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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 30 de abril de 1980

 

La doctrina bíblica sobre la triple concupiscencia

1. Durante nuestra última reflexión hemos dicho que las palabras de Cristo en el Sermón de la Montaña hacen referencia directamente al "deseo" que nace inmediatamente en el corazón humano; indirectamente, en cambio, esas palabras nos orientan a comprender una verdad sobre el hombre, que es de importancia universal.

Esta verdad sobre el hombre "histórico", de importancia universal, hacia la que nos dirigen las palabras de Cristo tomadas de Mt 5, 27-28, parece que se expresa en la doctrina bíblica sobre la triple concupiscencia. Nos referimos aquí a la concisa fórmula de la primera Carta de San Juan 2, 16-17: "Todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre". Es obvio que para entender estas palabras hay que tener muy en cuenta el contexto en el que se insertan, es decir, el contexto de toda la "teología de San Juan", sobre la que se ha escrito tanto [1]. Sin embargo, las mismas palabras se insertan, a la vez, en el contexto de toda la Biblia; pertenecen al conjunto de la verdad revelada sobre el hombre, y son importantes para la teología del cuerpo. No explican la concupiscencia misma en su triple forma, porque parecen presuponer que "la concupiscencia del cuerpo, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida" sean, de cualquier modo, un concepto claro y conocido. En cambio, explican la génesis de la triple concupiscencia al indicar su proveniencia no "del Padre", sino "del mundo".

2. La concupiscencia de la carne y, junto con ella, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida está "en el mundo" y, a la vez, "viene del mundo", no como fruto del misterio de la creación, sino como fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (cf. Gén 2, 17) en el corazón del hombre. Lo que fructifica en la triple concupiscencia no es el "mundo" creado por Dios para el hombre, cuya "bondad" fundamental hemos leído más veces en Gén 1: "Vio Dios que era bueno... era muy bueno". En cambio, en la triple concupiscencia fructifica la ruptura de la primera Alianza con el Creador, con Dios-Elohim, con Dios-Yahvé. Esta Alianza se rompió en el corazón del hombre. Sería necesario hacer aquí un análisis cuidadoso de los acontecimientos descritos en Gén 3, 1-6. Sin embargo, nos referimos sólo en general al misterio del pecado, en los comienzos de la historia humana. Efectivamente, sólo como consecuencia del pecado, como fruto de la ruptura de la Alianza con Dios en el corazón humano —en lo íntimo del hombre—, el "mundo" del libro del Génesis se ha convertido en el "mundo" de las palabras de San Juan (1, 2, 15-16): lugar y fuente de concupiscencia.

Así, pues, la fórmula según la cual, la concupiscencia "no viene del Padre, sino del mundo" parece dirigirse una vez más hacia el "principio" bíblico. La génesis de la triple concupiscencia, presentada por Juan, encuentra en este principio su primera y fundamental dilucidación, una explicación que es esencial para la teología del cuerpo. Para entender esa verdad de importancia universal sobre el hombre "histórico" contenida en las palabras de Cristo durante el sermón de la montaña (cf. Mt 5, 27-28), debemos volver una vez más al libro del Génesis, detenernos una vez más "en el umbral" de la revelación del hombre "histórico". Esto es tanto más necesario cuanto que este umbral de la historia de la salvación es, al mismo tiempo, umbral de auténticas experiencias humanas, como comprobaremos en los análisis sucesivos. Allí revivirán los mismos significados fundamentales que hemos obtenido de los análisis precedentes, como elementos constitutivos de una antropología adecuada y substrato profundo de la teología del cuerpo.

3. Puede surgir aún la pregunta de si es lícito trasladar los contenidos típicos de la teología de San Juan, que se encuentra en toda la primera Carta (especialmente en 1-2, 15-16), al terreno del sermón de la montaña según Mateo, y precisamente de la afirmación de Cristo tomada de Mt 5, 27-28 ("Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón"). Volveremos a tocar este tema más veces: a pesar de esto, hacemos referencia desde ahora al contenido bíblico general, al conjunto de la verdad sobre el hombre, revelada y expresada en ella. Precisamente, en virtud de esta verdad, tratamos de captar hasta el fondo al hombre que indica Cristo en el texto de Mt 5, 27-28, es decir, al hombre que "mira" la mujer "deseándola". Esta mirada, en definitiva, ¿no se explica acaso por el hecho de que el hombre es precisamente un "hombre de deseo", en el sentido de la primera carta de San Juan; más aún, que ambos, esto es, el hombre que mira para desear a la mujer que es objeto de tal mirada, se encuentran en la dimensión de la triple concupiscencia, que "no viene del Padre, sino del mundo"? Es necesario, pues, entender lo que es esa concupiscencia, o mejor, lo que es ese bíblico "hombre de deseo", para descubrir la profundidad de las palabras de Cristo según Mt 5, 27-28, y para explicar lo que signifique su referencia, tan importante para la teología del cuerpo, al "corazón" humano.

