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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 14 de septiembre de 1994

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Como sabéis, el sábado y el domingo pasados tuve la alegría de ir a Croacia para visitar a la Iglesia de Zagreb, con ocasión del noveno centenario de la fundación de la archidiócesis. Esa visita, en el plan original, formaba parte de una peregrinación pastoral más amplia, que incluía también Belgrado y Sarajevo.

Doy gracias al Señor por el hecho de que me permitió proporcionar consuelo y aliento a todos los que trabajan por la paz en la zona de los Balcanes. Asimismo, deseo expresar de nuevo mi gratitud a cuantos me invitaron a visitar esa amada tierra, y de modo especial, al presidente, señor Franjo Tudjman, y al cardenal Franjo Kuharić, arzobispo de Zagreb. Doy las gracias, también, a todos los que han contribuido al éxito de la visita y a los numerosísimos fieles que, incluso a costa de grandes sacrificios, quisieron acudir al encuentro con el Sucesor de Pedro.

2. El pueblo croata fue el primer pueblo eslavo que tuvo contacto con el cristianismo: su evangelización, que comenzó en el siglo VII, corrió a cargo de misioneros enviados desde Roma, y contó con el benéfico influjo de los santos hermanos Cirilo y Medio, apóstoles de los eslavos. La nación croata entabló enseguida una singular relación de comunión con la Santa Sede, que se fue desarrollando y profundizando progresivamente a lo largo de los siglos. El Papa Juan X se dirigía al primer rey croata Tomislav (910-930), definiendo a sus súbditos hijos especialísimos de la santa Iglesia romana. En tiempos de la invasión otomana de Europa, León X otorgó a los croatas el título de scutum saldissimum et antemurale Christianitatis. Se trataba de un titulo que tenia su significado más profundo y verdadero en la historia de fe y de santidad que el pueblo croata ha sabido realizar, y que se ha manifestado también en los nueve siglos de vida de la Iglesia de Zagreb.

3. En nuestro siglo, Croacia se ha visto implicada en el drama que se abatió sobre los Balcanes, durante los años que mediaron entre los dos conflictos mundiales y, más tarde, después de la segunda guerra mundial, en las vicisitudes de la Federación yugoslava y de su crisis posterior.

Una figura eminente de la Iglesia croata en estos atribulados decenios ha sido el cardenal arzobispo de Zagreb Alojzije Stepinac, que dio un valeroso testimonio de adhesión al Evangelio y de fidelidad a la Sede apostólica. Pero no ha sido el único. Junto con él, muchos otros pastores, hasta nuestros días, han sabido compartir los sufrimientos del pueblo croata, manteniendo encendida en sus fieles la antorcha de la fe y de la esperanza.

Con ese mismo objetivo sigue trabajando también hoy la Iglesia que está en Croacia, en colaboración sincera con las demás comunidades cristianas y no cristianas, y con todas las personas de buena voluntad.

4. Amadísimos hermanos, esta visita ha sido la realización de un anhelo cultivado durante largo tiempo. Ha estado precedida por un intenso período de oración, marcado por numerosas iniciativas, entre las que cabe recordar la de "un millón de rosarios" por el éxito del viaje.

El momento culminante de la visita fue la celebración de la santa misa, en la que tomó parte una inmensa multitud de fieles, que con gran fervor oraban, cantaban e imploraban la bendición del Señor para poder afrontar las dificultades del momento actual y construir un futuro mejor.

El entusiasmo de los jóvenes fue para mí motivo de consuelo y esperanza. Os he comentado ya el hecho de que las nuevas generaciones están dispuestas a acoger y poner en práctica el mensaje de reconciliación que les he transmitido en nombre de Cristo. No puedo menos de recordar aquí el encuentro con los prófugos y peregrinos procedentes de 115 parroquias destruidas de Croacia, así como con los que acudieron desde Bosnia-Herzegovina, a quienes reafirmé mi firme intención de visitar Sarajevo, en cuanto las circunstancias me lo permitan.

Es importante seguir orando a Dios con insistencia y confianza por la paz en esa atormentada zona. Pero, como recordé con energía en Zagreb, también es preciso perdonar y pedir perdón, si se quiere obtener ese bien inestimable y dar comienzo a una nueva era de entendimiento mutuo y de prosperidad. A ese perdón nos ha de impulsar el hecho de que todos somos hijos del único Padre celestial, que no excluye a nadie de la ternura de su amor, por encima de la raza la cultura y la nacionalidad.

A todos os invito a uniros a mí en la oración a Dios por la amada Iglesia de Zagreb, por los habitantes de Croacia y en particular por las poblaciones de Sarajevo y de Bosnia-Herzegovina, a las que llevo muy dentro de mi corazón.

La Virgen santísima, Reina de la paz haga que llegue cuanto antes a toda la zona de los Balcanes el tiempo de la reconciliación y comience para todos la anhelada era de paz justa y duradera, en el respeto recíproco y la solidaridad.


Saludos

Amadísimos hermanos y hermanas:

Saludo ahora cordialmente a los diversos grupos y visitantes de lengua española.

En particular, a una delegación de la Escuela Penitenciaria argentina; a un grupo de notarios mexicanos y otros peregrinos; así como a los grupos españoles de Pamplona, Murcia, Castellón y del País vasco.

Saludo igualmente a los niños guatemaltecos, huéspedes del municipio italiano de Nepi.

Os invito a todos a pedir a la Santísima Virgen que alcance el deseado don de la paz en los Balcanes, para que se pueda trabajar solidariamente en su reconstrucción.

Como muestra de mi afecto, os imparto la bendición apostólica.

© Copyright 1994 - Libreria Editrice Vaticana

 



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