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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE LETONIA
*

Jueves 17 de marzo de 1994

 

Señor Presidente:

1. Me alegra darle una cordial bienvenida con ocasión de la primera visita oficial de un Jefe de Estado de la querida Nación Letona a la Santa Sede. Juntamente con usted, saludo a su esposa y a los miembros de su séquito. Deseo expresarle mi sincera gratitud por este encuentro, que renueva en mí el recuerdo del viaje pastoral que realicé a Letonia el pasado mes de septiembre, en el marco de mi visita a las tres Repúblicas Bálticas.

Le doy nuevamente las gracias a usted, Señor Presidente, y a cuantos contribuyeron al éxito de ese histórico viaje. En este momento mi pensamiento se dirige a todo el pueblo de Letonia; aún llevo en mi corazón los múltiples testimonios de cordial hospitalidad que me brindaron en esa ocasión tan significativa e inolvidable.

Después del rígido invierno de la opresión y de la persecución totalitaria, que tantos sufrimientos produjo a su pueblo, pude entonces constatar personalmente los signos de una primavera rica en proyectos y esperanzas. Percibí la legítima satisfacción por haber reconquistado la libertad; observé cómo todos unidos estaban buscando la reconciliación civil; y admiré el esfuerzo común por reconstruir moral y materialmente el País.

Al entusiasmo de los primeros meses después de la proclamación de la independencia ha sucedido, como era de prever, el tiempo del esfuerzo realista y diario, para afrontar y resolver los numerosos problemas que van surgiendo en el campo político, social y económico. En la actualidad resulta necesaria la aportación unánime de todas las fuerzas vivas de la nación, para que emprenda resueltamente el camino de la auténtica recuperación económica y social. A esta obra de renovación, la Iglesia prestará, ciertamente, su colaboración activa.

Me complace, al respecto, Señor Presidente, repetirle hoy, en el clima tan cordial de nuestro encuentro, lo que le dije en el momento de mi despedida de la tierra de Letonia: «Los problemas económicos, políticos y sociales pueden encontrar en el Evangelio, gracias a la mediación de la Doctrina Social de la Iglesia, no desde luego, soluciones técnicas, sino principios claros que las inspiren, principios que también pueden compartir quienes no se consideran cristianos o creyentes» (L'Osservatore Romano, edición en Lengua española, 17 de septiembre de 1993, pág. 14).

2. La Santa Sede sigue con gran atención el camino que ha emprendido Letonia hacia un desarrollo que tenga en cuenta todas las dimensiones humanas y salvaguarde las exigencias más profundas de la dignidad de toda persona. Para vuestro País se trata de consolidar los resultados ya alcanzados a tan alto precio, defendiéndolos de los peligros que nacen de un falso concepto de libertad, de los falaces espejismos de un éxito efímero y de los perjudiciales atractivos de una fácil ganancia.

Aunque gran parte de las pruebas que ha sufrido en el pasado, durante muchos años, la Nación Letona, procedieron del régimen totalitario, hoy pueden aparecer nuevos peligros y acechanzas por la difusión de la mentalidad consumista y hedonista, orientada a valores ficticios, que, en definitiva, van en perjuicio del verdadero desarrollo integral del hombre y de la sociedad.

En el valiente camino de crecimiento social, económico y cultural, vuestra Nación no puede menos de acudir al gran patrimonio ideal que caracteriza sus orígenes, un patrimonio al que han contribuido los cristianos. El anuncio del Evangelio, que llegó a esas tierras en el siglo XII por medio de la obra misionera del gran monje Meinardo, ha marcado efectivamente la vida y la historia de 1os letones. La semilla de la verdad evangélica, sembrada en abundancia entonces, hoy, manifiesta sus efectos a través del generoso testimonio de numerosas comunidades cristianas, que se respetan mutuamente, y todas están comprometidas, de acuerdo con el deseo de Cristo, en la búsqueda de la comunión plena y efectiva.

De la misma forma que en el sombrío período de la opresión y del martirio nacional el Cristianismo actuó con gran fuerza moral, iluminando y sosteniendo los espíritus en la resistencia a los fuertes condicionamientos de la falta de libertad, a las molestias y a las cargas de la persecución, así ahora el Evangelio, aceptado y traducido en gestos concretos de vida cristiana, puede dar una aportación inestimable a la construcción de la actual Letonia, encaminada hacia metas de progreso solidario y de auténtica paz. Esta Letonia es sumamente necesaria para el bien de Europa. La Iglesia es consciente de ello y está decidida a defender su derecho a la existencia y al desarrollo.

3. Señor Presidente, es a la luz de todo esto que hoy deseo formularle a usted, representante de todo el amado pueblo letón, mis mejores deseos de serenidad y de éxito.

Quiera Dios que Letonia, gracias al leal esfuerzo de sus diversos componentes sociales, continúe con determinación y valentía por el camino de su reconstrucción social y moral, en plena armonía con la comunidad internacional.

Que Letonia logre un futuro de paz y solidaridad fraterna entre todos los pueblos europeos.

Señor Presidente, al tiempo que mi pensamiento va una vez más a los días de mi visita a su noble tierra, le agradezco nuevamente la cordial hospitalidad que me brindó en esa ocasión e invoco sobre la amada Nación Letona la protección de la Virgen, venerada especialmente en el Santuario de Aglona, que tuve la dicha de visitar .

Dios bendiga a toda la Nación que usted representa, y principalmente a los jóvenes y a las familias.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española, n.12, p.14.



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