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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A CUATRO NUEVOS EMBAJADORES ANTE LA SANTA SEDE
*

Sala del Consistorio
Viernes 4 de octubre de 1996

 

Excelencias:

Me alegra acogeros hoy y recibir las Cartas que os acreditan como Embajadores Extraordinarios y Plenipotenciarios de vuestros respectivos países: Japón, Egipto, China y Países Bajos. Quiero renovar la expresión de mi estima y amistad a las autoridades de vuestras naciones y a vuestros compatriotas. Os agradezco vivamente los mensajes cordiales que me habéis transmitido de parte de vuestros respectivos Jefes de Estado. Os ruego que, a vuestro regreso, les llevéis mis saludos deferentes y mis mejores deseos para ellos y para su alta misión al servicio de sus compatriotas.

En el mundo actual, más que nunca, vuestros pueblos son portadores de esperanza y de aspiraciones profundas, en particular, de la paz y el respeto a los derechos del hombre. De manera legítima, cada uno desea ser reconocido como persona, con su cultura y su vivencia espiritual específicas y, al mismo tiempo, como parte de un cuerpo social, en el que pueda ocupar el lugar que le corresponde. Conocéis el interés y el compromiso permanente de la Santa Sede en favor de una comprensión cada vez mayor entre los pueblos. La paz es el deseo de vivir juntos, para el bien de todos y, especialmente, de las generaciones jóvenes, a las que es necesario preparar un futuro mejor. Quienes hoy trabajan para educar a la juventud en la convicción de que todo hombre es nuestro hermano y que, por tanto, merece atención y respeto, construyen la paz. Con este espíritu, la vivencia de la fraternidad y de los valores humanos, cívicos, morales y espirituales es una contribución a la edificación de una civilización del amor, que todos necesitamos en el umbral del tercer milenio. Estoy seguro de que, como diplomáticos, sois particularmente sensibles ante este aspecto de la vida social.

Ahora que empezáis vuestra misión, os expreso mis mejores deseos e invoco la abundancia de las bendiciones divinas sobre vosotros, así como sobre vuestros familiares, vuestros colaboradores y las naciones que representáis. 


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española, n.41, p. 2 (p.526).



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