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MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
A LA ASAMBLEA DE "PAX ROMANA",
CELEBRADA EN MANILA DEL 26-XII-59 AL 9-I-60
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Queridos hijos de " Paz Romana" reunidos en Manila en torno a nuestro Nuncio Apostólico y nuestro querido y venerable hermano el Arzobispo monseñor Rufino J. Santos. Queremos por medio de este mensaje no sólo haceros llegar nuestro saludo y felicitación paternal, nuestros fervientes votos por el éxito de ese encuentro y nuestros más vivos alientos, sino también expresaros la profunda alegría del Padre común sabiendo que vuestras reuniones se celebran por primera vez en Asia; porque es una buena cosa que los pensadores cristianos estudien el Evangelio en medio de poblaciones donde son muchos los que todavía lo ignoran: así se van a suceder la interfederal del Movimiento Internacional de los Estudiantes, un encuentro de Consiliarios encargados de la asistencia espiritual de los Estudiantes y de los Intelectuales de los asiáticos y, por último, la primera Reunión Internacional de los Intelectuales Católicos de Asia.

El tema que os será propuesto —"La responsabilidad social del Estudiante y del Intelectual católico"— nos sugiere algunas reflexiones que encuadran bien en la vía ya trazada repetidas veces por Pío XII, de venerable memoria:

Pequeño rebaño diseminado entre culturas seculares que no ha penetrado aún en la luz cristiana, nolite timere (Lc 12,32) . No dudéis, sino tened confianza; estad seguros y orgullosos de que Cristo os ha escogido para ser sus testigos usque ad ultimum terrae (Hch 1,8). Para ser dignos de este llamamiento tened ante todo la preocupación de una vida profundamente cristiana, velad cuidadosamente por adquirir una verdadera formación religiosa a tono con vuestra cultura profana, en perfecta conformidad con las grandes enseñanzas de la Iglesia; ganaos el respeto, la confianza e incluso la amistad de vuestros semejantes por vuestra competencia y vuestras cualidades morales y profesionales, con una fe católica firme y protegida contra todo viento de falsa doctrina; trabajad con celo según los medios que os son propios para hacerles conocer el dulce mensaje de Jesús; por último, ante el rápido desarrollo económico de vuestras patrias, no dejéis, sobre todo, de estudiar la doctrina social católica y difundirla en torno vuestro. Esa doctrina posee, en efecto, los elementos que permiten resolver, dentro del respeto a la persona humana, los problemas sociales y económicos tan a menudo debatidos en nuestros días. Mezclados así estrechamente en la vida pública y social de vuestros compatriotas, brillaréis en ella con la pura luz del cristianismo y ésta facilitará el desarrollo armonioso de los países en que vivís. Esto será hacer una gran obra de misericordia.

He aquí, además, otro tema de reflexión: El catolicismo, por su naturaleza, es universal, mundial. El Evangelio ha informado felizmente, a lo largo de los siglos, comenzando por el Próximo Oriente, formas vivas de cultura que no dejan de aportar puros valores religiosos, morales e intelectuales de los que sería un gran daño privarles. Y a vosotros toca hoy en gran parte la importante tarea de traducir este mensaje de verdad y de amor en formas apropiadas al alma oriental; sabed que Nos consideramos muy importante este trabajo para el porvenir del catolicismo.

En la seguridad de que haréis vuestras estas consideraciones de nuestra solicitud pastoral y de que contribuiréis ampliamente también a hacer resplandecer la juventud fecunda de la Iglesia y a ganar para ella numerosos hijos en los diversos países de Asia, invocamos gustosos sobre vuestra asamblea de Manila y sobre cada una de vuestras naciones respectivas una amplia efusión de gracias, en prenda de las cuales os otorgamos de todo corazón, queridos hijos, una paternalísima bendición Apostólica.

Del Vaticano, 8 de diciembre de1959.

IOANNES PP. XXIII


* AAS 52 (1960) 96-98



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