4. Volvamos de nuevo al relato yahvista, en el que el mismo hombre, varón y mujer, aparece al principio como hombre de inocencia originaria —antes del pecado original— y luego como aquel que ha perdido esta inocencia, quebrantando la alianza originaria con su Creador. No intentamos hacer aquí un análisis completo de la tentación y del pecado, según el mismo texto de Gén 3, 15, la correspondiente doctrina de la Iglesia y la teología.

Solamente conviene observar que la misma descripción bíblica parece poner en evidencia especialmente el momento clave, en que en el corazón del hombre se puso en duda el don. El hombre que toma el fruto del "árbol de la ciencia del bien y del mal" hace, al mismo tiempo, una opción fundamental y la realiza contra la voluntad del Creador, Dios Yahvé, aceptando la motivación que le sugiere el tentador: "No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis, se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal"; según traducciones antiguas: "seréis como dioses, conocedores del bien y del mal" [2]. En esta motivación se encierra claramente la puesta en duda del don y del amor, de quien trae origen la creación como donación. Por lo que al hombre se refiere, él recibe en don "al mundo" y, a la vez, la "imagen de Dios", es decir, la humanidad misma en toda la verdad de su duplicidad masculina y femenina. Basta leer cuidadosamente todo el pasaje del Gén 3, 15 para determinar allí el misterio del hombre que vuelve las espaldas al "Padre" (aún cuando en el relato no encontremos este apelativo de Dios). Al poner en duda, dentro de su corazón, el significado más profundo de la donación, esto es, el amor como motivo específico de la creación y de la Alianza originaria (cf. especialmente Gén 3, 5), el hombre vuelve las espaldas al Dios-Amor, al "Padre". En cierto sentido lo rechaza de su corazón. Al mismo tiempo, pues, aparta su corazón y como si lo cortase de aquello que "viene del Padre": así, queda en él lo que "viene del mundo".

5. "Abriéronse los ojos de ambos, y viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores (Gén 3, 7). Esta es la primera frase del relato yahvista que se refiere a la "situación" del hombre después del pecado y muestra el nuevo estado de la naturaleza humana. ¿Acaso no sugiere también esta frase el comienzo de la "concupiscencia" en el corazón del hombre? Para dar una respuesta más profunda a esta pregunta, no podemos quedarnos en esa primera frase, sino que es necesario volver a leer todo el texto. Sin embargo, vale la pena recordar aquí lo que se dijo en los primeros análisis sobre el tema de la vergüenza como experiencia "del límite" [3]. El libro del Génesis se refiere a esta experiencia para demostrar la "línea divisoria" que existe entre el estado de inocencia originaria (cf. especialmente Gén 2, 25 al que hemos dedicado mucha atención en los análisis precedentes) y el estado de situación de pecado del hombre al "principio" mismo. Mientras el Génesis 2, 25 subraya que "estaban desnudos... sin avergonzarse de ello", el Génesis 3, 6 habla explícitamente del nacimiento de la vergüenza en conexión con el pecado. Esa vergüenza es como la fuente primera del manifestarse en el hombre —en ambos, varón y mujer—, lo que "no viene del Padre, sino del mundo".


[1] Cf. p. es.: J. Bonsirven, Epitres de Saint Jean, París 1954 (Beauchesne), págs. 113-119; E. Brooke, Critical and Exegetical Commentary on the Johannine Epistles (International Critical Commentary), Edimburgo 1912 (Clark), págs. 47-49; P. De Ambroggi, Le Epistole Cattoliche, Turín 1947 (Marietti), págs. 216-217; C. H. Dodd, The Johannine Epistles (Moffatt New Testament Commentary), Londres 1946, págs. 41-42; J. Houlden, A Commentary on the Johannine Epistles, Londres 1973 (Black), págs. 73-74; B. Prete, Lettere di Giovanni, Roma 1970 (Ed. Paulinas), pág. 61; R. Schnackenburg, Die Johannesbriefe, Friburgo 1953 (Herders Theologischer Kommentar zum Neuen Testament), págs. 112-115; J. R. W. Stott, Epistles of John (Tyndale New Testament Commentaries), Londres 1969, págs. 99-101.

