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DISCURSO DEL PAPA JUAN XXIII
AL CONGRESO INTERNACIONAL DE OBSTETRICIA

Domingo 9 de octubre de 1960

 

Nos complace sobremanera desearos hoy la bienvenida, señoras, que habéis venido de todo el mundo a participar en el Congreso internacional de Matronas. Siempre abrimos de todo corazón de par en par las puertas de nuestra casa a los numerosos congresistas que vienen a buscar durante sus trabajos una palabra de aliento y de bendición cerca del humilde Vicario de Jesucristo. Pero queremos acogeros con una especial benevolencia, señoras, cuya hermosa vocación es ayudar a las madres en esta obra admirable que es el don de la vida.

Facilitar al niño un feliz nacimiento y prodigar todos vuestros desvelos a la madre es el objeto de vuestra profesión, lo que constituye su belleza y grandeza a la luz amable y dulce de la caridad.

Pues esta es la tarea que habéis escogido y que cada día realizáis un poco mejor con ayuda del Todopoderoso. Para ello os es indispensable adquirir una seria formación profesional. Y el programa de vuestro Congreso demuestra que os preocupáis también muy acertadamente de tener en cuenta en el ejercicio de vuestra profesión la evolución del mundo moderno y su influencia sobre las madres que tenéis que asistir: prensa, radio, cine, televisión, fenómenos de industrialización y de urbanismo, progresos técnicos que dejan cada vez más honda huella en la mentalidad contemporánea y que con razón os interesáis en conocer para encauzar en ciertos casos, si no su desarrollo, al menos su utilización racional. Toda esta formación profesional es indispensable para cumplir bien vuestra tarea.

Pero no menos necesarias os son asimismo la formación moral, el respeto de los valores espirituales, la justa apreciación de las situaciones con relación al destino humano y sobrenatural del hombre, cualidades que, unidas a vuestros conocimientos técnicos y a vuestra habilidad práctica, os permitirán ejercer la más favorable influencia en el marco de vuestra profesión.

Que Dios bendiga también vuestro trabajo, que os conceda abundantemente sus luces durante este Congreso es nuestro deseo, y la oración que dirigimos al Todopoderoso cuyas abundantes y divinas bendiciones invocamos sobre vosotros, en prenda de las cuales os impartimos de todo corazón una copiosa Bendición Apostólica.

 

 


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