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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LAS RELIGIOSAS ESCLAVAS DE MARÍA INMACULADA
REUNIDAS EN CAPÍTULO GENERAL


Martes 6 de julio de 1999

 

Amadísimas hermanas Esclavas de María Inmaculada:

1. Me alegra acogeros, con ocasión de vuestro capítulo general. Os dirijo a cada una mi saludo cordial, que extiendo a todas vuestras hermanas. Este encuentro, aunque sea breve, me permite manifestaros mi cercanía espiritual, invocando juntamente con vosotras la sabiduría divina, que ilumine vuestro discernimiento y vuestros propósitos durante la asamblea capitular. En ella queréis concentrar la atención en el tema de la formación, para precisar sus normas con referencia a las características de vuestra congregación, que nació hace poco más de un siglo en Ucrania, la primera de vida activa en rito bizantinoucranio.

2. Con respecto al compromiso fundamental de la formación, me complace recordar que está llamada a cooperar con la acción de Dios Padre, quien, mediante el Espíritu Santo, plasma en las personas la fisonomía del Hijo unigénito. La delicadeza de dicha tarea requiere, ante todo, que se elijan formadores idóneos y expertos, capaces de conjugar en un equilibrio armonioso la sabiduría espiritual y la humana, así como de asegurar una plena sintonía con el camino de toda la Iglesia.

La formación posee una dimensión comunitaria intrínseca: en la comunidad se aprende a alegrarse y esforzarse juntas, a aceptar a las demás con sus peculiaridades y sus límites, y a compartir los dones para el bien de todas. Asimismo, se aprende a afrontar y verificar las experiencias apostólicas, obteniendo valiosas indicaciones sobre las aptitudes personales.

3. Todo instituto está invitado a elaborar un proyecto formativo, inspirado en su carisma originario, que presente de forma clara y dinámica el camino a seguir para asimilar plenamente la propia espiritualidad. Ese proyecto debe tener en cuenta que el proceso formativo cuenta con una fase inicial muy intensa, pero no se reduce a ella. Por tanto, la formación inicial debe proseguirse con la permanente, de manera que acompañe a todas las personas consagradas con un programa que abarque toda su existencia. Ninguna fase de la vida puede considerarse tan segura y fervorosa, que excluya la conveniencia de dedicarle una atención específica para garantizar la perseverancia en la fidelidad, del mismo modo que no existe una edad en que se termine la maduración de la persona.

Tenéis una gloriosa tradición de fidelidad a Cristo y a la Iglesia, habiendo soportado todo tipo de sufrimientos durante los largos años de opresión bajo el régimen comunista. Al considerar los ejemplos de vuestras hermanas que supieron afrontar con valentía el duro período de las «catacumbas», sentíos muy orgullosas de mantener encendida la antorcha de vuestro ideal de entrega total a Dios mediante el servicio diario a vuestros hermanos. En efecto, la congregación de las hermanas Esclavas de María Inmaculada es la primera de vida activa en rito bizantino-ucranio, y su compromiso originario consiste en educar el corazón de la gente del pueblo, yendo a los lugares donde haya mayor necesidad.

Tened siempre presente este carisma originario en vuestro esfuerzo de renovación del plan formativo, pero tratando de adecuarlo a las exigencias del presente, para lograr mayor eficacia en el mundo actual. Procurad permanecer fieles a vuestra identidad oriental, prestando atención a la actualización de las Constituciones a la luz del Código de cánones de las Iglesias orientales, que promulgué en 1990. En esta tarea os ha de estimular la perspectiva del gran jubileo, con vistas al cual deseáis prepararos activamente, para que todas las hermanas de la congregación reciban en él abundantes frutos espirituales.

4. Queridas hermanas, vuestro nombre es Esclavas de María Inmaculada. Por tanto, ¿en quién, si no en la santísima Virgen María, podéis encontrar el modelo perfecto de vida consagrada, captando también su connatural dimensión dinámica? Sí, María es Inmaculada desde el primer instante de su existencia y, al mismo tiempo, llegó a ser «llena de gracia» en virtud de los méritos del sacrificio redentor de su Hijo, sacrificio al que se asoció en cuerpo y alma, siguiendo a Jesús en toda su misión, hasta la pasión y la extrema oblación en la cruz.

La existencia terrena de María es un camino de fe, esperanza y amor, un camino ejemplar de santidad, que conoció el impulso del fiat, el júbilo del Magnificat, el recogimiento contemplativo en las actividades diarias, y la perseverancia en la noche profunda de la pasión hasta la participación en la alegría de su Hijo divino en el alba radiante de la resurrección.

Así pues, queridas hermanas, viviendo en intimidad diaria con la santísima Virgen María, encontrad en el misterio de su Inmaculada Concepción una fuente inagotable de conversión, maduración y santificación. Una fuente que, a la vez que mana perennemente en vosotras mismas, os impulsa, con la urgencia del amor, a anunciar y dar testimonio de Cristo a todos, dondequiera que os llame la Providencia.

Éste es mi mejor deseo para cada una de vosotras y para todo vuestro instituto, y lo acompaño de corazón con una especial bendición apostólica.    



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