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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 21 de septiembre de 198

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1. Tras concluir la peregrinación que he realizado por las comunidades de la iglesia del continente africano, quiero expresar mi gratitud a la divina Providencia y a Cristo Buen Pastor. La ocasión de esta visita ha sido el segundo encuentro de obispos del África Meridional reunidos en la IMBISA: Inter-Regional, Meeting of Bishops of Southern Africa (Reunión Interregional de los Obispos del Sur de Africa). Además, con esta visita he podido responder a las invitaciones de los obispos de los siguientes países: Zimbabue, Botsuana, Lesoto, Suazilandia y Mozambique.

A la IMBISA pertenecen también los episcopados de Angola, Namibia, República Sudafricana y Santo Tomé y Príncipe. Confío en Dios que se encuentre la ocasión y creen las condiciones para realizar una visita también a las comunidades de tales países.

2. Al agradecer a las Iglesias y a sus Pastores la invitación e intensa preparación quiero también expresar mi reconocimiento a los Representantes de los Estados por la invitación que me hicieron y a los diversos sectores de las Administraciones civiles por las facilidades ofrecidas al servicio papal en los países visitados. Dios bendiga todas las iniciativas que miran al bien común de las naciones y sociedades y a su justo desarrollo en un clima de paz y justicia.

3. En el curso de este viaje he podido realizar el acto de beatificación del p. Joseph Gérard, misionero de la congregación de los Oblatos de María Inmaculada, el cual dedicó la mayor parte de la vida y de la actividad sacerdotal a la evangelización de los habitantes de Lesoto y en este país reposa tras las fatigas del servicio misionero. Allí ha alcanzado también la meta de la elevación a la gloria de los Beatos, en medio del pueblo al que amó y sirvió en el espíritu de Cristo.

Esta beatificación se ha convertido en signo particular de la misión evangélica, que la Iglesia ha realizado y continúa realizando entre los pueblos de África y de las diversas partes del mundo. La "plantatio Ecclesiae" ha dado sus frutos. Actualmente, en número cada vez mayor, asumen el servicio episcopal y sacerdotal los hijos de los pueblos de África y se registra una creciente presencia de hijas del continente negro en los institutos religiosos femeninos. En todo caso, la gran causa de las misiones es siempre un desafío para la Iglesia en medio de las sociedades y las naciones que ya han acogido el Evangelio y recibido el bautismo. De hecho se verifican continuamente las palabras de Cristo: "La mies es mucha y los obreros pocos" y el llamamiento: "Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 37-38).

4. Es motivo de alegría el hecho de que las Iglesias implantadas en los pueblos de la parte de África que he podido visitar, se van haciendo autónomas y maduras. La liturgia y, particularmente, la participación en la Eucaristía indican cuán armoniosamente se realiza en la vida de tales comunidades jóvenes la obra de la "inculturación" de la fe. Es testimonio de ello la lengua. Lo testimonian los cantos que son, se puede decir muy bien, vivaces y muy bellos. También lo testimonian otros elementos locales como, por ejemplo, los movimientos de danza que manifiestan, particularmente en el momento del ofertorio, una verdad "antropológica" fundamental: el hombre desea acercarse al altar en su totalidad, con el alma y con el cuerpo, e inserirse él mismo en esa ofrenda que se realiza en la Eucaristía.

5. Las comunidades eclesiásticas del continente africano tienen numerosas tareas que realizar en el campo de la evangelización, de la catequesis, e indirectamente, también en el desarrollo de la cultura local y del servicio al hombre. Estas tareas han de afrontarse también en el campo de la colaboración ecuménica, del que se ha tenido una confirmación en los encuentros acaecidos durante el reciente viaje. En algunos casos otras comunidades cristianas han iniciado antes que los católicos su actividad misionera. El ecumenismo es indispensable para superar los efectos de las divisiones y acercarse al común testimonio de Cristo, según las palabras de su oración sacerdotal: Padre, haz "que todos sean uno... para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17, 21). Mientras una parte notable de la población africana permanece fiel a las tradiciones de la religión originaria (el animismo), son muchos los que se abren a la verdad del Evangelio y reciben el bautismo.

