pregunto: ¿hay “Iglesias de la guerra”? Es difícil entenderlo. Es difícil, pero ciertamente hay algunos grupos, y yo diría en casi todas las religiones, grupos pequeños, simplificando un poco diré “fundamentalistas”, que buscan la guerra. También nosotros católicos tenemos alguno, que busca siempre la destrucción. Y esto es muy importante tenerlo ante los ojos. No sé si he respondido.

Me dicen que la gente pide la cena; que queda el tiempo justo para llegar con el estómago lleno…

Solo quiero decir una palabra con claridad: Hoy ha sido una jornada ecuménica, específicamente ecuménica. Y en el almuerzo hemos dicho algo hermoso, que les dejo a ustedes para que reflexionen y piensen en ello: En el movimiento ecuménico debemos quitar del diccionario una palabra: proselitismo. ¿Está claro? No puede haber ecumenismo con proselitismo; hay que escoger: o eres de espíritu ecuménico o eres un “proselitista”.

Gracias. Yo seguiría hablando, porque me gusta, pero…

Y ahora, vamos a llamar al Sustituto porque es el último viaje que hace con nosotros, porque ahora cambiará de “color” [convirtiéndose en cardenal], ¡pero no por vergüenza! Queremos despedirlo y habrá una tarta sarda para celebrarlo.

Monseñor Becciu:

¡Gracias! Es una doble sorpresa, llamarme aquí y darme las gracias frente a vosotros. Y además una tarta de Cerdeña, ¡bien! La probaremos con gusto. Doy las gracias al Santo Padre por esta ocasión, pero por todo, por todo, porque me ha dado esta maravillosa experiencia de viajar tanto con él. Al principio, me había asustado, dijo: “No, yo haré pocos viajes”, ¿se acuerda? Y luego, después de uno, añadía otro y otro, y nos dijimos: “¡Menos mal que había dicho que serían pocos!” ¡Y han sido muchos! Una experiencia magnífica: ver al Santo Padre difundir valientemente la Palabra de Dios. Mi servicio ha sido solamente este: ayudarle en esto. Gracias a todos vosotros y a los que nos han ayudado, gracias.

Papa Francisco:

Buen apetito, buena cena y muchas gracias. Y rezad por mí, por favor. Gracias.

 



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