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VIAJE APOSTÓLICO A MÉXICO Y CURAÇAO

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA PRIMER MINISTRO Y A LOS MIEMBROS DEL GOBIERNO*

Palacio «Fort Amsterdam» de Willemstad (Antillas Holandesas)
Domingo 13 de mayo de 1990

 

Excelencia:

1. Mi primer sentimiento al llegar a las Antillas Holandesas es el de una gozosa gratitud a Dios Todopoderoso que ha hecho posible esta visita. Saludo en su persona a las autoridades y a toda la población de estas hermosas Islas.

He besado el suelo de Curaçao como signo de mi estima cordial y de amistad hacia todos los pueblos de esta región. Como Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, lo hago en homenaje a todos los que aquí han dado testimonio, con palabras, de verdad y hechos de amor, del poder del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Me llena de alegría pensar en el encuentro con los fieles católicos, especialmente en la celebración de la Eucaristía en que se reunirán con sus sacerdotes, con el obispo Ellis y con muchos otros obispos de la región caribeña.

2. Como peregrino junto al resto de la familia humana, que vive en un mundo que experimenta dramáticos cambios en lo social y en lo político, mi visita quiere ser expresión, ante usted y ante todos los hombres y mujeres de buena voluntad, de la profunda solidaridad de la Iglesia con los pueblos que están en vías de desarrollo. Los individuos y los pueblos aspiran todos a ser auténticamente libres. Buscan apoyo para pasar los obstáculos que se levantan en el camino de su completo desarrollo. Están dispuestos a responsabilizarse y a soportar mucho para conseguir un modo de vida más humano.

El verdadero reto planteado a las naciones en vías de desarrollo es, al mismo tiempo, espiritual y material. Este reto consiste en hacer posible que el sentido de la dignidad humana se desarrolle y florezca. Es la tarea de levantar en el entramado de la sociedad un profundo sentido de los Derechos Humanos y de las consiguientes responsabilidades personales y sociales de todos los ciudadanos. En una palabra, es el deber siempre presente de aceptar y tratar a todo ser humano según su propio valor como hijo amado del Creador.

3. Deseo animarle en esta grandiosa empresa. Y rezo a Dios Todopoderoso para que el pueblo de las Antillas Holandesas, con sabias directrices y esfuerzos generosos, constituya un lugar de bienestar para todos los habitantes de estas Islas.

Excelencia: gracias otra vez por su bienvenida.

4. Señora Primera Ministra, distinguidos miembros del Gobierno, Señoras y Señores: En el comienzo de mi visita pastoral a Curaçao, deseo saludarles a cada uno de ustedes y agradecerles el cálido recibimiento a estas Islas. Las Antillas Holandesas han sido bendecidas con una belleza natural que desde hace tiempo atrae a los visitantes de todo el mundo. Pero Dios las ha bendecido también con una rica variedad de razas y pueblos que se afanan juntos en construir una sociedad unida y armónica. Elevo una ferviente oración para que la paz que viene de Dios siga encontrando acogida en sus corazones, en sus familias y en todas las áreas de la vida social y ciudadana.

Señora Primera Ministra: le expreso mi profundo agradecimiento por tener esta oportunidad de venir a Curaçao y visitar al pueblo de las Antillas Holandesas. Mi presencia entre ustedes tiene lugar en un momento de especial significado: cuando el pueblo de América y de todo el mundo se prepara para conmemorar el V Centenario del primer viaje de Cristóbal Colón al Caribe. Deseo que esta visita del Papa a Curaçao ayude a recordar la inspiración que la fe cristiana proporcionó a los que, en medio de dificultades de todo tipo, buscaron afirmar la dignidad humana y establecen los cimientos de una sociedad justa y pacífica.

Aunque mi visita pastoral se dirige sobre todo a los católicos de la diócesis de Willemstad, deseo que todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sean cuales sean sus creencias religiosas, encuentren en mi breve estancia entre ustedes una ocasión de considerar el significado de estos valores religiosos y morales que son necesarios para el bienestar integral de los individuos y de las sociedades enteras. Estos valores han inspirado a generaciones de compatriotas suyos en su esfuerzo por forjar lazos de unidad y armonía entre pueblos y tradiciones dispares. En las próximas horas, al celebrar la Eucaristía y rezar con muchos de sus conciudadanos, elevaremos súplicas a Dios para que la fidelidad a estos mismos valores guíe siempre a su progreso como pueblo.

5. En la presente situación mundial, marcada por cambios en lo social y en lo político, ha venido a ser cada vez más evidente que las preocupaciones que configuran a las sociedades en su desarrollo no se pueden limitar al plan estrecho de los propios intereses locales o nacionales. En efecto, lo que se reclama de todos los pueblos en estos últimos años del siglo XX, es una solidaridad que abrace a toda la familia humana y a cada uno de sus miembros. Esta solidaridad es «la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos” (Sollicitudo rei socialis, n.38).

El cultivo de esta determinación en todos los ramos de la sociedad es uno de los grandes retos morales de nuestro tiempo y la clave para una efectiva colaboración de los individuos, grupos sociales y naciones para paliar las necesidades y aspiraciones de toda la raza humana. Sólo a través de un resuelto compromiso por el diálogo, la cooperación y el respeto a los principios de la moral podrá hacer frente su sociedad a los cada vez más complejos problemas de orden social, económico y político del momento presente. De este modo, las Antillas Holandesas pueden aportar su honesta contribución a otras muchas sociedades de todo el mundo que se encuentran ante desafíos similares y se esfuerzan por responder a ellos de un modo digno de sus mejores tradiciones.

Sobre este asunto desearía destacar el importante papel desempeñado por los educadores y sus instituciones educativas en el desarrollo de las sociedades. Los católicos de las Antillas Holandesas andan comprometidos desde hace tiempo en la obra educativa de la juventud, en el saber y la virtud. La Iglesia con toda justicia considera este apostolado como una contribución significativa a la vida de su pueblo, y se compromete con el Estado, de una manera constructiva, en favor de la educación de todos los ciudadanos.

6. Señoras y Señores: hace casi quinientos años el primer encuentro de los europeos con los pueblos de América señaló el comienzo de un nuevo capítulo de la historia de la Humanidad. En el momento actual, cuando hombres y mujeres de todo el mundo anhelan ardientemente el comienzo de una nueva era de paz y cooperación entre las naciones, les animo en sus esfuerzos por construir una sociedad marcada por la justicia y el respeto a la dignidad de todos.

Que Dios Todopoderoso derrame abundantemente sus bendiciones sobre ustedes y sobre todo el pueblo de Curaçao, de las Antillas Holandesas y de todo el Caribe.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española, n.21, p.6 (p.302).



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