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 DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
A LOS MIEMBROS DEL COMITÉ DE SALUD PÚBLICA
DE LA UNIÓN EUROPEA OCCIDENTAL
*

 Martes 12 de abril de 1960

 

Nos sentimos gozosos de acoger en el Vaticano a los miembros del Comité de Salud Pública de la Unión Europea Occidental, llegados a Roma para celebrar aquí su X Sesión de Estudios.

Todo lo que tiende a aproximar a los hombres, a hacerles colaborar por el bien de sus hermanos es particularmente digno de respeto y de aliento. Y, a Dios gracias, las uniones nacionales e internacionales —es uno de los aspectos más consoladores del mundo de hoy— se han multiplicado en los años que han seguido al fin de la segunda guerra mundial. Así es como, en el marco de Europa, cinco, y después siete naciones se han asociado para tareas que no son únicamente de orden político y militar sino también, como lo prueba la existencia de vuestro Comité, de orden humanitario y bienhechor; razón por la que Iglesia se ha interesado muy especialmente. Ella considera, en efecto, que uno de los mejores medios para asegurar una paz sólida y duradera entre los hombres es la de que éstos colaboren en tareas positivas que interesan a su verdadero bienestar.

¿No es esto precisamente lo que se esfuerza por conseguir vuestro Comité en el que hombres calificados se encuentran periódicamente para estudiar en común los problemas de una gran trascendencia social y humana? Vosotros os habéis ocupado, entre otros, del problema de la protección de la población civil para el caso (nefasto y odiado de todos, de ello estamos seguros) de una nueva guerra; y también de las cuestiones que plantean la profilaxis de los emigrantes, el control de los productos alimenticios, estandarización del material médico-quirúrgico.

En el orden del día del Comité figuran actualmente otros problemas más graves todavía, desde cierto punto de vista, como el del cáncer y el de la poliomielitis. Es fácil comprender todo el interés que presenta el estudio en común de estos problemas por expertos de todos los países de la Unión y los benéficos efectos que pueden de ello resultar para la salud de los miembros de esa vasta asamblea humana que constituye la comunidad de la Europa Occidental.

Nos ha impresionado que hayáis querido interrumpir un instante vuestras sesiones de estudios para venir a vernos; este detalle os honra porque es un homenaje rendido al primado de los valores espirituales y atestigua vuestra fe en la necesidad de la asistencia divina, sin la cual nada de bueno y duradero se consigue aquí abajo.

De todo corazón invocamos sobre vuestros trabajos y os otorgamos a todos, en prenda de nuestra paternal benevolencia, la Bendición Apostólica.


* AAS 52 (1960) 352-353.

 



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