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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA COMUNIDAD DE LA ABADÍA DE HEILIGENKREUZ



Viernes 17 de mayo de 2002 

 

Reverendo abad Gregor;
egregio padre decano de la Escuela superior;
reverendos rectores de los seminarios sacerdotales;
queridos profesores y alumnos: 


1. Con gran alegría os doy la bienvenida al palacio apostólico. Habéis elegido el tiempo de la novena de Pentecostés para realizar esta peregrinación a Roma, a las tumbas de los Apóstoles y a la sede del Sucesor de Pedro, con ocasión del bicentenario de la Escuela superior de teología y filosofía de la Santa Cruz. Esta peregrinación, encabezada por el reverendísimo abad, no sólo refuerza la comunidad académica de los profesores y los estudiantes, sino que también expresa el fin último de vuestros estudios y de vuestros esfuerzos:  una comunión profunda e indestructible con Dios uno y trino en su santa Iglesia, aquí y ahora en la tierra, y después en la bienaventuranza del cielo.

2. Durante estos días de Pentecostés suplicamos:  "Veni, Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium; et tui amoris in eis ignem accende!".

Vuestra peregrinación jubilar está destinada a ser una importante piedra miliar en vuestro camino de comunidad de estudios teológicos:  ojalá que el espíritu de fidelidad al magisterio y a la tradición de la Iglesia, que la abadía de la Santa Cruz y vuestra escuela han mostrado desde su fundación, en 1802, experimente, gracias a la acción del Espíritu Santo, una renovación vital e impulse vuestro apostolado. Vuestro deseo más íntimo de recibir el "Espíritu de verdad" (Jn 16, 13), que fue también el de los discípulos reunidos con María, os abre a la gran tarea que os encomiendo vivamente a todos vosotros:  ser agentes entusiastas y estimulantes de la nueva evangelización de Europa.

3. Arraigada firmemente en la tradición espiritual de la Orden cisterciense, vuestra escuela afronta el desafío de una seria formación de los sacerdotes y los religiosos en nuestro tiempo. Por ello doy las gracias sinceramente al abad y a los monjes del monasterio de la Santa Cruz. Deseo de corazón que la Escuela superior de teología y filosofía de la Santa Cruz, y todos sus miembros, crezcan en la fe, en la esperanza y en la caridad. Con este fin, os encomiendo a vosotros, a vuestros seres queridos y a vuestros hermanos que han permanecido en el monasterio, a la intercesión de María, Magna Mater Austriae, de san Bernardo y de todos los santos de la Orden cisterciense, y de corazón imparto a todos mi bendición apostólica.

 



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