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Ad Exc.mum Virum Alexandrum Zorrilla de San Martín, Uruquariae apud Sedem Apostolicam constitutum Legatum.*

 

Señor Embajador:

Agradezco las amables palabras que me ha dirigido en este acto de presentación de las Cartas Credenciales que lo acreditan como Em-bajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Oriental del Uruguay ante la Santa Sede.

Deseo darle ahora mι más cordial bienvenιda a la vez que la aseguro mi benevolencia en el desarrollo de la alta misión que su Gobierno le ha confiado. A tal propósito, viene a mí recuerdo con viva compla­cencia la cortés visita que el Dr. Julio María Sanguιnettι tuvo a bien hacerme en fecha reciente. Le ruego transmita al Señor Presidente mis mejores deseos y votos por la prosperidad y bien espiritual de la querida Nación uruguaya.

Ha querido Usted aludir al supremo bien de la paz y a la contri­bución de la Santa Sede en la edificación de un orden más justo que haga de nuestro mundo un lugar más fraterno y acogedor. En efecto, la Iglesia se empeña en esta noble causa por un deber de fidelidad a su vocación de servicio a todos los pueblos según la misión de orden espiritual que le es propia, lo cual le permite llevar a cabo su minis­terio por encima de motivaciones terrenas o intereses particulares. Ala no estar ligada a ninguna forma particular de civilización humana ní a sistema alguno político, económico o social, la Iglesia, por esta su universalidad, puede constituir un vínculo estrechísimo entre las diferentes naciones y comunidades humanas con tal de que éstas tengan confianza en ella y reconozcan efectivamente su verdadera libertad para cumplir su misión n.'

En este sentido, la Sede Apostólica continuará apoyando toda iniciativa encaminada a promover el bien común y, por su parte, la Iglesia en Uruguay no ahorrará esfuerzos en el cumplimiento de su misión evangelizadora, asistencial y educativa.

En su empeño por la promoción integral del hombre y recordando que « la educación básica es el primer objetivo de un plan de Besa‑

 

* Die 25 m. Octobrís a. 1985.

' Cłπudiwm et spes, 42.

 

rrollo n,Z las instituciones eclesiales de enseñanza en Uruguay vienen dedicando amplios recursos de personal y medíos en todo el Pαίs y confían en la colaboración efectiva de todos los estamentos para poder continuar en su loable labor en favor de los más necesitados.

Una meta importante, alcanzada después de largos años, en el campo de la cultura es la Universidad Católica del Uruguay, en la

que están puestas tantas esperanzas con miras a potenciar, desde una

dimensión cristiana, el patrimonio cultural uruguayo para bien de toda la comunidad. Es tarea de lοs hijos de la Iglesia la evangeliza­ción de la cultura, de tal manera que la fe se encarne plenamente en la vida de los católicos orientados a hacerse presentes en el mundo de la cultura y en la sociedad ; a este respecto cabría mencionar el papel que ha tenido entre otros el Club Católico de Montevideo.

Hago votos fervientes para que en la nueva singladura de vida democrática, la acción de la Iglesia se haga presente cada vez más con una renovada vocación de servicio a todos los niveles, especialmente en favor de los más necesitados, contribuyendo así a la elevación del hombre uruguayo, a la tutela y promoción de los valores supremos y, en modo particular, a la defensa de la vida, incluída la del aún no nacido.

Señor Embajador, antes de concluir este encuentro deseo expresarle mis mejores deseos para que la misión que hoy inicia sea fecunda en frutos y éxitos. Quiera hacerse intérprete antes el Señor Presidente, su Gobierno, las Autoridades y el pueblo uruguayo del más deferente y cordial saludo del Papa.

Mientras reitero las seguridades de mí estima y apoyo, invoco sobre Vuestra Excelencia, sus familiares y todos lοs amadísimos hijos del Uruguay abundantes y escogidas gracias del Altísimo.

 

 

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