Index   Back Top Print

[ EN  - ES  - IT  - PT ]

MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS CATÓLICOS DE AUSTRALIA CON MOTIVO
DE LA PRIMERA SEMANA VOCACIONAL

 

Queridos católicos de Australia,
queridos hermanos y hermanas en Nuestro Señor Jesucristo:

La Iglesia que está en Australia celebra por primera vez ahora una "Semana vocacional de concientización sobre la vocación".

Unidos en el Cuerpo de Cristo y confiando en su gracia, estáis procurando avivar juntos la conciencia de vuestra misión en la Iglesia. De este modo os esforzáis por crear un clima propicio en el que todos participen de la misión de la Iglesia, compartan la responsabilidad del Evangelio y, más concretamente, tomen a pecho el empeño de procurar y sostener vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.

Al centrar la atención de todo el Pueblo de Dios sobre el significado de la misión de la Iglesia, estáis demostrando que es importante para todos estar imbuidos de los ideales del Evangelio, y es necesario que todos ardan de celo por el Reino de Dios y se propongan contribuir a la evangelización del mundo.

Una vez alcanzada esta situación saludable en la Iglesia, una vez que todos los fieles sean conscientes de su dignidad en Cristo, y cada uno y cada una estén entregados a su vocación individual en la vida cristiana, entonces la comunidad eclesial —y las numerosas familias que la constituyen— será realmente capaz de alentar y sostener a los jóvenes en su vocación sacerdotal o religiosa.

De este modo la misma juventud se dará cuenta más fácilmente de que en la comunidad de la Iglesia, todos los miembros están llamados a la santidad y a compartir la responsabilidad del Evangelio. Pero comprenderán asimismo que existe un reto particular y una consagración y tarea especiales de servicio, que tienen su origen en un llamamiento personal e individual que viene del Señor Jesús por  el poder de su Espíritu.

Este llamamiento lleva consigo la fuerza para ser atendido, por estar en conexión con la eficacia de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Pero la aceptación de la llamada de Cristo está vinculada también a la libertad humana y a la fuerza del amor. Precisamente por esta razón se insta a la Iglesia a que pida vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa, a pedir "al dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 38).

Por ello mi mensaje de hoy es para pedir oraciones, oraciones apremiantes a fin de que se satisfagan las necesidades de la Iglesia, y para que los fieles tengan sacerdotes y religiosos santos según la voluntad de Cristo y el plan del Eterno Padre.

A todos los jóvenes de Australia repito de nuevo lo que dije a jóvenes de otras partes: "Escuchad el llamamiento de Cristo cuando oís que os dice 'Sígueme'. Seguid mi camino. Estad a mi lado. Permaneced en mi amor". No temáis. Es algo maravilloso comunicar la paz de Cristo, promover su justicia, difundir su verdad, proclamar y vivir su amor.

Y si realmente Cristo os llama al sacerdocio o a la vida religiosa, no temáis decir sí. No temáis entregaros únicamente y para siempre a Cristo. No vaciléis en apoyaros en su fuerza y en creer que su amor os sostendrá siempre en el servicio a vuestros hermanos y hermanas.

Recordad que el poder del misterio pascual de Cristo suplirá vuestra debilidad y os llenará el corazón de amor. Y la Madre de Jesús no os abandonará.

Queridos jóvenes: Es ésta una hora singular para vosotros y para toda vuestra comunidad cristiana. Es una hora de entrega y responsabilidad, una hora de generosidad y gozo. ¿Cómo no vais a abrir de par en par el corazón a la llamada de Cristo y a la mía: Ven y sígueme?

Ojalá se llene toda la Iglesia que está en Australia, de un sentido renovado de misión y de vigor y fuerzas lozanas. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 



© Copyright - Libreria Editrice Vaticana