Sobre el tema de la teología de Juan, cf. en particular A. Feuillet, Le mystère de l' amour divin dans la théologie johannique, París 1972 (Gabalda).

[2] El texto hebreo puede tener ambos significados, porque dice: "Sabe Elohim que el día en que comáis de él (del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal) se abrirán vuestros ojos y seréis como Elohim, conocedores del bien y del mal". El término elohim es plural de eloah ("pluralis excellentiae").

En relación a Yahvé, tiene un significado particular: pero puede indicar el plural de otros seres celestes o divinidades paganas (por ejemplo, Sal 8. 6; Ex 12, 12; Jue 10, 16; Os 31, 1 y otros).

Aducimos algunas versiones:

— Italiano: "diverreste come Dio, conoscendo il bene e il male." (Pont. Inst. Bíblico, 1961).

— Francés: "...vous serez comme des dieux, qui connaissent le bien et le mal" (Biblia de Jerusalén, 1973).

— Ingles: "you will be like God, knowing good and evil" (Versión Standard revisada, 1966).

— Español: "seréis como dioses, conocedores del bien y del mal" (S. Ausejo, Barcelona, 1964).

"Seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal" (A. Alonso-Schökel, Madrid, 1970).

[3] Cf. la audiencia general del 12 de diciembre de 1979 (L´Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 16 de diciembre de 1979, pág. 3).

 


Saludos

(A los delegados diocesanos y beneficiarios del Socorro Católico)

Quiero dedicar un saludo caluroso a los dos mil peregrinos franceses, delegados diocesanos y beneficiarios del Socorro Católico, cuya labor caritativa se despliega tan maravillosamente desde hace más de treinta años, en unión con las otras Caritas del mundo. Subrayo al mismo tiempo sus iniciativas de ayudas numerosas, ingeniosas y eficaces, y su empeño por educar a la caridad en el surco del tan llorado mons. Jean Rodhain.

Queridos amigos: Os cuadra bien la palabra de San Pablo: "Caritas Christi urget nos" (2 Cor 5, 14). No hay desgracia que os sea indiferente. Y sacáis esta caridad de su misma fuente, de Jesucristo. Sabéis reconocerlo cuando os hace señas en quien no tiene pan o vestido, en el anciano o extranjero, en el que se halla enfermo o en la cárcel (cf. Mt 25, 34-40). Dejáis para otros las disertaciones sobre la pobreza y sobre las posibles reformas necesarias para su plan; vosotros os dedicáis a las miserias reales y actuales de todos los marginados de nuestro tiempo, pues la caridad no espera.

Lo hacéis en vuestro país, donde os es necesario estar atentos a las nuevas pobrezas; la situación de los parados ha ocupado particularmente vuestra atención. Pero, al mismo tiempo, para vosotros la caridad tiene siempre dimensión universal; queréis aportar ayuda concreta a los dramas producidos por el hambre, la guerra y las catástrofes, y abrir el corazón de vuestros compatriotas a estos dramas. Os felicito en especial por vuestra preocupación por los refugiados del mundo y, más concretamente, del Sudeste Asiático, cuya situación harto precaria conocéis bien.

En fin, para vosotros la ayuda que prestáis entra en la promoción humana de toda la persona. Aliento vuestro afán de no hacer del hombre un mero asistido y ayudarle, en cambio, a asumir él mismo propia promoción. En resumen, queréis la dignidad de vuestros hermanos, y esto es amor.

Gracias en nombre de estos amigos amados y asistidos, gracias en nombre de la Iglesia que reconoce en ello el testimonio que está obligada a dar. Que esta cadena de solidaridad se extienda cada vez más en el mundo, en particular con las generaciones jóvenes. De todo corazón os bendigo.

(En inglés)

Pasado mañana comienzo mi visita pastoral a África. Por ello saludo con especial cordialidad a los africanos aquí presentes. Pienso en particular en el grupo de Uganda, uno de la serie de grupos de ese país que comenzaron a llegar la semana pasada. Gracias por haber venido hoy aquí. Dios os bendiga a vosotros y a vuestros seres queridos. Dios bendiga a vuestro país y a Africa entera.

