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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 18 de junio de 1997

 

1. Deseo iniciar este encuentro hablándoos de la reciente peregrinación que la Providencia divina me ha permitido realizar a Polonia. Fueron tres los motivos principales de esta visita pastoral: el Congreso eucarístico internacional, en Wrocław; el milenario del martirio de san Adalberto; y el VI centenario de la fundación de la Universidad Jaguellónica de Cracovia. Esos acontecimientos han constituido el núcleo de todo el itinerario que, desde el 31 de mayo hasta el 10 de junio, abarcó Wrocław, Legnica, Gorzów Wielkopolski, Gniezno, Poznan, Kalisz, Czestochowa, Zakopane, Ludźmierz, Cracovia, Dukla y Krosno, durante el cual me detuve sobre todo en tres grandes ciudades: Wrocław, sede del 46 Congreso eucarístico internacional; Gniezno, ciudad vinculada a la muerte de san Adalberto; y Cracovia, donde fue fundada la Universidad Jaguellónica.

2. El 46 Congreso eucarístico internacional en Wrocław comenzó el 25 de mayo, domingo de la santísima Trinidad, con la celebración eucarística presidida por mi legado, el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado. Durante una semana se desarrolló un rico programa espiritual y litúrgico en torno al tema central, constituido por las palabras: «Para ser libres nos libertó Cristo» (Ga 5, 1). El Señor me ha concedido participar en la conclusión de los trabajos y así, el último día de mayo, junto con los participantes llegados de todo el mundo, pude venerar a Cristo en la Eucaristía, adorándolo en la catedral de Wrocław. Ese mismo día, participé en una oración ecuménica con representantes de Iglesias y comunidades eclesiales. Al día siguiente, domingo 1 de junio, con la santa misa solemne —Statio orbis— se concluyó el Congreso.

Ese Congreso eucarístico internacional, una extraordinaria experiencia eclesial, congregó a muchos teólogos, sacerdotes, religiosos y laicos. Fue seguramente un tiempo de reflexión profunda sobre el misterio de la Eucaristía y permitió a los cristianos, que habían ido de Polonia, de Europa y de otros lugares del mundo, dedicar largo tiempo a la oración: una oración presidida, cada vez, por cardenales y obispos de varias naciones, invitados para esa ocasión. Este Congreso fue el número 46; el primero se celebró en Lille (Francia) el año 1881. En los últimos tiempos, los Congresos eucarísticos internacionales han tenido lugar cada cuatro años, en este orden: Lourdes (Francia), 1981; Nairobi (Kenia), 1985; Seúl (Corea), 1989; y Sevilla (España), 1993. El próximo se realizará en Roma, con ocasión del gran jubileo del año 2000.

3. El milenario de san Adalberto, martirizado precisamente en el año 997, fue el segundo motivo de mi visita. Este santo era originario de Bohemia y pertenecía a la familia de los príncipes Slavník. Nació en Libice, en el territorio de la actual diócesis de Hradec Králové y, muy joven, fue obispo de Praga. A fines del pasado mes de abril, celebramos solemnemente el milenario de san Adalberto, en la República Checa, con la participación de muchos obispos llegados de los países vinculados a la vida y a la actividad de este santo. Adalberto llegó a Polonia hacia el final de su vida, por invitación del rey Boleslao el Intrépido. Aceptó el compromiso de iniciar una misión de evangelización entre los pueblos paganos que habitaban en las regiones del mar Báltico. Allí encontró la muerte, y su cuerpo, después del martirio, fue rescatado por el rey Boleslao el Intrépido y trasladado a Gniezno, que desde entonces se convirtió en el centro del culto de san Adalberto.

Junto a las reliquias del santo mártir se celebró, en el año 1000, un importante encuentro, no sólo religioso sino también político. En esa circunstancia, fueron a Gniezno el emperador Otón III y el legado pontificio. Su reunión con el rey Boleslao el Intrépido quedó para el recuerdo como el Encuentro de Gniezno y, precisamente en ese tiempo, se formó en Gniezno la primera sede metropolitana de la Polonia de entonces. Desde el punto de vista político, el Encuentro de Gniezno fue un acontecimiento importante, porque significó la entrada de la Polonia de los Piast en la Europa unida.

En la reciente conmemoración del milenario de la muerte de san Adalberto hicimos referencia a ese histórico acontecimiento y a su peculiar significado para nuestro continente. Para recordarlo acudieron a Gniezno los presidentes de los países vinculados a la tradición de san Adalberto: República Checa, Lituania, Alemania, Polonia, Eslovaquia, Ucrania y Hungría. Doy gracias, una vez más, al Señor y a todos los que colaboraron con empeño en la realización de tan significativo evento.

4. La fundación de la Universidad Jaguellónica en Cracovia fue el tercer motivo de la visita. Esta primera universidad en Polonia fue fundada por el rey Casimiro el Grande en el año 1364. Era un Studium generale; no se trataba aún de una universidad completa, porque le faltaba la facultad de teología. En 1397 la reina Eduvigis y su esposo Ladislao Jaguellón hicieron lo necesario para erigir la facultad teológica. Gracias a la iniciativa de los fundadores de la dinastía de los Jaguellones, surgió en Cracovia una universidad con plenos derechos, que pronto se convirtió en un gran centro de estudios, famoso no sólo en Polonia, sino también en toda la Europa de aquel tiempo.

