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FELICITACIÓN DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
A MONSEÑOR CARINCI EN EL CENTENARIO DE SU BAUTISMO

 

El fausto día en que cumplirás los cien años resplandecerá en ti, de una manera aún más fausta conmemorando el bautismo, por cuya regeneración naciste a Dios.

Se te ha concedido, venerable hermano, lo que a los mortales rara vez se les suele conceder, lo cual es motivo fecundo de gozo espiritual.

Pues "las canas son corona de dignidad que se hallará en los caminos de la justicia" (Prov. 16, 31), tal elogio y honor se te deben tributar justamente a ti. En efecto, serás tenido como ejemplo luminoso del Clero romano, lo mismo por las virtudes que te adornan como por el ingenio y diligencia con que has atendido a las graves tareas que se te han encomendado, durante muchísimo tiempo, sobre todo por la Sede Apostólica.

Estemos, por tanto, prestos, como dice San Jerónimo escribiendo a Pablo de Concordia, que tenía los mismos años que tú, "a celebrar con alabanzas tu vejez. Pues vas a cumplir los cien años, custodiando los preceptos del Señor y meditando en la felicidad de la vida futura durante todo el tiempo de la vida presente" (Epe. X, PL. XXII, 343). También es sabido que das abundantes gracias a Dios, Dador de todos los bienes, que te ha concedido una vida tan larga y te ha permitido recoger para ti y para los demás abundantes frutos.

Es de alabar en ti también el haber querido relacionar este aniversario con motivos piadosos, pues al presentarse esta ocasión has decidido poner en toda su luz la importancia del Bautismo cristiano. "El Bautismo es, de todos los Sacramentos, la base y la puerta por la cual se entra a la Iglesia y de la Iglesia se pasa al cielo" (San Lorenzo Justiniano, De perfectionis gradibus, 14).

Donde hace casi cien años recibiste tan gran Sacramento, en el templo romano de Santa María, en Campitelli, se celebrarán sagrados ritos debido a la encomiable iniciativa, por la que te has propuesto inducir al pueblo cristiano a un más profundo conocimiento y a una mayor estima del bautismo, con el fin de que esto ordene de una manera saludable la propia vida.

Sucede así que tú, venerable anciano, continúas ayudando al pueblo De Dios.

Nos es grato por esto a Nos, obispo de Roma, y, por designio de la Divina Providencia, también avanzado en años, manifestarte el sentimiento de nuestro corazón, al que le es grato congratularse, elevando al mismo tiempo oraciones insistentes a Dios, para que te llene de bienes celestiales y compense con paz y consolación las energías del cuerpo que te van faltando.

De todo esto sea augurio la bendición apostólica que impartimos de todo corazón a ti, venerable hermana, y a todos cuantos presencien la susodicha festividad.

Del Vaticano 11 de noviembre de 1961.

IOANNES PP. XXIII

 

 



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