(En alemán)

Saludo muy cordialmente al grupo de peregrinos del "Servicio católico de colonización", presentes aquí con el obispo auxiliar de Münster, mons. Wilhelm Wöste. Os doy mi enhorabuena en el 50 aniversario de vuestra Asociación, aniversario que habéis querido celebrar aquí en Roma. Las muchas empresas católicas que habéis llevado adelante han permitido en las últimas décadas, con la erección de viviendas sociales, que numerosas familias, y en especial un grandísimo número de jóvenes y niños encontraran su propio hogar, ayudándoles así a poder llevar una vida familiar en espíritu cristiano. Este servicio a la familia, que es al mismo tiempo un servicio a la vida y una ayuda para la comunión eclesial, merece una expresión sincera de aprobación y gratitud. Os animo de corazón a proseguir vuestra tarea y pido para vosotros, con mi bendición apostólica, la asistencia y continua protección de Dios.

Otro cordial saludo de bienvenida dirijo a los miembros aquí presentes de la "Asociación central de joyeros, plateros y orfebres" de la República Federal de Alemania. Me alegro de vuestra visita y agradezco vuestro afectuoso homenaje con el que manifestáis vuestro aprecio a mis meditaciones escénicas sobre el sacramento del matrimonio en el libro "El taller del orfebre". Con mis mejores deseos y con mi bendición apostólica, mi corazón os acompaña a vosotros y vuestro trabajo en esa profesión siempre digna de estima.

(A los miembros de la Asociación católica de padres de familia de la diócesis de Vitoria)

Con gran afecto saludo al grupo compuesto por los miembros de la Asociación Católica de Padres de Familia de la Diócesis de Vitoria, España

Sé que en la base de vuestro programa como Asociación está la promoción y salvaguardia de los valores cristianos y humanos de la familia. Continuad, amadísimos hermanos y hermanas, en ese meritorio y valioso esfuerzo. Y procurad ante todo que en vuestros propios hogares tenga Dios el lugar que le corresponde y que sea la constante inspiración para la educación de vuestros hijos en la fe, en el camino de la rectitud moral, del respeto y convivencia cívica.

Con estos deseos bendigo de corazón a vosotros, a vuestros familiares y a los miembros de vuestra Asociación.

(A los miembros del Movimiento "Cursillos de Cristiandad")

Está presente en esta audiencia un nutrido grupo de miembros de "Cursillos de Cristiandad". A vosotros mi saludo cordial; hijos queridísimos. Vuestro Movimiento, que celebró hace poco los treinta a años de fundación, se propone suscitar en los cristianos el compromiso de vivir con coherencia la propia fe, sea individualmente o como comunidades, y de llevar este fermento a los ambientes que frecuentan. Se trata de descubrir de nuevo la verdad explosiva del mensaje evangélico, es decir, que Dios, Padre de todos, nos ha salido al encuentro en Jesucristo para reunirnos, mediante la gracia del Espíritu, en una sola familia que es la Iglesia. En ella y ya desde ahora podemos hacer experiencia verdadera, si bien inicial, del amor que será la fuente inagotable del gozo sin fin en el cielo. Aquí está la síntesis de todo el cristianismo. Dejaos conquistar cada vez más y sed apóstoles infatigables de vuestro ambiente; en realidad, éste es el anuncio que espera todo corazón humano, aun sin saberlo. Os acompañe mi bendición apostólica en prenda de la gracia divina en la que cada uno de vosotros se esfuerza por vivir siempre.

(A los peregrinos de Croacia)

Saludo a todos los peregrinos de Croacia y en particular al grupo de jóvenes presididos por el padre jesuita Bozidar Nagy y el padre conventual Marijam Tolj, que han venido a Roma, a la Ciudad Eterna, para conmemorar la peregrinación que trajo a Roma el difunto profesor y doctor, el Siervo de Dios Ivan Merz. Vosotros os habéis comprometido a seguir los pasos de este gran laico.

Saludo también a los peregrinos que han venido con ocasión del jubileo d San Benito, Patrono de Europa, presididos por el abad benedictino p. Martin Kirigin y el padre franciscano Rok Tomic Los ideales de San Benito tienen gran importancia también para la Europa de hoy.

Mis queridos croatas: Seguid siempre a Jesucristo, a la Madre celestial, María a la Santa Iglesia. Cuando volváis vuestras casas recordad y decid que el Papa os ama y bendice complacido a todos vosotros y a vuestros seres queridos.

