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PALABRAS DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS "PUERI CANTORES"



31 de diciembre de 1999

 

Queridos niños: 

Me alegra acogeros, junto con vuestras familias y numerosos representantes de la Federación internacional de los pueri cantores. Saludo a su presidente, señor Buys, así como a monseñor Valentín Miserachs, presidente del Instituto pontificio de música sacra. Vuestra presencia es para la Iglesia una exhortación a vivir el gran jubileo con cantos y acción de gracias.

1. Habéis venido de todo el mundo, pero aquí os sentís en vuestra casa, puesto que en Roma el Papa Gregorio Magno fundó la primera escuela de cantores especializados en el canto sacro. Por su impulso se creó un repertorio completo de música litúrgica. En toda Europa se abrieron por aquel entonces escuelas donde los niños de todas las condiciones podían aprender a cantar. En esas escuelas se inició la tradición musical de la Iglesia, tesoro inestimable del que vosotros sois hoy herederos y tenéis que conservarlo y transmitirlo como testigos fieles

2. Por tanto, desempeñáis un papel muy importante en la vida de la Iglesia. Sois los pequeños mensajeros de la belleza. El mundo necesita vuestro canto, ya que el lenguaje de la belleza llega a los corazones y contribuye al encuentro con Dios. La alegría que transmitís cuando cantáis debe irradiarse en vuestro entorno y suscitar un entusiasmo contagioso. Poned el mismo empeño en cantar bien que ponía el joven Mozart en hacer sus escalas musicales:  un día, siendo aún niño, le preguntaron:  "Pero ¿por qué haces tantos ejercicios?" y él respondió:  "Es que busco dos notas que se armonicen". Vosotros, que amáis la música, esmeraros por cantar cada vez mejor. El Evangelio penetrará más profundamente en vuestra alma y en la de las personas que ayudáis a rezar. Así, seréis mensajeros de la paz y del amor de Dios.

3. Vosotros sois también mensajeros de la fe. Porque no basta que, con la calidad de vuestro canto, llevéis a vuestro auditorio a la oración y al recogimiento. Dado que la música y el canto sacros son parte integrante de la liturgia de la Iglesia, vuestro canto ayuda a los fieles a elevarse a Dios, especialmente durante la celebración de la Eucaristía. Al cantar la gloria de Dios, sois servidores y valiosos auxiliares de la Eucaristía. "En el canto la fe se experimenta como exuberancia de alegría, de amor, de confiada espera en la intervención salvífica de Dios" (Carta a los artistas, 12). Que vuestro canto sea siempre nuevo, puesto que, cantando a Dios, cantáis la novedad de la gracia de Dios, fuente inagotable de alegría y paz. ¡Sí! "cantad al Señor un cántico nuevo" (Sal 96, 1).

4. Queridos "Niños cantores", que vuestro canto os ayude a hacer de toda vuestra vida un canto de alabanza a Dios. "Que cante a Dios quien vive para Dios" (san Agustín, Enn. in Ps 67, 5). Anunciad con vuestra voz, con vuestra juventud y con vuestra vida a Jesús, el Salvador.

Queridos niños, os animo a cantar para el Señor.
Os imparto a todos la bendición apostólica.



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