Para la ciudad de Cracovia y para los universitarios la jornada del 8 de junio constituyó una gran fiesta: por fin, después de seiscientos años, la reina Eduvigis fue canonizada. En esa circunstancia tuvo lugar un encuentro con los representantes de las universidades polacas, que no sólo participaron en la solemne celebración eucarística, sino también en el acto académico, realizado cerca de la tumba de san Juan de Cantalicio, en la iglesia académica de santa Ana. Para todas las personas vinculadas a la Alma Mater de Cracovia fue un momento de singular solemnidad.

En la última jornada de mi estancia en Polonia, tuvo lugar otra canonización: la de san Juan de Dukla, franciscano del siglo XV, también relacionado con el ambiente académico de la universidad de Cracovia. A pesar de haber nacido en Dukla, su vida y su servicio franciscano se desarrollaron en Leópolis. Doy gracias al Señor por haberme concedido honrar su memoria en el lugar donde nació, aunque la canonización se llevó a cabo en Krosno, en la archidiócesis de Przemyśl.

Además de esas dos canonizaciones, durante mi peregrinación, tuve la dicha de proclamar dos beatas: en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el 6 de junio, en Zakopane, a María Bernardina Jabłonska, cofundadora de la Congregación de las religiosas Albertinas, y a María Karłowska, fundadora de la congregación de las religiosas Pastorcitas.

5. Amadísimos hermanos y hermanas, mientras doy gracias al Señor, deseo manifestar de nuevo mi agradecimiento a todas las personas que, de diversas maneras, han contribuido a la preparación y al desarrollo de mi peregrinación a la patria. Agradezco a las autoridades civiles y a las eclesiales, a las organizaciones que, de cualquier manera, han colaborado para que mi viaje fuera sereno y positivo, así como a las demás instituciones implicadas en la organización. Asimismo, doy las gracias a la Dirección y a los operadores de la radio y la televisión, que han permitido a Polonia y al mundo entero compartir las emociones de los que pudieron asistir directamente a los eventos.

Expreso mi profunda alegría porque, durante los once días de mi peregrinación a la patria, he podido cantar, junto con tantos de mis compatriotas, el Te Deum de acción de gracias al Señor por todo el bien que, en el decurso de mil años, ha derramado sobre Polonia y sobre el mundo entero.


Saludos

(En la basílica de San Pedro)

Saludo a los jóvenes, enfermos y recién casados. El próximo sábado, 21 de junio, se celebra la memoria litúrgica de san Luis Gonzaga, que buscó la plena realización de su vida en el seguimiento radical de Cristo.

Queridos jóvenes, imitad la pureza de vida de este joven santo, que constituye el itinerario privilegiado para una profunda educación en el amor auténtico. San Luis, que murió sirviendo a los que sufrían, os proporcione consuelo, queridos enfermos, y os sostenga en la fatiga diaria de la vida. Que os proteja también a vosotros, queridos recién casados, y os ayude a construir siempre vuestro matrimonio sobre los valores del Evangelio.

(En la Sala Pablo VI)

Saludo con afecto a todos los peregrinos de lengua española. En particular, al cardenal Ricardo María Carles Gordó, arzobispo de Barcelona, y al cardenal Bernardino Echeverría Ruiz, arzobispo emérito de Guayaquil (Ecuador), a los miembros de la «Real Congregación de arquitectos de Nuestra Señora de Belén en su Huida a Egipto» de Madrid, con ocasión de su tercer centenario, a los peregrinos de la Caja de Pamplona, así como a los fieles de la arquidiócesis de Medellín, a los médicos de Argentina que participan en estos días en un congreso aquí en Roma, al grupo de latinoamericanos que viene a entregarme las actas del primer Congreso internacional de la mujer cristiana y a la Asociación de laicas en el apostolado de la misericordia. A todos os imparto complacido la bendición apostólica.

(En holandés)
Os encontráis en una ciudad en la que los apóstoles Pedro y Pablo proclamaron la fe y en la que han vivido y orado numerosos santos. Ojalá que se profundice vuestra fe en el amor de Dios, a fin de que seáis en vuestro país testigos de la paz y de la alegría que sólo Cristo nos puede dar.

(A los peregrinos lituanos)
Que vuestra peregrinación a Roma y el encuentro de hoy, que ofrece la imagen más clara de la unidad en la fe, os lleve a descubrir la presencia real de Cristo en la Iglesia y los caminos de la oración, y os anime a vivir con la libertad de los hijos de Dios.

(A varios grupos de eslovacos)
He pensado en vosotros cuando, hace unos días, sobrevolaba Eslovaquia. Ahora os saludo aquí en Roma. Siento una gran alegría porque en estos días serán ordenados para las diócesis eslovacas 153 nuevos sacerdotes. También vosotros gozáis con ello, sin duda. Orad por vuestros nuevos sacerdotes para que se conserven fieles al servicio del Señor. Orad también por las familias eslovacas, para que sean verdaderamente cristianas, a fin de que el Señor Jesús suscite en ellas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa. Yo también rezo por esta intención, y os imparto la bendición apostólica a vosotros y a todos los sacerdotes recién ordenados en Eslovaquia y a las familias.

(En croata)
El fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos, que es el objetivo prioritario del jubileo al que nos estamos preparando, mira sobre todo a ofrecer a nuestros contemporáneos razones para creer y esperar, así como también para construir un presente y un futuro del hombre conforme al proyecto originario de Dios sobre la humanidad.

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana 

 



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