(A los peregrinos de la diócesis de Gravina, Italia)

Con el mismo espíritu de gratitud acojo a los peregrinos de la diócesis de Gravina, venidos a Roma para recordar a mi predecesor Benedicto XIII, ilustre conciudadano suyo, con ocasión del 250 aniversario de su muerte; y tengo el gusto de ver unidos a ellos a los fieles de la prelatura de Altamura y Acquaviva delle Fonti, presididos por mons. Salvatore Isgró, Pastor de ambos comunidades eclesiales. Queridísimos hijos: Al agradecer a todos esta muestra de homenaje filial y afecto, os exhorto a que vuestro testimonio cristiano en cada familia y en la sociedad sea cada vez más generoso y ferviente, con creciente espíritu de cohesión fraterna, para que se manifieste en vosotros la victoria de Cristo resucitado. Con este deseo os bendigo de corazón a vosotros, vuestras familias y todas vuestras personas queridas.

(A los guardias forestales italianos)

Dirijo un saludo especial a los miembros de la "Asociación nacional de suboficiales y guardias forestales", que se han reunido en Roma para su segundo Congreso nacional, en el que participan también las delegaciones de las Asociaciones forestales europeas.

Queridísimos: La Iglesia aprecia vuestro compromiso de conocer y dar a conocer cada vez mejor la naturaleza y sus recursos, para amarla como don de Dios y medio de vida, y sobre todo para custodiarla y defenderla. Invoco de corazón para vosotros la ayuda del Señor, por intercesión de vuestro protector San Juan Gualberto y de San Francisco de Asís, designado recientemente, como sabéis, "Patrono de la ecología".

Os acompañe siempre mi bendición apostólica.

(A la Archicofradía de la Misericordia de Florencia)

Deseo dirigir ahora una palabra particular de saludo al grupo de miembros de la Venerable Archicofradía de la Misericordia de Florencia, que han venido tan numerosos a esta audiencia general.

Queridísimos: os agradezco vuestra presencia, que manifiesta ciertamente devoción y adhesión a la Sede de Pedro y a su Sucesor; pero sobre todo me complace el testimonio de caridad que dais a través de la activa, voluntaria y desinteresada participación en múltiples iniciativas asistenciales promovidas por vuestro benemérito, secular sodalicio, que, nacido de una auténtica matriz cristiana. conserva todavía hoy plena validez. Es conocida la gloriosa y antigua historia de la obra florentina que lleva el nombre de "Misericordia", para referirse precisamente a la virtud cristiana, florecida de la caridad, que quiere promover entre los asociados, y para indicar las obras de misericordia que trata de realizar hacia los que se encuentran en todo género de necesidad material y espiritual. Muy gustosamente expreso el deseo de que vuestra "Venerable Archicofradía de la Misericordia" y todas las otras "Misericordias" toscanas puedan continuar su obra benéfica, según la originaria inspiración cristiana, recordando siempre la enseñanza del Señor en el sermón de la montaña: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5, 7).

Con estos sentimientos os animo en vuestro generoso compromiso de caridad y os bendigo a todos los aquí presentes, a vuestros familiares y a todos los socios de vuestro benemérito sodalicio.

(A los participantes en un curso sobre Método de Ovulación Billings)

Dirijo un saludo particular a los participantes en el curso de formación sobre el Método de Ovulación Billings, que se está celebrando en el Auditorium de la Universidad Católica del Sagrado Corazón.

Queridísimos: Me congratulo con vosotros del afán generoso que ponéis en promover una regulación de la natalidad que respete la ley de Dios y, por consiguiente, la auténtica dignidad del hombre. No os desalienten las dificultades que podáis encontrar en vuestro camino. Servís al hombre, causa nobilísima por la que es muy justo afanarse incluso a costa de vuestra persona. Os bendigo a todos con particular efusión del corazón.

(A los peregrinos de la parroquia romana de San Pío V)

Me complazco en dirigir un saludo afectuoso a los miembros de la peregrinación de la parroquia romana de San Pío V, que están celebrando la fiesta litúrgica de su patrono celestial, que tanto amó y trabajó por la Iglesia; con tal ocasión han querido con gran amabilidad devolverme la visita que les hice el 28 de octubre pasado.

