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VISITA PASTORAL A SIENA

SALUDO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS ENFERMOS DEL HOSPITAL DE «L'ANNUNZIATA»

Domingo 14 de septiembre de 1980

 

Queridísimos hermanos y hermanas:

Con alegría y emoción os dirijo mi saludo cordial con ocasión de esta visita a la querida ciudad de Siena. Ciertamente no podía olvidarme de vosotros que, entre los miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sois los más dignos de atención y de solicitud.

He venido aquí entre vosotros para traeros la seguridad de mi viva participación en vuestros sufrimientos. Sabed que el Papa está cercano a vosotros con particular afecto y sobre todo ruega por vosotros, para que el Señor alivie vuestras penas y, más aún, os conceda afrontarlas con fuerza interior y espíritu evangélico.

Cuando nosotros, cristianos, experimentamos el dolor, debemos estar atentos a darle el justo significado. No es un castigo, sino una ocasión de purificar nuestros pecados; en particular, tiene la finalidad del bien de los hombres, nuestros hermanos: como en Jesús, que se entregó a sí mismo para rescate de todos (cf. Mc 10, 45). Por tanto, unid, por medio de la fe, vuestras tribulaciones a las que El padeció. Debemos llevar nuestras cruces, siguiendo sus huellas, de otro modo resultarán excesivamente gravosas. Pero con Jesucristo delante de nosotros caminamos con mayor facilidad, porque El da sentido e impulso a nuestros padecimientos.

Acoged también mis más sentidos deseos de pronta y total curación, según la voluntad de Dios. Y os sirva como prenda de mi afecto particular, la propiciadora bendición apostólica, que imparto de corazón a todos vosotros, a vuestros seres queridos y a cuantos diligentemente os asisten.

 



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