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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 9 de junio de 1982

 

1. Al celebrar, juntamente con el Episcopado de Inglaterra, Escocia y Gales, el Sacrificio eucarístico en la catedral de Westminster, Londres, di gracias a Cristo por este signo de unidad que abraza a todos los hombres: el signo en el que los pueblos, aun cuando divididos por conflictos temporáneos, no dejan de estar unidos en el misterio del Cuerpo de Cristo. Cristo "efectivamente es nuestra paz" (Ef 2, 14), a la que es necesario tender siempre con el pensamiento, con el corazón y con las obras, para que no domine sobre la humanidad "el espíritu del mundo" (1Cor 2, 12) que lleva hacia las divisiones y las guerras.

2. El viaje pontificio a Gran Bretaña había sido programado desde hace tiempo: concordado hace dos años, y preparado con solicitud durante ocho meses en cada una de las diócesis y parroquias de Inglaterra, Escocia y Gales. Hoy, al hablar de la perspectiva de la visita ya terminada, no se puede por menos de subrayar sobre todo las dimensiones de esta preparación y de su alto nivel. Se trata aquí no solo de los medios materiales, sino sobre todo de la dimensión espiritual de este gran trabajo común. En él se ha manifestado algo más que la madurez actual del Pueblo de Dios. Se ha manifestado la heredad plurisecular, que en Inglaterra tiene sus orígenes históricos en la persona de San Agustín, primer obispo de Canterbury. En Escocia estos comienzos se vinculan a los nombres de los Santos Ninian, Columba y Kentigern: en Gales, en cambio, al de San David.

Esta heredad tiene tras sí no sólo lejanos comienzos (que por lo demás nos llevan aún más lejos de los nombres citados, hasta los tiempos del Imperio Romano), sino también una serie de siglos difíciles, sellados con la sangre de mártires modernos, de los que se habla con veneración, e incluso sin amargura alguna humana, igual que de los mártires de los primeros siglos. Se habla de ellos con un amor digno del que ellos mismos —por citar a San Juan Fischer, o a Santo Tomás Moro— dieron testimonio. Esta heredad está también en el último siglo, es la heredad vinculada al nombre del gran cardenal Newmann: la heredad de la laboriosa búsqueda de la verdad como camino de 1a unidad en la fe. El cristianismo en Gran Bretaña es un importante campo ecuménico. La Iglesia católica se halla en este terreno, aceptando como propio el camino de la unidad de los cristianos, que ha indicado el Concilio Vaticano II.

3. De la visita en sí misma, se puede decir que ha sido como una peregrinación a través de los siete santos sacramentos, en los que se forma y se desarrolla la vida del Pueblo de Dios. Esta forma teológica y, a la vez, pastoral, ha unido con trama uniforme toda la geografía de la visita, comenzando por la catedral de Westminster, donde el tema fue el Bautismo. Al día siguiente (vigilia de Pentecostés), en el estadio de Wembley, ante la estatua de la Virgen de Walsingham, tuvo lugar la renovación de las promesas bautismales. Estuvimos unidos en esta oración con la Madre de la Iglesia, igual que los Apóstoles en el Cenáculo cuando esperaban la venida del Espíritu Consolador. El mismo día, por la mañana, en la catedral de Canterbury, renovaron los votos bautismales todos los participantes en el encuentro: anglicanos y católicos.

También el primer día de la peregrinación, se celebró la liturgia solemne y profundamente emotiva de la Unción de los enfermos, en la catedral de Southwark, un gran encuentro con la Iglesia de los que sufren unidos a Cristo.

4. La Eucaristía, celebrada el mismo día de Pentecostés, ene un gran campo cerca de Coventry, hizo presente la venida del Paráclito sobre el lugar que sufrió una destrucción especial durante la segunda guerra mundial. El símbolo de esta destrucción es la catedral antigua; a cuyo lado se ha construida una nueva. El sacramento de la Confirmación, administrado durante la Santa Misa, manifestó la construcción de la Iglesia por medio de la fe y de las obras, que se derivan de ella, en la comunidad del Pueblo de Dios.

El mismo día de Pentecostés, por la tarde, fui a Liverpool, el mayor centro de católicos en Gran Bretaña. Hubo un saludo en el aeropuerto, ante la numerosa muchedumbre a lo largo de las calles de la ciudad que asistía a la visita que hice, primero, a la catedral anglicana y, luego, a la catedral católica, construida recientemente. El tema de la homilía fue el Sacramento de la Penitencia y Reconciliación, de acuerdo con las palabras de la liturgia: "A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (Jn 20, 23), y también de acuerdo con el gran esfuerzo que en esta ciudad hacen los cristianos católicos y anglicanos, en la dirección de la reconciliación recíproca, según el espíritu del Evangelio.

5. El lunes, el tema fue, ante todo, el Sacramento del Orden puesto de relieve mediante la administración de las ordenaciones sacerdotales durante la solemne Eucaristía en Manchester.

Y, luego, el Sacramento del Matrimonio, durante el encuentro con los representantes de las familias en un gran campo cerca de York. En sintonía con la liturgia de la Palabra y la homilía, los esposos y los miembros de las familias renovaron las promesas que constituyen el fundamento de su comunidad en Cristo y en la Iglesia.