(A los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados)

Un saludo paterno va ahora a vosotros, jóvenes presentes en esta audiencia, tan queridos siempre para mí, pues con vuestro mundo lleno de vida y entusiasmo representáis una gran  esperanza para la Iglesia de Dios.

"Los jóvenes ejercen —dice el Concilio— una fuerza de extraordinaria importancia en la sociedad actual" (Apostolicam actuositatem, 12). Sed conscientes de esta gran realidad y, ante todo, dad muestras de plena responsabilidad, de entrega al cumplimiento de vuestros deberes y de entusiasmo generoso en el desempeño de la misión de cada uno.

En este programa de vida os ayude la Virgen María que nos ofrece, en el próximo mes de mayo dedicado a Ella, el ejemplo de sus virtudes. Y a la vez os bendigo de todo corazón.

Dedico una palabra especial de saludo y ánimo a todos los enfermos aquí presentes, a cuya meditación quisiera ofrecer al principio del mes de mayo, la imagen de la Virgen al pie de la cruz.

"Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre" (Jn 19, 25). La Virgen ha participado, de modo del todo particular, con su dolor de Madre en la pasión ele Jesús, cooperando íntimamente a la salvación del género humano. Como María, cada uno de nosotros puede y debe unirse a Jesús paciente, a fin de ser parte activa con su dolor en la redención del inundo actuada por El en el misterio pascual.

Con estos deseos os acompañe a vosotros y a cuantos os atienden en vuestra oblación diaria, mi bendición confortadora que adquiere más valor por la ayuda de María.

Es siempre grata la presencia del grupo de recién casados. También a vosotros invito a mirar a María en su vida de Nazaret e imitarla a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II: "...hechos a imagen de Dios vivo, estén unidos con un mismo cariño, idéntico modo de pensar e igual santidad" (cf. Gaudium et spes, 52). En la pobre casa de Nazaret, María se entregó plenamente a Jesús junto con José. Esta es vuestra vocación de esposos cristianos: santificaras amándoos recíprocamente en el amor de Cristo.

Para que podáis cumplir esta misión cristiana, pido al Señor y a la Virgen María que os sostenga en vuestras responsabilidades y os proteja en las pruebas y peligros. Os doy de corazón la bendición apostólica, que hago extensiva gustosamente a todos vuestros seres queridos.

 

* * *

(Antes de despedirse de los fieles, Juan Pablo II expresó su alegría por la liberación de los rehenes de Bogotá, pronunciando este breve discurso)

Quiero haceros partícipes también a vosotros; amadísimos hermanos y hermanas aquí presentes, del profundo consuelo que he tenido al recibir la noticia de la liberación de todos los rehenes que estaban detenidos desde hacía dos meses en la Embajada de la República Dominicana en Bogotá. Como sabéis, entre los Representantes diplomáticos de varios países, se encontraba también el Nuncio Apostólico, mons. Angelo Acerbi. Representante de la Santa Sede en Colombia; llegó ayer a Roma y he tenido la alegría de abrazarlo de nuevo.

Juntos demos gracias al Señor por este final que tanto se deseaba y era esperado por todos desde hacía tanto tiempo; y démosle gracias sobre todo porque se ha verificado sin daños irreparables ni a las personas ni a las naciones en sus recíprocas relaciones de paz. Es un gozo para mi y un gozo pata toda la humanidad, porque es una afirmación de los bienes grandes y verdaderos que deben garantizarse a toda costa.

Este aspecto humano es el que sobre todo merece ponerse en evidencia en una circunstancia tan grávida de consecuencias y que podía terminarse incluso trágicamente, y tan rica en conmovedores detalles humanitarios; y que en cambio ha terminado felizmente.

Los largos sufrimientos de quien ha pasado por una experiencia tan dramática; las privaciones, fáciles de intuir, de los interminables días de encierro; el ansia de las familias tan queridas y de cada Gobierno; todo queda reducido ahora a un mal recuerdo ante la realidad consoladora que ha tenido lugar.

Hay de verdad motivos para alegrarse cuando triunfan finalmente la razón, la solidaridad, la voluntad efectiva de paz, el respeto de la dignidad humana y la observancia del derecho de gentes, ratificado por tratados referentes a los representantes de los pueblos, considerados personas sagradas e inviolables.

Al agradecer ardientemente al Señor este final feliz, le pedimos que se llegue a encontrar solución, igualmente positiva siempre, también en otro lugar. Allá vuela mi pensamiento, mi deseo, mi oración.

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