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RADIOMENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
A LOS VENECIANOS EN EL 50 ANIVERSARIO DE LA RECONSTRUCCIÓN
DEL CAMPANIL DE SAN MARCOS
*

Miércoles 25 de abril de 1962

 

Queridos hijos de Venecia:

En la tarde de la festividad de hoy, San Marcos, os manifestamos nuestro paternal y alegre saludo, como viendo reflejada en vuestros rostros la alegría, mientras escucháis nuestras palabras, que se difunden a través de la encantadora plaza, y os renuevan el testimonio de sentimiento de gratitud y estima que tan bien conocéis.

Esta mañana, cuando las campanas de San Pedro del Vaticano daban la hora del Ángelus, nos pareció volver, durante un momento, a los salones del Patriarcado, desde donde con frecuencia se dirigía la mirada hacia aquel ángel de oro que, restaurado, Nos mismos bendecimos el 14 de mayo de 1955, subiendo hasta arriba, muy cerca de él sobre la cúspide del campanil.

¡Cuántos recuerdos y qué edificantes e imborrables impresiones de las seis fiestas anuales de San Marcos celebradas entre vosotros!

Vuestra religiosa piedad y el júbilo motivan hoy un más encendido fervor debido a la amable coincidencia del cincuenta aniversario de la reconstrucción del campanil, ornamento preclaro de la Basílica de Oro.

Podéis alegraros en el Señor, queridos hijos de Venecia, y llenaros de serena confianza por el presente y por el porvenir. Acoged también la invitación, que el sonido festivo de las campanas difunde y penetra por todas partes, con la intención consciente y generosa de continuar las tradiciones religiosas y civiles, culturales y sociales, adquiridas como preciosa herencia de vuestros padres. De esta manera, a la justa exaltación de un pasado rico en gloria, se añadirá, con la misma fe y la misma concorde laboriosidad, una era también fecunda y benéfica en todos los sectores de vuestra vida individual familiar y colectiva. Tal concierto de propósitos y actividades responda, como un eco, a los vibrantes y melodiosos acentos que descienden de la Torre de San Marcos, llamando a la oración, al ejercicio de la virtud, a la fraternal colaboración, al incesante deseo por el bien, a fin de que "estén allí fijos los corazones, en donde se encuentran los gozos verdaderos",

Se Nos hace agradable, a Nos que recibimos de San Pío X en 1953 la herencia de Venecia, y luego en 1958 entramos, como él, en la sucesión de San Pedro, el recordar su sentimiento de participación en las vicisitudes de la reconstrucción del campanil y en su inauguración.

Si, sí, también a nosotros, hasta que el Señor Nos conceda la vida, Nos parecerá participar siempre —os lo decimos con las palabras mismas de San Pío X— en la alegría "de las jubilosas campanadas de las fiestas solemnes, en los toques tradicionales de la medianoche, de las horas matinales y de las del trabajo y en el contemplar aquel ángel dorado, que mira al mar y protegerá siempre a Venecia". Evocar este trato de benevolencia y solicitud del Santo Pontífice Pío X, hacia Venecia, a quien el nombre, la estancia y el misterio pastoral dieron tanto esplendor, y asociar a los recuerdos del pasado nuestra presencia entre vosotros para la festividad de hoy, por medio de nuestra voz y con la ternura de nuestro corazón se dirige como auspicio, del cielo y de la tierra, a esta selecta porción de la Santa Iglesia, que constituye la grey tan dócil y amable para nuestros cuidados pastorales y que permanece especialmente familiar y querida por Nos.

Mientras Nos paramos a contemplar en espíritu la basílica y la plaza de San Marcos, se eleva ardiente de nuestro corazón juntamente con el auspicio el deseo de que Venecia católica continúe viviendo fiel a la memoria del celestial patrono, que avance en la luz del Evangelio por él enseñado "con la palabra y el ejemplo", confiando en el poder de su intercesión y protección. Sobre este augurio, inspirado en el "Paz a ti, Marcos, evangelista mío", como prenda de paz, prosperidad y alegría para todos, ponemos el sello de la bendición apostólica que concedemos al dilectísimo cardenal patriarca, a las autoridades, a todo el pueblo de las Tres Venecias, que siempre, siempre con tanto afecto, recordamos y a cuantos están hoy a la escucha, en propiciación de copiosas gracias celestiales y de delicadas consolaciones.

 


* Discorsi Messaggi Colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII, vol. IV, pp. 234-236.

 

 



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