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Peregrinación Jubilar a Tierra Santa, 2000

SALUDO DEL PAPA JUAN PABLO II
AL PRESIDENTE DE ISRAEL EZER WEIZMAN*

Jueves 23 de marzo de 2000


Señor presidente;
ministros del Gobierno;
miembros de la Kneset; excelencias:
 

Le agradezco vivamente, señor presidente, la acogida que me ha dispensado en Israel. Ambos traemos a este encuentro largas historias. Usted representa la memoria judía, que va más allá de la historia reciente de esta tierra, hasta el viaje único de su pueblo a través de los siglos y los milenios. Vengo como una persona cuya memoria cristiana se remonta, a través de dos mil años, al nacimiento de Jesús en esta misma tierra.

La historia, como decían los antiguos, es Magistra vitae, maestra de vida. Por eso, debemos esforzarnos por curar las heridas del pasado, de forma que no se vuelvan a abrir. Debemos promover una nueva era de reconciliación y de paz entre los judíos y los cristianos. Mi visita constituye una prenda de que la Iglesia católica hará todo lo posible para garantizar que esto no sea sólo un sueño, sino también una realidad.

Sabemos que la paz verdadera en Oriente Medio sólo llegará como fruto del entendimiento recíproco y del respeto entre todos los pueblos de la región:  judíos, cristianos y musulmanes. Desde esta perspectiva, mi peregrinación es un viaje de esperanza:  la esperanza de que el siglo XXI lleve a una nueva solidaridad entre los pueblos del mundo, con la convicción de que el desarrollo, la justicia y la paz no se obtendrán si no se logran para todos.

Construir un futuro más luminoso para la familia humana es algo que nos afecta a todos. Por esto, me alegra saludaros a vosotros, ministros del Gobierno, miembros de la Kneset y representantes diplomáticos de muchos países, que debéis tomar y llevar a la práctica decisiones que influirán en la vida de los pueblos. Albergo la ferviente esperanza de que un auténtico anhelo de paz impulse todas vuestras decisiones. Orando por esta intención, invoco abundantes bendiciones divinas sobre usted, señor presidente, sobre su país y sobre todos vosotros, que me habéis honrado con vuestra presencia. Muchas gracias.

 


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.13 p.4 (p.148).

 



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