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CARTA DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
AL CARDENAL ARZOBISPO DE TOKIO
EN EL XXV ANIVERSARIO DE SU CONSAGRACIÓN EPISCOPAL

 

A nuestro querido hijo
Pedro S. R. E., cardenal Tatsuo Doi,
arzobispo de Tokio.

Querido hijo, salud y bendición apostólica.

Aunque ningún momento y ninguna circunstancia quede libre de los beneficios de lo alto, y tengamos que dar gracias y acordarnos siempre de Dios, dador de todos los bienes, sin embargo, al conmemorar el aniversario de un acontecimiento solemne y dichoso, y porque al mirar hacia atrás nos aparece más patente la magnitud de los dones recibidos del cielo, es conveniente seguir con esforzado fervor el consejo del salmista sagrado: “Loaré el nombre del Señor con cánticos y lo engrandeceré con alabanzas” (Ps 68, 31).

Es obvio que tu corazón se llene de este emocionado gozo, ya que en breve celebrarás el XXV aniversario de la consagración episcopal y que invitarás a participar de tu santa alegría al clero y al pueblo que diriges. Sumándonos a este gozo, te manifestamos nuestros votos y felicitaciones, fruto de nuestra sincera benevolencia y confirmación de las oraciones que a Dios elevamos.

Nuestras súplicas van entrelazadas de acción de gracias. Pues siendo el primer japonés arzobispo de Tokio, siempre has aparecido ante nuestros ojos como un digno obispo, por tu afán religioso, la madurez de tu pensamiento y por la energía de tus actividades. Nos gozamos en honrarte —el primero de esta floreciente nación— con la Sagrada Púrpura Romana, debido a tus méritos, propios de un vigilante y activo pastor y de un insigne varón eclesiástico, y cuando te adscribimos al Sagrado Colegio Cardenalicio quisimos confesar que la Iglesia católica se enriquecía con este feliz acontecimiento, y abiertamente manifestar a tu ínclito pueblo que era digno de alabanza tu noble afán por el Evangelio de Cristo.

El campo del Señor que tú cultivas ofrece ya fecundos frutos y permite pensar en mayor abundancia con la ayuda de la gracia divina, que hace valer los esfuerzos humanos unidos y acordes en pro de la extensión del Reino de Cristo y de la realización de las grandes empresas.

Invocamos la presencia de los auxilios celestiales para ti y para los colaboradores de tus empresas y para todos los que esforzadamente se dedican a la obra del Evangelio en los confines de tu archidiócesis para que “alcancéis el pleno conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, a fin de que sigáis una conducta digna del Señor, puesta la mira en agradarle enteramente, fructificando en toda obra buena y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col 1, 9-10). La perfección está en el cumplimiento de la voluntad de Dios. También deseamos de todo corazón que se realicen felizmente tus saludables proyectos, especialmente que la nueva catedral, que pretendes edificar, eleve cuanto antes sus torres al cielo. Este monumento será para la posteridad un testimonio perdurable de tu piedad.

Con objeto de que resulte más saludable el XXV aniversario de tu consagración episcopal, te concedemos la facultad de que el día que desees bendigas a los fieles presentes, en nuestro nombre y con nuestra autoridad, concediendo la acostumbrada indulgencia plenaria.

Solamente nos resta impartir afectuosamente nuestra bendición apostólica, a ti, querido hijo nuestro, y a toda la grey encomendada a tus cuidados.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 20 de enero del año de 1963, quinto de nuestro pontificado.

JUAN PP. XXIII



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