En este contexto hay que añadir todo lo que durante la peregrinación ha hecho referencia a la vocación cristiana en general, y especialmente a la vocación sacerdotal y religiosa, mediante los encuentros con los sacerdotes, con los hermanos y hermanas de las órdenes y congregaciones religiosas, con los alumnos de los seminarios y noviciados: encuentros, palabra, oración.

6. La Eucaristía fue, en cierto sentido, un tema continuo, en el centro de cada uno de los encuentros. Sin embargo, de modo particular y detallado, este tema se puso de relieve en Cardiff, última etapa del viaje, donde tuvo lugar también la primera comunión de jóvenes cristianos.

La juventud ha tenido su lugar peculiar en esta peregrinación. Se dio un testimonio especial de su presencia en la Iglesia, dos veces: la primera, con ocasión del encuentro en Edimburgo (incluso con los más jóvenes). La segunda, al final de todo el programa de la visita, en Cardiff. Estos encuentros estaban llenos de espontaneidad juvenil y, a la vez, de profundo contenido cristiano. La última palabra dirigida a la Iglesia en Gran Bretaña versó sobre el tema de la oración esto precisamente hablando a la juventud, en Cardiff.

7. La visita a Escocia tuvo sus dos polos en Edimburgo y en Glasgow. Ello hizo que se reuniera y se hiciera ver la iglesia, que en tierra escocesa tiene una historia especial, un perfil propio, lo cual se manifestó en las dos ciudades, pero el principal encuentro litúrgico tuvo lugar en Glasgow, el martes por la tarde, con una enorme participación de fieles. El tema de la homilía fue sintético: el reino de Dios en su realización histórica y actual en tierra escocesa y en la historia de los hombres.

Entre otras cosas, tuve también oportunidad de visitar a la comunidad educadora en Glasgow; y también resultó inolvidable la visita a la comunidad de los enfermos en Edimburgo.

8. La Iglesia, que es el sacramento de la unión del hombre con Dios y el signo de la unidad de toda familia humana, se encuentra en las Islas Británicas, como ya he dicho, en un particular campo ecuménico. Ello se ha manifestado en todas las etapas de la visita. Pero, sobre todo, en Inglaterra, con el encuentro histórico en la catedral de Canterbury, que es la sede del Presidente de toda la Comunión anglicana.

Se puede decir que la preparación para este encuentro fue particularmente larga y laboriosa: doce años de trabajo de la Comisión Internacional Anglicana y Católica, que, finalmente, ha presentado al Papa y al Presidente de la Comunión anglicana los resultados de sus estudios. Estos resultados se han convertido en una base para la Declaración común, firmada la vigilia de Pentecostés. Y constituye un fundamento para la ulterior colaboración ecuménica, que tiene como finalidad abrir camino a la unidad plena.

Resultaría difícil decir algo más en esta concisa descripción. Solamente hay que dar gracias al Espíritu de unidad y de verdad, que ha guiado nuestros pasos en este encuentro y, esperamos, los seguirá guiando.

Desde el punto de vista ecuménico, también ha tenido importancia el encuentro con los Representantes del Consejo Británico de las Iglesias en Canterbury, y luego en Edimburgo el otro encuentro con los Representantes de las Comunidades cristianas de Escocia.

Sin embargo, hay que dar también una importancia particular al encuentro con el Moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia (presbiteriana), en la misma ciudad de Edimburgo, que señala lo específico del camino ecuménico propio de Escocia.

9. Con ocasión de esta visita, que ha sido sobre todo pastoral, me he sentido honrado por el encuentro con la Reina Isabel II, el primer día de mi viaje.

Los Representantes de las autoridades políticas —dada la situación internacional surgida en las relaciones con Argentina— tomaron ellas mismas la iniciativa de retirarse del programa de la visita.

Dándome cuenta de todo lo que, en una preparación tan excelente para esta peregrinación a través de Inglaterra, Escocia y Gales, ha dependido de los diversos factores y de las instancias de las autoridades, deseo expresar a todos, una vez más, mi cordial gratitud.

10. La primera visita en la historia que el Obispo de Roma ha hecho a Gran Bretaña, tiene sin duda una singular elocuencia histórica Séame permitido colocarla en el Corazón de Aquel que es Señor de la historia, Rey de la paz, Príncipe del siglo futuro.


Saludos

Amadísimos hermanos y hermanas:

Saludo cordialmente y doy la bienvenida a todos y cada uno o de los peregrinos de lengua española procedentes de diversos Países, que habéis venido a Roma para renovar vuestra profesión de fe junto al sepulcro del Apóstol Pedro.

En este encuentro de hoy quiero hablaros de mi reciente visita pastoral a Gran Bretaña. Ha sido una peregrinación y evangelización a partir de los siete Sacramentos, en los cuales se forma y desarrolla la vida del Pueblo de Dios.

La Iglesia, que es el sacramento de la unión del hombre con Dios y el signo de la unidad de toda la familia humana, halla en las Islas Británicas un particular terreno ecuménico. Es la causa que he querido servir con mi viaje apostólico, siguiendo las directrices del Concilio Vaticano II, para buscar la tan deseada unidad de los cristianos. Y también la anhelada paz entre las naciones.

Esta primera visita en la historia, hecha por el Obispo de Roma a Gran Bretaña, quiero depositarla en el Corazón de Aquel que es Señor de la historia, Rey de la paz y Príncipe del mundo futuro.



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