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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 AL NUEVO EMBAJADOR DE INDIA ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves 14 de enero de 1982

 

Señor Embajador:

Le doy complacido la bienvenida como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de India ante la Santa Sede, aceptando al mismo tiempo los gratos deseos que me presenta de parte de las autoridades de su Nación. Correspondo afectuosamente a esos buenos deseos y pido a Dios que bendiga a todo el pueblo de India.

Como ha recordado usted, la fe cristiana llegó muy pronto a India, y desde entonces ha sido parte de la historia de vuestro País. Cuando la India actual adquirió su independencia, los cristianos pusieron lealmente la propia confianza en sus conciudadanos y en las garantías establecidas en la Constitución, participando gustosamente en todos los aspectos de la vida de la Nación. Confío en que las encomiables tradiciones de respeto por la fe religiosa, de las que ha hablado usted, seguirán asegurando la continuidad de esas garantías de libertad de conciencia y del derecho a profesar, practicar y propagar libremente la religión, sin diferencias ni discriminaciones. Uno de los elementos más valiosos del patrimonio de India es su respeto por los esfuerzos que hacen hombres y mujeres para cumplir la obligación que su misma naturaleza les impone de buscar la verdad y adherirse a ella, ordenando luego toda la vida de acuerdo con las exigencias de dicha verdad.

Ese mismo patrimonio confiere una gran significación al papel que corresponde a India en la comunidad universal de las naciones. En el ámbito internacional se necesitan voces que hablen en favor de los Derechos Humanos, en favor de los derechos del hombre y de la mujer, dondequiera que se hallen, de los derechos vinculados tanto con su dimensión corporal como espiritual, de los derechos sin los que no pueden vivir en consonancia con su dignidad de seres humanos dotados de inteligencia y de voluntad, dotados de personalidad. Estos Derechos fundamentales son una condición para la paz, y quienes contribuyen a garantizar el respeto que se les debe son verdaderos constructores de la paz.

Pido a Dios que bendiga la labor que se está haciendo en India y por medio de India, en orden a capacitar a todos a fin de que puedan ejercitar de una manera más perfecta todas las posibilidades humanas. Le ruego también que conceda abundantemente sus favores a todo el pueblo de India y a quienes le sirven desde el Gobierno, en la diplomacia o de cualquier otra manera.


*L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, n. 4, p.16.

 



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