Un problema aparte lo constituye la actividad de las sectas, provenientes del exterior o surgidas en África que, aun inspirándose de algún modo en el cristianismo, no poseen los elementos que lo cualifican y, por ello, no están en condición de entrar constructivamente en el diálogo ecuménico.

6. Los países situados a lo largo del camino de la reciente visita gozan desde un tiempo relativamente breve de la independencia política. Tres de ellos tienen un régimen republicano: Zimbabue, Botsuana y Mozambique, los otros dos, Lesoto y Suazilandia, han conservado el régimen monárquico ligado a la tradición de las dinastías locales. El período de adquisición de la independencia, la lucha de liberación del anterior poder colonial, la construcción de la propia existencia como Estado, son todos sucesos importantes también desde el punto de vista de la ética de la vida internacional. Los ambientes eclesiásticos y los mismos Episcopados han tenido en estos procesos un papel específico y deben afrontar continuamente las tareas que se presentan en el caso de sociedades y Estados nuevos. Una de estas tareas es, por ejemplo la "reconciliación" de los diversos grupos opuestos, que forman parte de las nuevas sociedades. Otras tareas posteriores se ligan al proceso del desarrollo integral (tema al que está dedicada la Encíclica de Pablo VI Populorum progressio y recientemente la Sollicitudo rei socialis). La Iglesia está activa constantemente mediante sus instituciones en el campo de la enseñanza, de la asistencia social, sanitaria, etc. Estos son sectores que pertenecen en gran medida a los laicos y a su apostolado. He constado con alegría que su compromiso se está desarrollando siempre más en el ámbito de cada una de las comunidades eclesiales.

7. En este contexto el ministerio de la Iglesia se manifiesta mediante la promoción y defensa de los derechos fundamentales del hombre. En el territorio del África Austral existe un problema particular: el problema de la segregación racial (apartheid), que está en claro contraste con la dignidad de la persona humana tanto desde el punto de vista de la común conciencia moral, como del de la fe cristiana. Todos los seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios y redimidos por la Sangre de Cristo gozan de la misma dignidad que no puede ser mortificada por pertenecer a una raza. La superación de la discriminación en este campo es parte integrante del programa de liberación y de autodeterminación de los pueblos africanos.

8. Una atención aparte merece la situación de guerra interna que dura desde hace años en el territorio de Mozambique. Tal situación causa numerosas víctimas humanas, que en la mayor parte de los casos son personas ajenas a las acciones bélicas: entre ellas son numerosos los niños, las mujeres y las personas ancianas. La guerra interna está destruyendo el país y provocando la fuga de muchos ciudadanos de las zonas rurales más amenazadas hacia las ciudades o hacia el exterior.

Es necesario unir verdaderamente todos los esfuerzos para poner fin a estas plagas que afligen y destruyen a nuestros hermanos y hermanas de Mozambique; de forma que esta nación, que adquirió la independencia el año 1975, pueda vivir en paz y desarrollarse en conformidad con los propios recursos naturales, posibilidades humanas.

No puedo, por último, dejar de manifestar aquí mi esperanza, acompañada por la oración, en la paz de Angola y en la rápida conclusión de las negociaciones que deberían llevar a Namibia a la independencia tan deseada.

9. "El hombre es el camino de la Iglesia" (Encíclica Redemptor hominis, 14). El hombre en cualquier lugar de la tierra: el hombre en el continente africano, el hombre en Zimbabue, Botsuana, Lesoto, Suazilandia, Mozambique. Realizada con este espíritu la reciente visita, rindo homenaje a Cristo, al que es "el Camino, la Verdad y la vida" (Jn 14, 6) por cada uno y por todos. El Padre Eterno ha dado todo al Hijo, para que guíe a los hombres, al precio de su sangre redentora, hacia su destino salvífico.


Saludos

Amadísimos hermanos y hermanas:

Deseo dar mi más cordial bienvenida a todos los peregrinos y visitantes de lengua española. En particular, al grupo de sacerdotes de la archidiócesis de Valencia, que celebran el veinticinco aniversario de ordenación. Os aliento a una renovada entrega sin reservas a la causa del Evangelio.

A todas las personas, familias y grupos procedentes de diversos países de América Latina y de España, imparto con afecto la bendición apostólica.

© Copyright 1988 - Libreria Editrice Vaticana

 



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