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ALOCUCIÓN DEL PAPA JUAN XXIII
A LOS PARTICIPANTES EN EL XVI "RALLYE"
INTERNACIONAL DE LA POLICÍA
*

Castelgandolfo
Viernes 8 de septiembre de 1961

 

Señores:

Nos es muy grato recibirles en nuestra residencia de Castelgandolfo donde habéis manifestadlo el deseo de visitarnos con ocasión del XVI "Rallye" Internacional de la Policía.

No podemos por menos de alegrarnos al ver multiplicarse los encuentros semejantes al vuestro que reúnen, durante algunos días de actividades comunes, a hombres procedentes de diversos países y también de diferentes horizontes, pero a quienes anima la misma conciencia profesional y la misma preocupación de cumplir su cometido lo mejor posible en la colaboración y simpatía recíprocas.

Sí, desgraciadamente, la incomprensión entre los hombres es a veces causa de angustia; en cambio, es muy consolador ver afirmarse en todos los hombres de buena voluntad el deseo, cada vez más vivo, de conocerse mejor para trabajar juntos, cada uno en su puesto, pero de modo armonioso en la convivencia pacífica de las personas y en "la tranquilidad del orden" en la sociedad. Los viajes que se hacen más frecuentes de año en año llevan, por otra parte, a unos y otros a establecer contactos cada vez más numerosos con personas de otras nacionalidades, que tienen con frecuencia usos, costumbres y comportamientos particulares.

Vosotros mismos, señores, tenéis una larga experiencia de estos provechosos encuentros entre ciudadanos de diversos países que os procuran la ocasión de cambiar ideas sobre vuestro trabajo y ampliar vuestra experiencia. Nunca os alabaremos lo suficiente por ello. Puesto que estáis al servicio de vuestros hermanos, es conveniente que, por medio de encuentros amistosos con vuestros colegas extranjeros, os familiaricéis cada vez más con mentalidades y maneras de obrar que no son las de vuestro propio país, lo cual os permitirá que, una vez hayáis regresarlo a vuestra patria cumpláis mejor vuestro servicio en favor de todos, sea cual fuere su nacionalidad de origen.

Pues vuestra profesión es un noble servicio prestado a todos los hombres a quienes ayudáis a vivir en el orden, la seguridad y la paz civil. Es ésta una pesada tarea que exige en los que están encargados de ella grandes cualidades morales, especialmente la dedicación y abnegación de sí mismos para triunfo del bien común.

Que el Señor os ayude a cumplir esta misión que se os ha confiado y que seáis, señores, como es vuestro deber, buenos servidores de la comunidad humana y artífices de la paz en la sociedad. Este es el deseo más querido que formulamos do todo corazón ante Dios. Y le pedimos que os conceda a vosotros y a vuestras familias, en prenda de la abundancia de los divinos favores, una copiosa Bendición Apostólica.

 


* Discorsi, messaggi, colloqui, vol. III, págs. 400-401.

 

 



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