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PALABRAS DEL PAPA JUAN XXIII
A LOS TRABAJADORES DE ROMA
*

Plaza de San Pedro
Sábado 31 de diciembre de 1960

 

Queridos hijos trabajadores, es para Nos un gran gozo reservaros este encuentro vespertino de fin de año. En especial por la hora en que tiene lugar y por el ambiente siempre sugestivo —de día y de noche— de la plaza de San Pedro, y por la emoción de vuestros corazones que sentimos unidos al nuestro.

Gracias por haber venido a saludarnos y cómo a coronar las numerosas audiencias de estos doce meses transcurridos, que el Señor ha colmado de su gracia y celestiales consuelos.

En los días de Navidad hemos reiterado muchas veces nuestra felicitación de Padre y pastor con palabras sencillas y emocionadas. Y ahora recibimos la prueba de la buena acogida que nuestra felicitación ha tenido en el mundo.

También la última palabra de esta tarde está llena de esperanza: El servicio de las almas ignora el descanso, no sufre demora, abraza a todos. En las últimas semanas de 1960 invitamos a los hombres a contemplar en la Gruta de Belén la estrella de la verdad. Hemos considerado obligación nuestra volver sobre el tema. Y no nos cansaremos de repetirlo mientras tengamos vida y voz: Veritas et pax in diebus nostris, verdad y paz en el transcurso de nuestros días.

También os comunicamos a vosotros, que sabéis comprendernos, esta constante preocupación de nuestro corazón. Que sepáis recibirla como saludo y augurio para el nuevo año. Os lo decimos con sincera simpatía, inclinados como somos por naturaleza y formación sacerdotal a dirigirnos confiados no sólo a los más altos representantes de las naciones, sino, ante todo, a todos los que en el mundo entero forman la trama esencial de la sociedad: padres e hijos, trabajadores de toda condición, los humildes y los que sufren.

El primer acuerdo en las grandes empresas, la unión más elevada de los pueblos, se halla en esta convergencia de valores humanos y cristianos: verdad y paz. Vosotros, queridos hijos, queréis ser como los heraldos de un futuro de mayor serenidad, de más ordenada convivencia y colaboración fraterna entre las clases sociales.

Veritas et pax en todos los momentos del nuevo año, en todos los ambientes y manifestaciones de la vida, como expresión de absoluta sinceridad en las palabras, trato y relaciones mutuas.

Que Dios nos oiga así como tomamos de Él inspiración y voz para derramar sobre vuestras personas y familias, sobre las asociaciones sociales y asistenciales, sobre los propósitos y angustias de cada uno la Bendición Apostólica, presagio de un cristiano y sereno 1961.

 


* Discorsi, messaggi, colloqui, vol. III, págs. 111-112.

 

 



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