Index   Back Top Print


CARTA DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
AL CARDENAL RICHARD CUSHING,
LEGADO PONTIFICIO AL CONGRESO EUCARÍSTICO
NACIONAL DE BOLIVIA
*

 

A nuestro querido hijo
Ricardo Jacobo Cushing,
Arzobispo de Boston

Querido hijo Nuestro:
Salud y Bendición Apostólica.

,Hemos recibirlo la alegre noticia de que en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra se prepara un Congreso Eucarístico Nacional Boliviano y que, para llevar a cabo tan grande empresa, junto con el clero y el pueblo, Mons. Rodríguez Pardo, su dignísimo Ordinario, se consagra a ella con gran celo.

Conociendo muy bien la respetuosa devoción y celo de los bolivianos hacia el Santísimo Sacramento del Altar, no dudamos de que el memorable acontecimiento se inscribirá verdaderamente con letras de oro en los anales de la Iglesia de Bolivia, responderá plenamente a las esperanzas y producirá saludables frutos.

Con objeto de que dicho Congreso resulte más solemne, se nos ha pedido enviemos a uno de los cardenales del Sacro Colegio para que nos represente. Accediendo con mucho gusto a estos deseos, querido hijo nuestro, le elegimos y nombramos para que en nuestro nombre y con nuestra autoridad presidas dicho Congreso Eucarístico. Estamos seguros de que tú, adornado con la sagrada púrpura y con egregias dotes de alma, cumplirás noble y magníficamente el honroso cometido. Por lo demás, no serás desconocido en Bolivia y en la diócesis de Santa Cruz de la Sierra, pues tu generosidad y previsión, con las que has socorrido y socorres las necesidades religiosas de esa región, harán, sin duda, que tu nombre sea alabado por boca de todos.

Así, pues, nos ha causado verdadera alegría y esperanza el tema propuesto y que se desarrollará en el Congreso Eucarístico: La unión de todos en Cristo. '¿Que hay más eficaz, más fuerte y firme para que los fieles se unan con Cristo. Cabeza del Cuerpo Místico, sino la devota recepción y culto del Santísimo Sacramento de la Eucaristía?

Pues el Verbo de Dios que con el Padre y el Espíritu Santo alimenta manifiestamente a los ángeles, oculto bajo las especies sacramentales de pan y vino, alimenta a los hombres en la tierra con un alimento nada común, antes al contrario, el Pan de vida eterna nos alimenta de modo especialísimo, cosa realmente admirable. "Soy alimento de los fuertes; crece y cómeme. Tú no me trasformarás en ti como el alimento corporal, sino que Yo te transformaré en Mí." (San Agustín, Confesiones VII, 10)

Por consiguiente, cuando la Iglesia se ofrece por el sacrificio eucarístico a Dios Padre juntamente con Cristo, Sacerdote y Víctima, le ofrece un don eterno de dignidad, adoración y alabanza infinitas, pues por medio del Sacramento Eucarístico los fieles reciben en sí mismos las virtudes que brillan esplendorosamente en el Divino Salvador lleno de gracia y de verdad, de cuya plenitud todos hemos recibido" (Io. 1, 14-16).

Resplandezcan, pues, en aquellos que frecuentan los divinos misterios, con un aumento de luz, la fe, la esperanza, misericordia, justicia, paz, inocencia, el pudor, la honradez, las buenas costumbres, el deseo de las cosas divinas y la caridad que es la cima y el coronamiento de todas las virtudes.

Pero por su naturaleza y fuerza propia, siempre ha sido causa de buenas costumbres de unidad y de concordia la caridad, que, brotando del Sacratísimo Corazón de Cristo, une a los hijos de la Iglesia con los lazos fraternos para que con derecho y razón sean la familia de Dios.

Por esto, lo que ardientemente pedimos es que, además de los otros frutos, se acreciente mediante el Congreso Eucarístico el celo por el amor recíproco entre los bolivianos. Nada tan divino para los hombres como hacer el bien y cumpliendo con la ley de Dios, "de quien procede toda paternidad en los cielos y en la tierra" (Eph. 3, 1,5), llamarse mutuamente hermanos y demostrarlo, llevando por guía la caridad y por compañera la justicia. Pues lo primero que exige la caridad es que se cumpla la justicia.

En efecto, son muchos los que viven mal alimentados, en viviendas miserables y padecen necesidad; asimismo, hay indios cuya condición y estado vemos con pena. ¡Cuán ardientemente deseamos y anhelamos que, al menos en parte, se mejore su situación! Por lo cual dense a conocer todas las decisiones que se tomen en ese fervorosísimo Congreso Eucarístico; deje tras sí también a las generaciones futuras el celo por la justicia social, frutos fecundos e ilustre recuerdo.

Formulando de corazón estos votos, a ti, querido hijo nuestro, al celoso obispo de Santa Cruz de la Sierra, así como a su activo obispo auxiliar, a las autoridades, obispos, sacerdotes y fieles participantes en el Congreso Eucarístico Nacional de Bolivia, la Comisión que con inteligencia y acierto lo ha preparado, en prenda de los divinos favores y como estímulo de ardiente devoción a la Santísima Eucaristía, Nuestra Bendición Apostólica.

En el Vaticano, día 4 de julio de 1961, tercer año de nuestro Pontificado.

IOANNES PP. XXIII

 


* AAS LIII (1961) 552- 554.

 

 



© Copyright - Libreria Editrice Vaticana