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CARTA DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
AL CARD. AMLETO GIOVANNI CICOGNANI,

LEGADO PARA EL CONGRESO CATEQUÍSTICO INTERAMERICANO
*

 

Estimado hijo nuestro
Amleto Giovanni, cardenal Cicognani,
salud y bendición apostólica.

Hace poco se Nos ha anunciado que al final de este año se celebrará en Dallas (Texas) una reunión de las dos Américas, sobre cuestiones catequísticas. Cuya importancia, en verdad, es de estimar, si se advierte que a esta reunión han sido llamados los obispos de Estados Unidos, Canadá y América latina, y los temas que allí se tratarán, por su naturaleza, se relacionan con la vida religiosa de muchos pueblos de los dos continentes, para iluminarla con aptas determinaciones y conspicuos consejos, según la inspiración divina, y para que resplandezca en mayor santidad de costumbres.

Con el fin de que esta reunión, debido a sus proporciones e importancia, sea más solemne, se nos ha pedido nombremos a alguno de los cardenales para que allí represente a nuestra persona. Accediendo a estos deseos, a ti, querido hijo nuestro, te nombramos legado para que presidas en nombre nuestro este Congreso catequístico, y como sabemos que estás dotado de grandes conocimientos sobre las materias que allí se tratarán, tenemos por cierto que cumplirás la tarea que le encargamos grave y dignamente y con gran provecho espiritual.

Como intérprete de nuestros pensamientos, notifica algunas de nuestras especiales ideas a todos los que en Dallas se reúnan.

Que todos los que tienen por oficio la enseñanza de la doctrina cristiana o lo hacen espontáneamente y de propia voluntad lo tengan como un verdadero título honorífico y estén persuadidos que están preparando con sus trabajos y preocupaciones una gran cosecha de méritos. Que mediten con frecuencia la importancia de su tarea, y la cumplan con gozo, con el fervor y el calor de la fe. Que estén unidos en íntima oración con Cristo, ya que son mensajeros de Cristo, y llevados por el amor humilde, que no confíen en la ciencia humana, sino en la gracia de Dios (Cfr. 1 Cor. 2, 4).

Finalmente, mediten en aquel estimable consejo de San Agustín: «La labor de los que enseñan es ayuda y consejo... El que enseña a los corazones tiene su cátedra en el cielo... Os lo advertimos: No hacemos nada aunque plantemos y reguemos con nuestras enseñanzas; pues el incremento lo da Dios, esto es, la unción que nos enseña todas las cosas» (S. Agustín., In Epist. Joannis, cap 2, Tratactus III, 13).

Como pregonero de nuestra persona, habla de estas cosas. Invocamos los auxilios de la Divina Gracia para que tu legación obtenga óptimos frutos. Para este fin, querido hijo nuestro, te otorgamos la bendición apostólico y por medio de ti a todos los que se reúnan de las dos Américas en el Congreso de Dallas.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 20 de marzo de 1961, tercero de nuestro pontificado.

JUAN PP. XXIII

 


* AAS 53 (1961) 8092-810.

 

 



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